La bioluminiscencia

Cómo y por qué producen luz las luciérnagas, las medusas, los peces del fondo del mar y algunos hongos. La química de la luz fría y para qué la usa cada uno.

4 min
Editar

La bioluminiscencia es la luz que producen los seres vivos. La luciérnaga en una noche de verano, las olas que brillan de azul al romper, la medusa que se encienden al tocarla, el pez de las profundidades con una linterna colgando de la frente, el hongo que alumbra un tronco podrido en el bosque. No es reflejo ni fosforescencia: es luz fabricada por una reacción química dentro del animal, luz fría, sin casi calor, y la evolución la ha inventado por separado unas cuarenta veces. En el mar es lo normal: tres de cada cuatro animales de las aguas profundas producen luz.

La química es siempre la misma en su esquema y distinta en sus detalles. Una molécula llamada luciferina se combina con oxígeno gracias a una enzima, la luciferasa, y la energía que se libera sale en forma de un fotón en vez de calor. Cada grupo tiene su propia luciferina y su propia luciferasa, y por eso se sabe que lo han inventado por separado. La de la luciérnaga gasta ATP, y es tan eficiente que casi el cien por cien de la energía se convierte en luz, frente al diez por ciento de una bombilla de filamento. La del mar, que comparten desde los crustáceos hasta los peces, la fabrican en gran parte unos pocos animales y la demás la obtienen comiéndosela. Y algunos no fabrican nada: llevan dentro bacterias luminosas, en bolsas con un espejo y una tapa, como el pez linterna, que las apaga tapándolas.

El color depende de dónde se vive. En el mar casi todo es azul, porque es la luz que más lejos llega en el agua y la que ven los ojos de los animales marinos. En tierra es verde o amarillo, el color al que los ojos de los insectos son más sensibles de noche. Hay peces del fondo que emiten luz roja, que casi nadie más puede ver, y con ella iluminan a sus presas sin que estas se enteren, como con unas gafas de visión nocturna.

Para qué sirve es una lista de oficios. La luciérnaga la usa para encontrar pareja: cada especie tiene su propio código de destellos, el macho vuela lanzando el suyo y la hembra responde desde la hierba con un retraso exacto; y una hembra de otro género imita la respuesta de las demás especies para atraer a sus machos y comérselos. Los peces de las profundidades cuelgan un cebo luminoso delante de la boca. Muchos animales pequeños del mar, al ser atacados, sueltan una nube de luz que deslumbra al depredador y llama a otros más grandes, como una alarma antirrobo. El calamar y muchos peces de aguas medias tienen luces en el vientre que igualan la débil luz que baja de la superficie, de modo que vistos desde abajo no dejan silueta. Y los dinoflagelados, que hacen brillar las olas, se encienden al ser agitados, quizá para que se vea al pez que los come.

Fue una medusa la que dio a la biología una de sus herramientas más usadas. Osamu Shimomura pasó veinte veranos en el estado de Washington recogiendo medusas Aequorea con una red, cientos de miles, para aislar en 1962 la proteína que las hacía brillar. Encontró dos: una que emite luz azul al unirse al calcio, y otra que recoge ese azul y lo devuelve en verde, la proteína verde fluorescente. En 1994 Martin Chalfie metió el gen de esa proteína en un gusano y el gusano brilló en verde bajo la luz ultravioleta; desde entonces se pega a cualquier gen que se quiera seguir y se ve, en la célula viva, dónde está y cuándo se enciende. Shimomura, Chalfie y Roger Tsien, que la hizo de todos los colores, recibieron el Nobel de 2008. La luciferasa de la luciérnaga se usa igual: si hay luz, hay ATP, y por tanto vida.

En la tierra, la luz viva es rara y está en retroceso. Las luciérnagas desaparecen de los campos de Europa y América por la luz artificial, que apaga su código, y por los pesticidas y la pérdida de prados húmedos. En el mar sigue siendo el modo de vida más común del mayor hábitat del planeta, y casi todo lo que se sabe de él se ha aprendido en los últimos treinta años, desde sumergibles que apagan las luces.

El plancton – Las enzimas – El ATP – Los ecosistemas acuáticos – La comunicación animal

§

Fuentes

  1. Osamu Shimomura, Frank H. Johnson y Yo SaigaExtraction, Purification and Properties of Aequorin, a Bioluminescent Protein from the Luminous Hydromedusan, AequoreaJournal of Cellular and Comparative Physiology 59 (3)1962enlace
  2. Steven H. D. Haddock, Mark A. Moline y James F. CaseBioluminescence in the SeaAnnual Review of Marine Science 22010enlace
  3. Thérèse Wilson y J. Woodland HastingsBioluminescence: Living Lights, Lights for LivingHarvard University Press, Cambridge2013
Laura I Telleria (2025). "La bioluminiscencia". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-bioluminiscencia/

Una errata, un dato desfasado, un párrafo que falta: edítalo y la redacción revisa tu propuesta.

Sugerir una mejora →