El art nouveau, llamado modernismo en Cataluña y en buena parte del mundo hispano, fue el estilo que dominó la arquitectura, el cartel, el mueble y las artes decorativas de Europa entre 1890 y la Primera Guerra Mundial. Se reconoce enseguida: líneas curvas que parecen tallos, flores y cabelleras, hierro forjado como si fuera vegetal, vidrio de colores, mujeres de pelo ondulante. Pero su ambición iba más allá del adorno. Quería acabar con la separación entre las bellas artes y las artes aplicadas, y hacer que una estación de metro, una lámpara o un anuncio de papel de fumar se diseñaran con el mismo cuidado que un cuadro.
El estilo tuvo tantos nombres como ciudades. En París se llamó art nouveau por la tienda que el marchante Siegfried Bing abrió en diciembre de 1895, la Maison de l’Art Nouveau, donde vendía muebles, vidrio y objetos de diseñadores europeos y estampas japonesas. En Alemania fue Jugendstil, por la revista Jugend, fundada en Múnich en 1896. En Viena se asoció a la Secesión, el grupo de artistas que rompió con la asociación oficial en 1897. En Italia se habló de estilo Liberty, por los almacenes londinenses que vendían sus telas, y en Barcelona de modernismo.

Sus raíces estaban en Inglaterra. El movimiento Arts and Crafts de William Morris había defendido desde los años sesenta el trabajo artesanal frente a los objetos baratos y mal hechos de la industria, y había hecho del diseño de papel pintado o de tipografía una tarea digna de un artista. El art nouveau tomó de ahí la idea de la obra de arte total y la llevó a otros materiales, con otra actitud: no quería volver a la Edad Media, sino inventar un estilo sin precedentes históricos, después de un siglo de neogóticos y neobarrocos.
La arquitectura fue su terreno más ambicioso. En Bruselas, Victor Horta proyectó la casa Tassel en 1893 y después el hotel Solvay y su propia casa, en los que todo, del picaporte a la vidriera, sale del mismo dibujo. En París, Hector Guimard diseñó hacia 1900 las entradas del metro, con farolas de hierro fundido que parecen tallos. En Barcelona, el modernismo coincidió con la prosperidad industrial y el catalanismo político, y dejó obras como el Palau de la Música Catalana de Lluís Domènech i Montaner o la Casa Batlló de Antoni Gaudí, aunque Gaudí siguió un camino tan personal que encaja mal en cualquier etiqueta.

El cartel fue su medio más popular. La litografía en color permitía tiradas enormes a bajo coste, y las calles de París se llenaron de anuncios firmados por artistas. El checo Alfons Mucha se hizo famoso de la noche a la mañana con el cartel de Gismonda para la actriz Sarah Bernhardt, en enero de 1895, y creó un tipo de mujer idealizada, rodeada de flores y halos, que vendía por igual galletas, bicicletas y champán. El estilo que se conoce como «estilo Mucha» fue, en buena medida, el art nouveau tal como lo vio el público.

En Viena, el estilo tomó un rumbo más geométrico. Gustav Klimt presidió la Secesión desde 1897, bajo el lema grabado en la fachada de su pabellón: «A cada época su arte, al arte su libertad». En su periodo dorado combinó el pan de oro con figuras sensuales, y sus pinturas para la Universidad de Viena causaron un escándalo que le hizo abandonar los encargos públicos. En 1903 el arquitecto Josef Hoffmann y el diseñador Koloman Moser fundaron los Talleres de Viena, que producían muebles, joyas y vajillas con formas cada vez más rectas.

En Estados Unidos, el art nouveau entró sobre todo por el vidrio. Louis Comfort Tiffany, hijo del joyero, dirigía en Nueva York unos talleres que producían vidrieras y lámparas de vidrio emplomado. Durante un siglo se atribuyeron a él, hasta que unas cartas encontradas en 2005 y presentadas en una exposición de 2007 revelaron que muchos de los diseños más célebres, como la lámpara de la libélula, eran de Clara Driscoll, jefa del departamento de mujeres que cortaban y montaban el vidrio.
El estilo se apagó casi tan rápido como había llegado. Hacia 1905 ya parecía excesivo a la vanguardia, y el arquitecto vienés Adolf Loos lo atacó en Ornamento y delito, un texto que leyó como conferencia en 1910: el ornamento era un derroche de trabajo y un signo de atraso. La Primera Guerra Mundial acabó con la clientela burguesa que lo había sostenido. En los años veinte, la Bauhaus y el neoplasticismo defendían ya líneas rectas y colores primarios.
Su derrota fue, en parte, una victoria. El historiador Nikolaus Pevsner incluyó el art nouveau entre los pioneros del diseño moderno porque había roto con la imitación de estilos históricos y había tratado el objeto cotidiano como un problema de diseño. La idea de que un cartel, una silla o una estación forman parte del arte de su tiempo, que hoy parece evidente, la hizo circular este estilo que la modernidad posterior despreció por recargado.
Ornamentación – El posimpresionismo – La gran ola y el japonismo – El expresionismo – El neoplasticismo y De Stijl – Obra de arte
Fuentes
- Paul Greenhalgh (dir.)Art Nouveau 1890-1914V&A Publications, Londres2000
- Nikolaus PevsnerPioneers of the Modern Movement: From William Morris to Walter GropiusFaber & Faber, Londres1936
- Gabriel P. WeisbergArt Nouveau Bing: Paris Style 1900Harry N. Abrams, Nueva York1986
- Adolf LoosOrnament und VerbrechenConferencia, Viena (texto fechado en 1908)1910
- Martin Eidelberg, Nina Gray y Margaret K. HoferA New Light on Tiffany: Clara Driscoll and the Tiffany GirlsNew-York Historical Society, Nueva York2007
- Oriol BohigasReseña y catálogo de la arquitectura modernistaLumen, Barcelona1973