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Las falsas memorias de Elizabeth Loftus

Las falsas memorias son recuerdos de cosas que no ocurrieron, o que ocurrieron de otra manera, y que la persona vive como auténticos, con detalles, emociones y total convicción. La psicóloga estadounidense Elizabeth Loftus dedicó su carrera a demostrar que la memoria no funciona como una grabación que se guarda y se reproduce, sino como una reconstrucción que se rehace cada vez que recordamos, y que por eso puede cambiar con una simple palabra en una pregunta o con la sugerencia de alguien de confianza. Sus experimentos cambiaron la forma de tomar declaración a los testigos y alimentaron una de las grandes polémicas de la psicología del siglo XX.

La idea no era del todo nueva. En 1932, el psicólogo británico Frederic Bartlett pidió a estudiantes de Cambridge que leyeran una leyenda de los indígenas norteamericanos, La guerra de los fantasmas, y que la contaran de memoria varias veces a lo largo de semanas y meses. Con cada repetición la historia se volvía más corta, más coherente y más parecida a los cuentos ingleses: los detalles extraños desaparecían o se transformaban en otros más familiares. Bartlett concluyó que recordar es un acto de imaginación guiado por lo que ya sabemos, no una copia fiel.

Retrato fotográfico en blanco y negro de un hombre mayor con traje y corbata, sonriendo levemente
Fig. 1 Frederic Bartlett en 1948. Sus estudios de los años treinta ya mostraban que la memoria reconstruye en lugar de reproducir.Bassano Ltd · 1948 · Dominio público · Wikimedia Commons

El experimento que hizo famosa a Loftus se publicó en 1974 con John Palmer. Enseñaron a un grupo de estudiantes vídeos cortos de accidentes de tráfico y después les preguntaron a qué velocidad iban los coches, cambiando un solo verbo según el grupo: cuando los coches «se estrellaron», «chocaron», «colisionaron», «se golpearon» o «se tocaron». Los que oyeron «se estrellaron» calcularon de media unos 65 kilómetros por hora; los que oyeron «se tocaron», unos 50. En un segundo experimento, una semana después, preguntaron a los participantes si habían visto cristales rotos en el vídeo, aunque no había ninguno. Dijo que sí el 32 % de quienes habían oído «se estrellaron», frente al 14 % de quienes habían oído «se golpearon» y el 12 % de quienes no habían recibido ninguna pregunta sobre la velocidad. La palabra no solo influyó en la respuesta: cambió el recuerdo.

Cruce urbano con un coche de policía, un camión de bomberos y conos naranjas tras un accidente de tráfico
Fig. 2 Un accidente de tráfico real. Los experimentos de Loftus con vídeos de colisiones mostraron que la forma de preguntar a un testigo puede cambiar lo que recuerda haber visto.Alex Smith · CC0 (dominio público) · Wikimedia Commons

En los años noventa, Loftus fue más allá y quiso saber si se podía implantar el recuerdo de un episodio entero que nunca había ocurrido. Con Jacqueline Pickrell pidió a familiares de los participantes que contaran tres episodios reales de su infancia, y añadió un cuarto inventado: que a los cinco años se habían perdido en un centro comercial, se habían asustado y una persona mayor los había ayudado a encontrar a su familia. Los participantes leían los cuatro relatos como si todos vinieran de sus familiares y se les pedía que escribieran lo que recordaran. Tras dos entrevistas, alrededor de una cuarta parte decía recordar, total o parcialmente, haberse perdido, y algunos añadían detalles que nadie les había contado. Estudios posteriores lograron efectos parecidos con otros episodios, como haber derramado un ponche en una boda o haber montado en globo, en este caso con una fotografía retocada. Un análisis conjunto de ocho de estos estudios, publicado en 2017, estimó que cerca del 30 % de los participantes llegaba a formar un recuerdo falso.

Estos trabajos coincidieron con un momento delicado. En los años ochenta y noventa, en Estados Unidos se extendieron terapias que buscaban recuerdos reprimidos de abusos en la infancia mediante hipnosis, visualizaciones guiadas y sesiones repetidas de sugerencia. Muchas personas llegaron a recordar abusos, a veces rituales o imposibles, y hubo familias destrozadas y juicios por hechos que después se demostró que no habían ocurrido. Loftus testificó en muchos de esos casos y sostuvo que las técnicas terapéuticas podían crear recuerdos falsos, lo que le valió duros ataques. Su postura no negaba que los abusos existen ni que se pueden olvidar y recordar después, sino que advertía de que la convicción con la que se recuerda algo no garantiza que sea verdad.

Las consecuencias más prácticas están en los tribunales. Las identificaciones erróneas de testigos presenciales aparecen en torno a siete de cada diez condenas que se han revocado en Estados Unidos gracias a pruebas de ADN, según el Proyecto Inocencia. A partir de investigaciones como las de Loftus, muchos cuerpos de policía han cambiado su forma de trabajar: hacen preguntas abiertas en lugar de dirigidas, evitan mostrar al testigo una sola foto del sospechoso, organizan las ruedas de reconocimiento sin que quien las dirige sepa quién es el sospechoso y registran lo seguro que está el testigo en el primer momento, antes de que otras conversaciones lo contaminen.

La lección de fondo sirve para la vida cotidiana. Dos personas que discuten sobre lo que pasó en una cena de hace años pueden estar recordando las dos con total sinceridad cosas distintas. Recordar es volver a construir, y en esa reconstrucción entran lo que hemos oído después, lo que esperábamos que pasara y lo que nos conviene creer, un parentesco claro con el sesgo de confirmación. Por eso Loftus insiste en una idea incómoda: la seguridad con la que recordamos algo dice mucho de nosotros y bastante poco de lo que ocurrió.

Sesgo de confirmaciónNarrador testigoEstereotiposEl experimento de RosenhanMétodo experimental

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Fuentes

  1. Frederic C. BartlettRemembering: A Study in Experimental and Social PsychologyCambridge University Press1932
  2. Elizabeth F. Loftus y John C. PalmerReconstruction of Automobile Destruction: An Example of the Interaction Between Language and MemoryJournal of Verbal Learning and Verbal Behavior 13 (5), pp. 585-5891974enlace
  3. Elizabeth F. Loftus y Jacqueline E. PickrellThe Formation of False MemoriesPsychiatric Annals 25 (12), pp. 720-7251995enlace
  4. Kimberley A. Wade, Maryanne Garry, J. Don Read y D. Stephen LindsayA Picture Is Worth a Thousand Lies: Using False Photographs to Create False Childhood MemoriesPsychonomic Bulletin & Review 9 (3), pp. 597-6032002enlace
  5. Alan Scoboria y otrosA Mega-Analysis of Memory Reports from Eight Peer-Reviewed False Memory Implantation StudiesMemory 25 (2), pp. 146-1632017enlace
Sarasola, Josemari (2025). "Las falsas memorias de Elizabeth Loftus". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/las-falsas-memorias-de-elizabeth-loftus/

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