Los seres vivos son, sobre todo, agua. Una persona es agua en dos tercios de su peso, una medusa en un 95 por ciento, una lechuga en más del 90. Casi toda la química de la vida ocurre disuelta en agua, y hasta hoy no se conoce ningún ser vivo que pueda pasar sin ella de forma activa: los que aguantan la sequía, las semillas, las esporas, algunos animales diminutos, lo hacen deteniéndose casi del todo y esperando a que vuelva. Cuando se busca vida fuera de la Tierra, lo primero que se busca es agua líquida.
No es una molécula cualquiera. Está hecha de un oxígeno y dos hidrógenos colocados en ángulo, y el oxígeno tira de los electrones hacia sí, de modo que la molécula tiene un lado un poco negativo y otro un poco positivo. Eso hace que las moléculas de agua se agarren unas a otras por puentes de hidrógeno, débiles pero muchísimos, y de ahí salen casi todas sus rarezas. Es líquida a las temperaturas en que otras moléculas de su tamaño son gases. Tarda mucho en calentarse y en enfriarse, lo que mantiene estables el mar, el clima y la temperatura de un cuerpo. Se lleva mucho calor al evaporarse, y por eso sudar enfría. Y al helarse se expande y flota, así que el hielo aísla el agua de debajo en vez de hundirse y congelar un lago desde el fondo.
Para la célula lo primero es que disuelve. Las sales, los azúcares, los aminoácidos, los ácidos nucleicos, todo lo que tiene carga o zonas polares se rodea de moléculas de agua y se disuelve, y disuelto puede moverse, chocar y reaccionar. Lo que no se disuelve, las grasas, se agrupa apartado del agua, y así se forman solas las membranas. Las proteínas se pliegan escondiendo sus partes grasas hacia dentro y dejando las polares fuera; sin agua alrededor no tendrían forma. En cierto sentido, el agua no es el escenario de la vida sino un actor más.
El agua también participa en las reacciones. Digerir es romper con agua: el almidón, las grasas y las proteínas se separan en sus piezas añadiendo una molécula de agua en cada corte, la hidrólisis, y se construyen quitándola. La fotosíntesis parte el agua y de ahí sale el oxígeno que respiramos; la respiración celular la vuelve a formar al final. Y es el medio de transporte: la sangre es agua con cosas, la savia es agua con cosas, y una secuoya sube al día cientos de litros desde la raíz hasta cien metros de altura sin bomba alguna, tirando del agua por su propia cohesión.
Por eso la cantidad de agua se vigila tanto. Una persona pierde al día dos litros y medio entre orina, sudor y aliento, y los repone comiendo y bebiendo; con un dos por ciento de pérdida se tiene sed, con un diez se está en peligro. Los riñones ajustan cuánta se elimina, y una hormona del cerebro les da la orden. Los animales del desierto son maestros en no perderla: la rata canguro no bebe nunca, saca el agua de las semillas y de su propio metabolismo, y su orina es casi pasta.
La vida empezó en el agua y tardó tres mil millones de años en salir. Los que salieron se llevaron el agua consigo: cada célula de un cuerpo sigue viviendo en un mar interior, con una concentración de sales parecida a la del océano antiguo, mantenido a costa de mucho esfuerzo. Lawrence Henderson escribió en 1913 que el agua parecía hecha a medida para la vida; la explicación más sencilla es al revés, que la vida se hizo a medida del agua, porque no había otra cosa.
El transporte a través de la membrana – El ciclo del agua – Los riñones y la excreción – La homeostasis – El origen de la vida
Fuentes
- Philip BallH2O: A Biography of WaterWeidenfeld & Nicolson, Londres1999
- Martin ChaplinDo we underestimate the importance of water in cell biology?Nature Reviews Molecular Cell Biology 72006enlace
- Lawrence J. HendersonThe Fitness of the EnvironmentMacmillan, Nueva York1913