El futurismo fue el movimiento de vanguardia que el poeta Filippo Tommaso Marinetti lanzó en 1909 para celebrar la velocidad, la máquina, la ciudad industrial y la violencia, y para destruir el culto al pasado que, según él, tenía a Italia convertida en un museo. Empezó como literatura y se extendió a la pintura, la escultura, la música, la arquitectura, la tipografía, la cocina y la política. Fue la primera vanguardia que se organizó a golpe de manifiesto y de escándalo público, y la primera que acabó unida a un régimen autoritario.
Su acta de nacimiento se publicó el 20 de febrero de 1909 en la portada de Le Figaro, el diario más leído de París, con el título «El futurismo». Marinetti, hijo de una familia rica de Milán educado en Francia, había publicado ya el texto en varios periódicos italianos, pero sabía que la consagración estaba en París. Los once puntos del manifiesto exaltaban el peligro, la energía y la temeridad, y contenían la frase que todo el mundo recuerda: un automóvil de carreras que ruge es más bello que la Victoria de Samotracia.

El manifiesto tenía también un lado oscuro, explícito desde el principio. El punto noveno proponía glorificar la guerra, «única higiene del mundo», el militarismo, el patriotismo y el desprecio por la mujer; el décimo, destruir museos, bibliotecas y academias. No eran metáforas en boca de Marinetti, que cubrió como corresponsal la guerra de Libia de 1911 y se alistó voluntario en la Primera Guerra Mundial. Esa mezcla de modernidad técnica y nacionalismo agresivo explica tanto el atractivo del movimiento como su destino.
Los pintores llegaron un año después. En febrero y abril de 1910 firmaron dos manifiestos Umberto Boccioni, Carlo Carrà, Luigi Russolo, Giacomo Balla y Gino Severini. Su idea central era el dinamismo: todo se mueve, todo cambia deprisa, y un caballo al galope no tiene cuatro patas sino veinte. La pintura no debía fijar un instante, como el impresionismo, sino transmitir la sensación del movimiento mismo. Al principio lo intentaron con el color dividido de los puntillistas; después de ver el cubismo en París, en 1911, adoptaron sus planos fragmentados, pero en diagonal y en movimiento.

Boccioni fue el pintor y teórico más importante del grupo. En La ciudad que sube, de 1910, un caballo descomunal arrastra a los obreros en un remolino de color, y el edificio en construcción apenas se distingue. En 1912 publicó un manifiesto de la escultura futurista que pedía abandonar el mármol y el bronce como únicos materiales, y abrir la estatua al espacio que la rodea. Su obra más famosa, Formas únicas de continuidad en el espacio, de 1913, es una figura que camina y cuyo cuerpo se estira hacia atrás como si el aire la moldeara.

El futurismo llevó la idea de lo moderno también a la música. En 1913 Luigi Russolo, que era pintor, publicó El arte de los ruidos, una carta-manifiesto que sostenía que el oído moderno, acostumbrado a los motores, las fábricas y el tranvía, ya no se conformaba con los sonidos de la orquesta. Construyó con Ugo Piatti unos instrumentos, los intonarumori, cajas con una bocina y una manivela que producían zumbidos, silbidos, crujidos y explosiones. El concierto que dieron en el Teatro dal Verme de Milán en abril de 1914 acabó entre gritos del público, como casi todas las veladas futuristas.

Las veladas eran el verdadero medio del futurismo. Los futuristas alquilaban teatros, leían manifiestos, insultaban al público y respondían a los tomates con más insultos. En 1912 expusieron en la galería Bernheim-Jeune de París, y la muestra viajó a Londres, Berlín y otras ciudades europeas. El modelo del manifiesto de prensa, la provocación y la gira internacional lo copiaron después el dadaísmo, el futurismo ruso y el surrealismo. En España, el ultraísmo le debe mucho.
La Primera Guerra Mundial fue el final del primer futurismo. Los futuristas hicieron campaña para que Italia entrara en ella y se alistaron en un batallón de ciclistas voluntarios. Boccioni murió en 1916 al caer de un caballo durante unas maniobras, y el arquitecto Antonio Sant’Elia, que había dibujado ciudades de rascacielos y ascensores exteriores, murió en el frente ese mismo año. Después de la guerra, Marinetti fundó un partido político futurista que en 1919 se unió a los primeros fascios de Mussolini. Aunque las relaciones con el fascismo fueron a veces tensas, el movimiento acabó como uno de sus estilos oficiales.
El historiador Günter Berghaus ha mostrado que el futurismo tuvo muchas corrientes políticas, del anarquismo al nacionalismo, y que no todo él fue fascista. Pero la pregunta que dejó es incómoda para cualquier vanguardia: qué ocurre cuando el culto a lo nuevo, a la velocidad y a la ruptura se convierte en culto a la fuerza. Que un movimiento capaz de inventar el ruido como música y la escultura como movimiento terminara cantando la guerra no es un accidente del futurismo; estaba escrito en su primer manifiesto.
El cubismo – El dadaísmo – El constructivismo ruso – El expresionismo – Composición dinámica – Aura y reproductibilidad técnica
Fuentes
- Filippo Tommaso MarinettiLe FuturismeLe Figaro, 20 de febrero1909
- Umberto Boccioni, Carlo Carrà, Luigi Russolo, Giacomo Balla y Gino SeveriniLa pittura futurista. Manifesto tecnicoHoja suelta, Milán, 11 de abril1910
- Luigi RussoloL'arte dei rumoriEdizioni futuriste di Poesia, Milán1916
- Marianne W. MartinFuturist Art and Theory, 1909-1915Clarendon Press, Oxford1968
- Umbro Apollonio (ed.)Futurist ManifestosThames & Hudson, Londres1973
- Günter BerghausFuturism and Politics: Between Anarchist Rebellion and Fascist Reaction, 1909-1944Berghahn Books, Providence y Oxford1996