Los anticuerpos

Un anticuerpo es una proteína en Y que se pega a un intruso concreto. Cómo el cuerpo fabrica millones distintos, cómo elige el bueno y cómo son ya medicamentos.

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Los anticuerpos son proteínas en forma de Y que el sistema inmunitario fabrica para pegarse a algo concreto: una proteína de la superficie de un virus, un azúcar de la pared de una bacteria, una toxina. Cada anticuerpo encaja con una sola cosa, como una llave en su cerradura, y el cuerpo es capaz de fabricar miles de millones de formas distintas para que haya una para cada intruso posible, incluidos los que aún no existen. Son la parte del sistema inmunitario que las vacunas entrenan, la que se mide en un análisis de sangre para saber si alguien ha pasado una infección, y desde hace treinta años una de las familias de medicamentos más importantes.

La forma explica el trabajo. Las dos puntas de la Y son las que reconocen y agarran, y son distintas en cada anticuerpo; el tronco es igual en todos los de un tipo y es lo que el resto del sistema reconoce. Un anticuerpo pegado a un virus le tapa las proteínas con que entraría en la célula, lo neutraliza. Pegado a una bacteria, la marca para que los glóbulos blancos se la coman, y activa una cascada de proteínas de la sangre que le perforan la membrana. Pegado a una toxina, la bloquea; el antídoto de las serpientes son anticuerpos de caballo. Hay cinco tipos, según el tronco: la IgG, la más abundante, la que pasa de la madre al feto y protege al bebé sus primeros meses; la IgA de las lágrimas, la saliva, la leche y el moco; la IgM, la primera que aparece en una infección; la IgE, la de las alergias; y la IgD.

Los fabrican los linfocitos B, que nacen en la médula ósea. Cada linfocito B fabrica un solo tipo de anticuerpo, y lo lleva en su superficie como muestra. El cuerpo tiene miles de millones de linfocitos B, cada uno con su forma distinta, y la mayoría no encontrarán nunca nada que encaje. Cuando entra un intruso, los pocos linfocitos cuyo anticuerpo se pega a él, aunque sea flojo, reciben la señal de multiplicarse, en los ganglios, y en una semana hay millones de copias soltando anticuerpos a la sangre. Es la selección clonal, propuesta por Frank Macfarlane Burnet en 1957: el cuerpo no diseña el anticuerpo a medida, elige el que ya tenía. Mientras se multiplican, los linfocitos mutan a propósito la zona que reconoce y los que agarran más fuerte ganan, de modo que el anticuerpo mejora a lo largo de la infección. Algunos se quedan como células de memoria durante décadas, y por eso el sarampión se pasa una vez.

Cómo puede el cuerpo tener miles de millones de anticuerpos distintos con veinte mil genes fue el misterio central de la inmunología. Susumu Tonegawa lo resolvió en 1976: el gen del anticuerpo no está entero en el ADN, sino en piezas, decenas de versiones de cada trozo, y cada linfocito B, al madurar, corta y pega al azar una versión de cada pieza para montar su gen propio. Con unas pocas centenas de piezas y las combinaciones, más las mutaciones, salen más formas que linfocitos hay. Es el único caso conocido en que el cuerpo reordena su propio ADN a propósito, y fue el Nobel de 1987.

En 1975 Georges Köhler y César Milstein aprendieron a fabricarlos a demanda. Fundieron un linfocito B de ratón, que producía el anticuerpo deseado pero moría en cultivo, con una célula de mieloma, un cáncer de linfocitos que no muere, y la célula híbrida producía el anticuerpo para siempre. Son los anticuerpos monoclonales, todos idénticos, y hoy se hacen humanizados o directamente humanos. Se usan como reactivos en cada laboratorio del mundo, en los test de embarazo y de covid, y como medicamentos: contra el cáncer de mama, el linfoma, la artritis, la psoriasis, la migraña, el colesterol, el asma, y en la inmunoterapia que quita al tumor su invisibilidad. Sus nombres acaban en -mab, y son ya seis de los diez fármacos más vendidos del mundo. Köhler y Milstein no los patentaron.

El sistema inmunitario – Las vacunas – El sistema linfático – Las alergias – Los grupos sanguíneos

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Fuentes

  1. Susumu Tonegawa y Nobumichi HozumiEvidence for somatic rearrangement of immunoglobulin genes coding for variable and constant regionsProceedings of the National Academy of Sciences 73 (10)1976enlace
  2. Georges Köhler y César MilsteinContinuous cultures of fused cells secreting antibody of predefined specificityNature 2561975enlace
  3. Abul K. Abbas, Andrew H. Lichtman y Shiv PillaiCellular and Molecular ImmunologyElsevier, Filadelfia, 10.ª edición2021
Laura I Telleria (2026). "Los anticuerpos". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/los-anticuerpos/

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