El yeísmo

Qué es el yeísmo, desde cuándo se confunden la ll y la y, dónde se conserva la distinción y cómo suena la y en Buenos Aires, Madrid o La Paz.

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El yeísmo es la pérdida de la distinción entre dos sonidos del español: el que se escribe con ll, como en pollo, y el que se escribe con y, como en poyo. Un hablante yeísta pronuncia las dos palabras de la misma manera, y lo mismo ocurre con halla y haya, calló y cayó o rallar y rayar. Es hoy la pronunciación de la gran mayoría de los hispanohablantes, tanto en España como en América, y la ortografía académica lo reconoce como plenamente correcto. La distinción, que durante siglos fue la norma culta, sobrevive en unas pocas zonas y retrocede en casi todas ellas.

Los dos sonidos se articulan en la misma región de la boca, el paladar, pero de manera distinta. La ll tradicional es una lateral palatal, que en el alfabeto fonético internacional se escribe [ʎ]: la lengua toca el paladar con su parte central y el aire sale por los lados, como en la gli italiana de figlio o en la lh portuguesa de filho. La y es una consonante central, [ʝ], en la que el aire pasa por el centro de la lengua con cierta fricción. El yeísmo consiste en abandonar la lateral y usar para ambas letras el sonido de la y. Como la ll tiene un rendimiento funcional muy bajo, porque apenas hay parejas de palabras que se distingan solo por ella y casi siempre el contexto las separa, su desaparición apenas crea confusiones.

El cambio es antiguo. Hay testimonios de confusión entre las dos letras en textos andaluces y americanos del siglo XVI y, sobre todo, del XVII, y los tratadistas de la época ya lo mencionan como vulgarismo. Durante mucho tiempo se consideró un rasgo meridional y rural, frente a la distinción del norte peninsular, y todavía en 1918 el Manual de pronunciación española de Tomás Navarro Tomás, que fijó la norma de la pronunciación culta durante décadas, trataba la ll como el sonido correcto. Pero a lo largo del siglo XX el yeísmo avanzó sin pausa, y lo hizo de las ciudades hacia el campo: en Madrid, donde a principios de siglo el yeísmo todavía se tenía por un rasgo popular, la distinción era ya excepcional a mediados, y en el resto de España quedó reducida a zonas rurales y hablantes de edad avanzada. En la Ortografía de 2010 las academias constataron que el yeísmo era ya la pronunciación mayoritaria en todo el ámbito hispánico.

La distinción se conserva sobre todo en dos tipos de territorio. En España, en zonas del norte y del interior de Castilla y León, de Castilla-La Mancha y de Aragón, cada vez más limitada a los mayores, y entre muchos hablantes bilingües de Cataluña, la Comunidad Valenciana y Baleares, porque el catalán tiene la lateral palatal y el contacto entre lenguas la sostiene. En América, en la región andina de Bolivia, Perú y Ecuador y en Paraguay, donde la presencia del quechua, el aimara o el guaraní, lenguas que también tienen esa lateral o la han tomado del español, ha ayudado a mantenerla. Es un buen ejemplo de cómo el bilingüismo puede frenar un cambio que avanza en las zonas monolingües.

Que la mayoría sea yeísta no significa que pronuncie igual. El sonido resultante varía mucho de una región a otra, y esas variantes están entre los rasgos más reconocibles de cada acento. En buena parte del mundo hispánico es una consonante suave, próxima a una i, que entre vocales puede llegar a debilitarse mucho, como ocurre en el norte de México o en Centroamérica, donde gallina puede sonar casi gaína. En otras zonas se pronuncia con más tensión, y tras nasal o al principio de frase se convierte en una africada parecida a la j del inglés, como en cónyuge o ¡yo!. El caso más llamativo es el del Río de la Plata, donde el sonido se hizo más tenso y con vibración, el llamado rehilamiento, y pasó a sonar como la j francesa de jour, [ʒ]: yo y calle se pronuncian zho y cazhe. A mediados del siglo XX, entre los jóvenes de Buenos Aires, ese sonido empezó además a perder la sonoridad, y hoy predomina una variante sorda, [ʃ], como la sh inglesa, que se ha extendido a todas las generaciones.

El yeísmo tiene consecuencias prácticas en la escritura, porque obliga a aprender de memoria qué palabras llevan ll y cuáles y, igual que el seseo y ceceo obliga a memorizar dónde van la s, la c y la z. Las faltas del tipo cayate por cállate o yave por llave son el reflejo en el papel de una pronunciación que ya no las distingue, y los manuales de ortografía dedican páginas enteras a reglas parciales, como la de que las palabras terminadas en -illo e -illa se escriben con ll. Lingüísticamente, sin embargo, no hay nada de descuido en el fenómeno: es la última fase de una simplificación del sistema de consonantes palatales que empezó en la Edad Media y que ha seguido, como casi todos los cambios de sonido, una ruta ordenada y previsible.

Seseo y ceceo – Variantes lingüísticas – Fonema – Fonética – El alfabeto fonético internacional

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Fuentes

  1. Tomás Navarro TomásManual de pronunciación españolaCentro de Estudios Históricos, Madrid1918
  2. Rafael LapesaHistoria de la lengua española, 9.ª ed.Gredos, Madrid1981
  3. José Ignacio HualdeThe Sounds of SpanishCambridge University Press2005
  4. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua EspañolaOrtografía de la lengua españolaEspasa, Madrid2010
  5. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua EspañolaNueva gramática de la lengua española. Fonética y fonologíaEspasa, Madrid2011
Sarasola, Josemari (2025). "El yeísmo". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/el-yeismo/

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