El alfabeto fonético internacional, conocido por sus siglas AFI, o IPA en inglés, es un sistema de notación que asigna un símbolo único a cada sonido distintivo del habla humana, sea cual sea la lengua en que aparezca. Lo mantiene desde 1888 la Asociación Fonética Internacional y es la herramienta básica de la fonética, la lexicografía, la enseñanza de idiomas y la logopedia. Cuando un diccionario de inglés explica que through se pronuncia [θruː], o un manual de español que perro es [ˈpero] y pero es [ˈpeɾo], está usando el AFI.
El problema que resuelve es tan viejo como la escritura alfabética. Las ortografías de las lenguas no reflejan fielmente la pronunciación, y cada una lo hace a su manera. En español la letra c suena de dos formas en casa y cena, y el mismo sonido se escribe con c, qu o k; la h no suena nunca. En inglés la situación es mucho peor: la secuencia ough se pronuncia de al menos seis formas distintas. Y una misma letra vale sonidos diferentes de un idioma a otro, como la j, que no se pronuncia igual en español, francés, alemán e inglés. Para comparar lenguas, describir dialectos o enseñar a pronunciar hace falta un sistema en el que a cada sonido le corresponda un símbolo y a cada símbolo un sonido, sin excepciones.
A lo largo del siglo XIX se propusieron muchos. El más influyente fue el Romic del fonetista inglés Henry Sweet, expuesto en 1877, que partía de las letras latinas y las completaba con otras. Sobre esa base, un grupo de profesores de idiomas reunidos en París en torno a Paul Passy fundó en 1886 una asociación para promover la enseñanza fonética de las lenguas extranjeras. Su revista, Le Maître Phonétique, se imprimió durante años íntegramente en transcripción fonética. En 1888 la asociación publicó la primera versión de su alfabeto, y en 1897 adoptó el nombre que conserva. Entre sus primeros miembros estuvieron Otto Jespersen y Daniel Jones, que en 1917 fijó el sistema de vocales cardinales con que todavía se describen las vocales de cualquier lengua.

El diseño se rige por unos cuantos principios que explican su aspecto. Se usan en lo posible letras latinas, con su valor más extendido en las lenguas europeas: [p], [t], [k], [m], [s]. Cuando no bastan se toman letras de otros alfabetos, como la griega [θ] para el sonido de la z castellana, o se modifican las latinas dándoles la vuelta o añadiéndoles un trazo, como la [ɾ] de la r simple del español o la [ŋ] del final de sing. Las consonantes se ordenan en una tabla según dos criterios: el lugar de la boca donde se articulan, de los labios a la glotis, y el modo, es decir, si el aire se detiene del todo, pasa rozando, sale por la nariz o vibra. Las vocales se colocan en un trapecio que representa de forma esquemática la posición de la lengua. Los diacríticos, pequeños signos que se añaden a una letra, precisan detalles como la nasalización, la aspiración o la sonoridad, y otras marcas indican el acento, la duración y el tono.
Una convención que desconcierta al principiante distingue dos niveles de transcripción. Entre barras, como en /ˈdedo/, se escribe la forma fonológica: los fonemas que el hablante percibe como distintos en su lengua. Entre corchetes, como en [ˈdeðo], la forma fonética, con los detalles de la pronunciación real. La diferencia es exactamente la que hay entre las dos d de dedo: la primera es oclusiva, la segunda se pronuncia con la lengua entre los dientes sin llegar a cerrar, y un hispanohablante no nota el cambio porque en su lengua no distingue palabras. En inglés, en cambio, esa misma diferencia separa day de they. Transcribir entre corchetes o entre barras es, por tanto, una decisión sobre qué se quiere mostrar.
La tradición hispánica tuvo durante décadas su propio sistema, el alfabeto de la Revista de Filología Española, que Tomás Navarro Tomás y sus colaboradores difundieron desde 1915 y que se usó en los grandes atlas dialectales de la Península. El AFI se ha impuesto después también en los estudios de español, aunque algunos manuales conservan símbolos de la tradición propia. Con él, las diferencias dialectales se ven con claridad: caza es [ˈkaθa] en el centro y el norte de España y [ˈkasa] en Canarias, gran parte de Andalucía y toda América, como se explica en el artículo sobre seseo y ceceo; calle es [ˈkaʎe], [ˈkaʝe] o [ˈkaʃe] según se distinga la ll, se practique el yeísmo o se hable en Buenos Aires.
El alfabeto no está cerrado. La asociación lo revisa periódicamente para incorporar sonidos descubiertos en lenguas poco estudiadas o para corregir decisiones antiguas. La revisión más profunda se aprobó en la convención de Kiel de 1989, y la última versión de la tabla es de 2020. Existen además extensiones para la patología del habla, que permiten anotar sonidos que ninguna lengua usa pero que aparecen en personas con fisura palatina o con otros trastornos. Con todo, el AFI sigue fiel a la idea de Passy: que cualquier persona formada pueda leer la transcripción de una lengua que no conoce y pronunciarla de manera reconocible.
Fonética – Fonema – Correlatos acústicos del acento – Seseo y ceceo – El yeísmo
Fuentes
- Henry SweetA Handbook of PhoneticsClarendon Press, Oxford1877
- Paul PassyLes sons du françaisFirmin-Didot, París1887
- Tomás Navarro TomásManual de pronunciación españolaCentro de Estudios Históricos, Madrid1918
- International Phonetic AssociationHandbook of the International Phonetic Association: A Guide to the Use of the International Phonetic AlphabetCambridge University Press1999
- José Ignacio HualdeThe Sounds of SpanishCambridge University Press2005