La vacuna de Jenner

En 1796 un médico rural inoculó a un niño con pus de una ordeñadora y lo protegió de la viruela. Cómo nació la vacuna y cómo llegó a todo el mundo.

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La vacuna de Jenner es el procedimiento con el que el médico inglés Edward Jenner demostró en 1796 que la viruela de las vacas, una enfermedad leve, protegía a las personas contra la viruela humana, una de las más mortíferas de la historia. Inoculó a un niño de ocho años con el pus de una lesión de una ordeñadora y, semanas después, comprobó que el niño no enfermaba al exponerlo a la viruela. De la palabra latina vacca viene «vacuna», y de aquel experimento, casi dos siglos después, la primera enfermedad humana erradicada del planeta.

Para entender la importancia del hallazgo hay que recordar qué era la viruela. Se transmitía de persona a persona, causaba fiebre alta y unas pústulas por todo el cuerpo, y mataba a cerca de un tercio de los enfermos. Los que sobrevivían quedaban a menudo con la cara marcada de cicatrices o ciegos. En el siglo XVIII se calcula que mataba a unos 400.000 europeos al año, sin distinguir clases: murieron de viruela reyes, como Luis XV de Francia, y la enfermedad cambió la línea de sucesión de varias monarquías. En América, desde la llegada de los europeos, había diezmado a las poblaciones indígenas.

Ya existía una forma de protección, peligrosa pero eficaz: la variolización. Consistía en introducir en un pequeño corte de la piel material de las pústulas de un enfermo de viruela leve. La persona solía pasar una viruela más suave y quedaba inmune para siempre, aunque a veces moría o contagiaba a otros. La técnica se practicaba desde hacía siglos en China, la India y el Imperio otomano, y la introdujo en Inglaterra en 1721 lady Mary Wortley Montagu, esposa del embajador británico en Constantinopla, que había hecho variolizar a sus hijos. Jenner, de niño, había pasado por ella.

Retrato al óleo de un hombre de mediana edad con chaqueta oscura y pañuelo blanco al cuello, sentado junto a una mesa, con la cabeza apoyada en la mano
Fig. 1 Edward Jenner pintado por James Northcote en 1803, cuando su vacuna ya se extendía por Europa. Era médico rural en Berkeley, en Gloucestershire, y naturalista aficionado.James Northcote · 1803 · Dominio público · Wikimedia Commons

Jenner era médico rural en Berkeley, en el condado de Gloucestershire, una zona de granjas lecheras. Allí circulaba una creencia popular: las ordeñadoras que se habían contagiado de la viruela de las vacas, que les dejaba unas pocas ampollas en las manos, no cogían después la viruela. Jenner no fue el primero en oírlo, ni siquiera el primero en usarlo. En 1774 un granjero de Dorset, Benjamin Jesty, había inoculado a su mujer y a sus hijos con material de vacas enfermas durante una epidemia. Pero Jesty no lo estudió ni lo publicó. Jenner sí decidió ponerlo a prueba de forma sistemática.

El 14 de mayo de 1796, Jenner tomó material de las lesiones de la mano de una ordeñadora, Sarah Nelmes, que se había contagiado de una vaca llamada Blossom. Lo introdujo con dos pequeñas incisiones en el brazo de James Phipps, el hijo de ocho años de su jardinero. El niño tuvo unos días de malestar leve y se recuperó. El 1 de julio, Jenner lo variolizó con material de viruela humana. Phipps no desarrolló ninguna reacción. Lo repitió más veces en los meses siguientes, con el mismo resultado. Hoy un experimento así, con un niño y sin consentimiento informado, sería impensable; en su época era una práctica habitual, y hay que juzgarlo en ese contexto.

Jenner presentó sus resultados a la Royal Society, que los rechazó por insuficientes. Entonces reunió más casos, unos veintitrés, y en 1798 publicó por su cuenta un folleto de unas setenta páginas, An Inquiry into the Causes and Effects of the Variolae Vaccinae. La vacuna tenía ventajas enormes sobre la variolización: producía una enfermedad mucho más leve, no mataba y no contagiaba la viruela a otros. Se difundió con una rapidez asombrosa. En pocos años se vacunaba en toda Europa y en América, y Napoleón, en guerra con Inglaterra, hizo vacunar a sus tropas y llegó a liberar a prisioneros británicos a petición de Jenner.

Caricatura coloreada de una sala abarrotada donde un médico vacuna a una mujer mientras a los pacientes ya vacunados les brotan pequeñas vacas de los brazos, la nariz y la cara
Fig. 2 La vacuna, o los maravillosos efectos de la nueva inoculación, caricatura de James Gillray de 1802. Se burla del miedo de algunos opositores, que aseguraban que inocular material de vaca podía volver bovinas a las personas.James Gillray · 1802 · Dominio público · Wikimedia Commons

No todo el mundo la recibió bien. Hubo médicos que defendían la variolización, que era su negocio, y predicadores que consideraban impío mezclar materia animal con el cuerpo humano. Circularon panfletos que aseguraban que a los vacunados les salían cuernos o pelo de vaca. El caricaturista James Gillray dibujó en 1802 una sala llena de pacientes a los que brotaban vaquitas de los brazos y la cara. Los movimientos antivacunas, en realidad, son tan antiguos como las vacunas.

Un problema práctico era conservar la vacuna. No había refrigeración, y el material perdía eficacia en pocos días. La solución más audaz la organizó España. Entre 1803 y 1806, la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, dirigida por el médico Francisco Javier Balmis, llevó la vacuna a América y Asia usando como portadores a veintidós niños huérfanos. Se vacunaba a dos niños cada pocos días, y cuando les salían las pústulas se tomaba de ellas el material para vacunar a los dos siguientes, de brazo a brazo, durante toda la travesía. Los cuidaba Isabel Zendal, la rectora del orfanato de La Coruña. La expedición vacunó a cientos de miles de personas en América y Filipinas, y el propio Jenner la elogió.

La historia acabó como empezó, con una enfermedad y un médico. Gracias a una campaña mundial de vacunación coordinada por la Organización Mundial de la Salud desde 1967, el último caso natural de viruela se registró en Somalia en octubre de 1977, en un cocinero de hospital llamado Ali Maow Maalin, que sobrevivió y dedicó después años a promover la vacunación contra la polio. El 8 de mayo de 1980 la OMS declaró la viruela erradicada. Sigue siendo la única enfermedad humana que se ha conseguido eliminar del todo, y la vacuna de Jenner, con la idea de entrenar al cuerpo contra un enemigo usando otro parecido pero inofensivo, es el origen de todas las vacunas que vinieron después.

Las vacunas – El descubrimiento de la penicilina – Los antibióticos – El método científico

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Fuentes

  1. Edward JennerAn Inquiry into the Causes and Effects of the Variolae VaccinaeSampson Low, Londres1798
  2. Stefan RiedelEdward Jenner and the History of Smallpox and VaccinationBaylor University Medical Center Proceedings 18 (1)2005
  3. Frank Fenner, Donald A. Henderson, Isao Arita, Zdeněk Ježek e Ivan D. LadnyiSmallpox and Its EradicationOrganización Mundial de la Salud, Ginebra1988
  4. Susana María Ramírez MartínLa salud del Imperio: la Real Expedición Filantrópica de la VacunaDoce Calles, Aranjuez2002
Sarasola, Josemari (2024). "La vacuna de Jenner". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-vacuna-de-jenner/

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