El seseo y el ceceo son las dos formas de pronunciar el español sin distinguir entre los sonidos que la ortografía escribe con s por un lado y con z o c ante e e i por otro. Quien sesea pronuncia caza igual que casa, con una s; quien cecea pronuncia casa igual que caza, con un sonido parecido al de la z castellana. La distinción entre ambos, que en el centro y el norte de España parece la norma, es en realidad minoritaria: sesean todos los hispanohablantes de América, los de Canarias y buena parte de los andaluces, es decir, en torno al noventa por ciento de quienes tienen el español como lengua materna. El seseo no es un defecto ni una simplificación reciente, sino el resultado de una evolución tan antigua y tan regular como la que produjo la distinción.
Para entenderla hay que remontarse al castellano medieval, que tenía seis sibilantes, tres sordas y tres sonoras, frente a la única s que conservan hoy casi todas las variedades. Una africada que se escribía ç o c, como en plaça, sonaba aproximadamente ts, y su pareja sonora, escrita z, como en fazer, sonaba dz. Entre vocales se distinguía una s sorda, escrita ss, como en passo, y una sonora, escrita s, como en casa, que sonaba como la s del francés rose. Y había dos palatales, la sorda escrita x, como en dixo, que sonaba como la sh inglesa, y la sonora escrita j o g, como en mujer o gentil, parecida a la j francesa. La ortografía de Nebrija, en 1492, todavía las separa con cuidado, y por las rimas de los poetas se sabe que se pronunciaban distintas.

Entre los siglos XVI y XVII ese sistema se desmoronó, y lo hizo de dos maneras. En toda la lengua las sonoras se ensordecieron y se confundieron con sus parejas sordas, de modo que seis sonidos quedaron en tres. En Castilla la Vieja y en Madrid, que se convirtió en corte en 1561, esos tres se separaron articulándose en lugares distintos de la boca: la antigua africada ts se adelantó hasta convertirse en la interdental [θ] de caza; la s se mantuvo como ápico-alveolar, con la punta de la lengua; y la palatal sh retrocedió hasta la velar [x] de jamón. En Sevilla y en buena parte de Andalucía, en cambio, la africada y la s se confundieron en un único sonido, sin llegar a la [θ]. Ese sonido podía ser más parecido a la s, y el resultado fue el seseo, o más parecido a la [θ], y el resultado fue el ceceo. Los testimonios del siglo XVI ya mencionan con cierta burla el «çeçear» de los sevillanos.
La importancia de Sevilla explica el resto de la historia. Desde 1503 la ciudad concentró, a través de la Casa de Contratación, todo el tráfico con América, y de su puerto y del de Cádiz salieron, junto con los barcos, una proporción muy alta de los colonos. Las Canarias eran la escala obligada. El español que se asentó en las Indias tomó por eso muchos rasgos de la variedad sevillana, el seseo el primero, y lo mismo ocurrió en las islas. Así, lo que en la Península es un rasgo regional se convirtió en la norma de la inmensa mayoría de los hablantes. En 1956 el II Congreso de Academias de la Lengua Española reconoció el seseo como pronunciación culta, y hoy la gramática académica lo trata como una variante tan correcta como la distinción.
La geografía actual de estos rasgos en Andalucía es un mosaico que los dialectólogos han cartografiado con detalle desde 1933, cuando Tomás Navarro Tomás y sus colaboradores trazaron La frontera del andaluz. El norte de las provincias de Huelva, Córdoba, Jaén, Granada y Almería distingue como el castellano. Una franja central, con Sevilla capital y Córdoba capital, sesea. El ceceo ocupa amplias zonas del sur, sobre todo en Cádiz, Málaga y la parte meridional de Sevilla y Granada, con más peso en el campo que en las ciudades. Las fronteras no son nítidas, y dentro de un mismo pueblo pueden convivir las tres soluciones según la edad, el nivel de estudios y la situación.
Esa convivencia tiene una dimensión social que la fonética sola no explica. El ceceo carga con un estigma que el seseo no tiene, y muchos hablantes ceceantes lo abandonan al hablar con desconocidos o al mudarse a la ciudad. En las últimas décadas, además, la escuela, la televisión y la movilidad han extendido la distinción entre los jóvenes andaluces de zonas que antes seseaban o ceceaban, a la vez que se ha reivindicado el seseo como marca de identidad. Hay también un seseo que no tiene nada que ver con Andalucía: el de Cataluña, Valencia, Galicia o el País Vasco, donde muchos bilingües no distinguen porque sus otras lenguas no tienen la [θ]. Son variantes diatópicas que se entrecruzan con las diastráticas, y un buen ejemplo de que las variedades históricas de una lengua no son versiones incompletas de otra, sino caminos distintos a partir de un mismo punto.
El yeísmo – Variantes lingüísticas – Dialectos históricos – Fonema – El alfabeto fonético internacional
Fuentes
- Antonio de NebrijaGramática de la lengua castellanaSalamanca1492
- Tomás Navarro Tomás, Aurelio M. Espinosa y Lorenzo Rodríguez-CastellanoLa frontera del andaluzRevista de Filología Española 201933
- Amado AlonsoDe la pronunciación medieval a la moderna en español, vol. 1Gredos, Madrid1955
- Rafael LapesaHistoria de la lengua española, 9.ª ed.Gredos, Madrid1981
- Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua EspañolaNueva gramática de la lengua española. Fonética y fonologíaEspasa, Madrid2011