El caso Tichborne es el pleito más largo de la historia judicial inglesa y probablemente el mayor fraude de identidad del siglo XIX. Durante ocho años un hombre obeso y analfabeto a medias, que había sido carnicero en un pueblo de Australia, sostuvo que era sir Roger Tichborne, heredero de una de las familias católicas más antiguas de Inglaterra, dado por muerto en un naufragio. Lo reconoció su madre. Lo apoyaron un antiguo criado de la familia, varios oficiales del regimiento de Roger y decenas de miles de personas que llenaban los mítines para defender su causa. Para desmontarlo hicieron falta dos juicios, 290 días de vistas y un tatuaje que no tenía.
Roger Charles Doughty Tichborne nació en París en 1829 y se crió en Francia; hablaba mejor francés que inglés. Hizo su carrera en un regimiento de dragones, se enamoró de una prima, la familia se opuso y en 1853 se marchó a Sudamérica. En abril de 1854 embarcó en Río de Janeiro en el Bella, un velero que se hundió sin dejar supervivientes. Su padre murió en 1862 y el título pasó a su hermano menor, Alfred, que murió en 1866, y después al hijo póstumo de este. Su madre, Henriette, nunca aceptó la muerte. Durante años publicó anuncios en periódicos de medio mundo ofreciendo recompensa por noticias de su hijo, con la esperanza de que algún barco hubiera recogido a los náufragos.

En 1865 un abogado de Wagga Wagga, en Nueva Gales del Sur, se fijó en que un cliente suyo, un carnicero llamado Thomas Castro, hablaba de un naufragio y, según se contó después, fumaba en una pipa con las iniciales R. C. T. La noticia llegó a lady Tichborne, que escribió a Castro con ilusión y sin sospecha. Él le contestó con cartas llenas de faltas de ortografía y de errores sobre la familia que ella atribuyó a los años de penalidades. En diciembre de 1866 el pretendiente llegó a Inglaterra, y en enero de 1867, en una habitación de hotel en París con las cortinas echadas porque él dijo estar enfermo, la madre lo reconoció como su hijo. A partir de entonces le pagó una renta. El resto de la familia no dudó un momento de que era un impostor.
La lista de lo que el pretendiente no sabía es asombrosa. No hablaba francés, la lengua de la infancia de Roger. No recordaba casi nada de lo que Roger había estudiado en el colegio jesuita de Stonyhurst. Y tenía un cuerpo enorme donde Roger lo tenía enjuto. Pero sabía cosas. Le ayudaba un antiguo criado jamaicano de los Tichborne, Andrew Bogle, que lo había reconocido en Sídney y viajó con él, y un historiador aficionado de la familia, Francis Baigent, que se convirtió en su principal apoyo. Con sus datos, sus rumores y las preguntas que hacía, el pretendiente fue construyendo una memoria de Roger que en algunos detalles resultaba convincente. Y unos cien testigos juraron reconocerlo.
La madre murió en marzo de 1868, y con ella se fue su mejor prueba. El pretendiente demandó a la familia para recuperar las fincas, y el juicio civil, conocido como Tichborne contra Lushington, empezó en mayo de 1871 en el tribunal de Common Pleas. Duró 102 días. El abogado de la familia, sir John Coleridge, el mismo que como juez sentenciaría en 1884 el caso de la Mignonette, lo sometió a veintidós días de contrainterrogatorio en los que el pretendiente se contradijo sobre su educación, sus amores y su vida militar. Pero la prueba decisiva fue física. Lord Bellew, compañero de colegio de Roger, declaró que le había tatuado de joven en el antebrazo izquierdo las iniciales R. C. T. junto con una cruz, un corazón y un ancla, y otro testigo confirmó el tatuaje. El pretendiente no tenía ninguno. En marzo de 1872 el jurado dijo que no necesitaba oír más. El demandante perdió el pleito y fue detenido esa misma tarde por perjurio.

Mientras tanto, los investigadores de la familia habían seguido el rastro de Thomas Castro hasta Wapping, en el East End de Londres. Allí descubrieron a un hombre llamado Arthur Orton, hijo de un carnicero, nacido en 1834, que se había marchado de adolescente a Chile, donde pasó un tiempo en Melipilla, y después a Australia. El pretendiente había visitado Wapping nada más llegar a Inglaterra, preguntando por la familia Orton con un nombre falso. En Wagga Wagga se había encontrado un cuaderno suyo con una frase que se hizo célebre: algunos hombres tienen mucho dinero y ningún cerebro, y otros mucho cerebro y ningún dinero, y sin duda los primeros fueron hechos para los segundos. Una antigua novia de Orton, Mary Ann Loder, lo identificó.
El juicio penal, Regina contra Castro, se celebró en el Queen’s Bench desde abril de 1873 hasta el 28 de febrero de 1874, ante el juez principal de Inglaterra, sir Alexander Cockburn, y otros dos jueces. Fueron 188 días de vista, el proceso penal más largo que había visto Inglaterra. El abogado defensor, Edward Kenealy, convirtió el juicio en una cruzada contra los jesuitas, la aristocracia y los jueces, e insultó a los testigos hasta tal punto que al terminar el proceso su colegio de abogados lo expulsó. El resumen de Cockburn al jurado duró dieciocho días. El jurado deliberó media hora y declaró culpable al acusado de dos cargos de perjurio, por jurar que era Roger Tichborne y por jurar que no era Arthur Orton. La condena fue de catorce años de trabajos forzados.

Lo más interesante del caso vino después, y es lo que ha estudiado el historiador Rohan McWilliam. La condena no acabó con la causa, sino que la convirtió en un movimiento político. Kenealy fundó un periódico, The Englishman, que tuvo una tirada enorme, y una Asociación de la Carta Magna que pedía la liberación del pretendiente y la reforma de los tribunales. En 1875 lo eligieron diputado por Stoke-upon-Trent. Para miles de trabajadores, el pretendiente era un hombre corriente al que la aristocracia, la Iglesia católica y los abogados habían negado su herencia porque había caído demasiado bajo. Que fuera o no Roger Tichborne importaba menos que la sensación de que la justicia servía a los ricos.
El pretendiente salió en libertad en 1884. En 1895 vendió al periódico The People una confesión firmada en la que admitía ser Arthur Orton, y poco después se retractó. Murió en la pobreza en Londres el 1 de abril de 1898, y la familia Tichborne permitió que en la placa del ataúd figurara el nombre de sir Roger Charles Doughty Tichborne. Jorge Luis Borges le dedicó uno de los relatos de la Historia universal de la infamia, en el que la idea genial de Bogle es que el impostor no se parezca en nada al original, porque la madre no quiere un parecido sino un hijo.
Para el derecho de la prueba, el caso deja una lección que se ha repetido muchas veces después. El reconocimiento de una persona por testigos que la conocieron, incluso por su propia madre, es una prueba mucho más frágil de lo que parece, porque el recuerdo se reconstruye con cada encuentro y se contagia de lo que el testigo desea. Frente a cien personas que juraban reconocer al pretendiente, bastó un rasgo físico documentado, el tatuaje que Roger tenía y él no. La psicología del testimonio tardaría un siglo en medir lo que el jurado de 1872 intuyó.
Identidad personal – Las falsas memorias de Elizabeth Loftus – Valor probatorio – Estado civil – Lo que dice de verdad la Carta Magna – El caso Dreyfus y el bordereau
Fuentes
- Court of Queen's BenchThe Tichborne Trial: The Summing-up by the Lord Chief Justice of England (Regina v. Castro)Londres (2 vols.)1875
- Edward Vaughan Hyde Kenealy (ed.)The Trial at Bar of Sir Roger C. D. Tichborne, Bart., in the Court of Queen's Bench at Westminster, for PerjuryEnglishman Office, Londres (9 vols.)1875
- Douglas WoodruffThe Tichborne Claimant: A Victorian MysteryHollis & Carter, Londres1957
- Michael RoeKenealy and the Tichborne Cause: A Study in Mid-Victorian PopulismMelbourne University Press, Melbourne1974
- Robyn AnnearThe Man Who Lost Himself: The Unbelievable Story of the Tichborne ClaimantRobinson, Londres2003
- Rohan McWilliamThe Tichborne Claimant: A Victorian SensationHambledon Continuum, Londres2007
- Jorge Luis BorgesEl impostor inverosímil Tom CastroHistoria universal de la infamia, Tor, Buenos Aires1935
- Carlo Pellegrini (Ape)Men of the Day, n.º 25: Baronet or ButcherVanity Fair, 10 de junio de 18711871