El posimpresionismo es el nombre que se da a la pintura de un puñado de artistas que, en las décadas de 1880 y 1890, partieron del impresionismo y lo abandonaron en direcciones distintas. No fue un grupo, no tuvo manifiesto y sus miembros nunca se llamaron así. La palabra la inventó en 1910 el crítico inglés Roger Fry para titular una exposición en Londres, cuando Paul Cézanne, Georges Seurat, Vincent van Gogh y Paul Gauguin ya habían muerto. Es una etiqueta de historiador, y conviene saberlo antes de buscar qué tenían en común.
Lo que compartían era una insatisfacción. El impresionismo había liberado el color y la pincelada, pero a cambio había disuelto la forma en luz y había reducido la pintura a registrar un instante. Hacia 1885 varios pintores sentían que eso no bastaba. Unos querían devolver al cuadro solidez y estructura; otros, orden científico; otros, emoción o símbolo. Cada uno resolvió el problema a su manera, y las soluciones fueron tan distintas que de ellas salieron corrientes opuestas del siglo XX.

Paul Cézanne había expuesto con los impresionistas en 1874, pero pronto se retiró a Provenza y trabajó casi aislado. Quería, según una frase que se le atribuye, hacer del impresionismo algo sólido y duradero como el arte de los museos. En sus paisajes y naturalezas muertas construye los volúmenes con pinceladas paralelas que funcionan como pequeños planos, y no le importa deformar una mesa o inclinar una botella si el cuadro lo pide. En una carta de 1904 al pintor Émile Bernard escribió que había que tratar la naturaleza por el cilindro, la esfera y el cono. Picasso y Braque leyeron esa frase, publicada después de su muerte, como una invitación, y de ahí salió el cubismo.

Georges Seurat buscó la solidez por otro lado: la ciencia. Había leído al químico Michel-Eugène Chevreul, que en 1839 describió cómo un color cambia según los que tiene al lado, y a los teóricos de la óptica de su tiempo. Su técnica, el puntillismo, consistía en aplicar puntos de color puro sin mezclar en la paleta, para que la mezcla se produjera en el ojo del espectador. Presentó la Grande Jatte en la última exposición impresionista, en 1886, y el crítico Félix Fénéon bautizó el método como neoimpresionismo. Seurat murió en 1891, a los treinta y un años.
Vincent van Gogh llegó a París en 1886, conoció allí el impresionismo y el puntillismo, y dos años después se instaló en Arlés. Lo que tomó de ellos fue el color puro y la pincelada visible, pero los puso al servicio de otra cosa. En sus cartas a su hermano Theo, que se conservan casi completas, explica que usa el color de manera arbitraria para expresarse con fuerza, y que un amarillo o un azul pueden decir algo que el dibujo no dice. La pincelada, cada vez más ondulante, deja de describir la luz y empieza a transmitir un estado de ánimo.

Paul Gauguin fue el más radical en su rechazo de la observación. Después de años como agente de bolsa y pintor aficionado, abandonó la pintura del natural en Bretaña a finales de los años ochenta y desarrolló con Émile Bernard un estilo de zonas planas de color rodeadas de contornos oscuros, como las vidrieras. Buscaba un arte primitivo, lejos de la ciudad industrial, y en 1891 se marchó a Tahití. Allí pintó una Polinesia que en buena parte era imaginaria, porque la colonización francesa ya había transformado las islas, y una obra que influyó en los simbolistas y en los fauvistas.

La exposición de Roger Fry, Manet y los posimpresionistas, abrió en las Grafton Galleries de Londres en noviembre de 1910 y fue un escándalo: la prensa habló de locura y de pornografía, y algunos visitantes pedían que se cerrara. Fry la defendió en ensayos que después reunió en Vision and Design, con un argumento que haría fortuna: estos pintores no copiaban la naturaleza sino que construían un equivalente con forma y color, y su valor estaba en esa construcción. La novelista Virginia Woolf escribió años después que en diciembre de 1910, más o menos, cambió el carácter humano.
La etiqueta es útil porque marca un momento, pero engaña si se toma como un estilo. Lo que une a estos cuatro pintores es haber salido del impresionismo, no haber ido al mismo sitio. De Cézanne vienen el cubismo y buena parte de la abstracción geométrica; de Seurat, la idea de que la pintura puede ser un sistema; de Van Gogh, el expresionismo; de Gauguin, el color plano y simbólico de los fauvistas y de los nabis. Casi todo el arte moderno del siglo XX tiene un antepasado en una de estas cuatro direcciones.
El impresionismo – Puntillismo – El fauvismo – El cubismo – El expresionismo – Armonía cromática en el arte
Fuentes
- Roger FryVision and DesignChatto & Windus, Londres1920
- John RewaldPost-Impressionism: From van Gogh to GauguinThe Museum of Modern Art, Nueva York1956
- Belinda ThomsonPost-ImpressionismTate Gallery Publishing, Londres1998
- Michel-Eugène ChevreulDe la loi du contraste simultané des couleursPitois-Levrault, París1839
- Émile BernardSouvenirs sur Paul CézanneMercure de France1907
- Leo Jansen, Hans Luijten y Nienke Bakker (eds.)Vincent van Gogh. The LettersVan Gogh Museum y Huygens ING, Ámsterdam2009enlace
- Virginia WoolfMr. Bennett and Mrs. BrownHogarth Press, Londres1924