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La observación participante

La observación participante es una técnica de investigación en la que el investigador convive durante un tiempo prolongado con el grupo que estudia, toma parte en sus actividades cotidianas y registra lo que ve, oye y vive. Su objetivo es entender una forma de vida desde dentro: no solo lo que la gente dice que hace, que es lo que recoge una entrevista o una encuesta, sino lo que hace de verdad, en qué circunstancias y con qué sentido para ella. Es la técnica central de la etnografía y de la antropología, y se usa también en sociología, educación, enfermería, estudios de organizaciones e investigación de mercados.

La técnica se asocia a un nombre y a un lugar: Bronisław Malinowski en las islas Trobriand, frente a la costa de Nueva Guinea. Malinowski, un antropólogo polaco que trabajaba en Londres, estaba en Australia cuando estalló la Primera Guerra Mundial y, como súbdito del Imperio austrohúngaro, no podía volver a Europa. Las autoridades australianas le permitieron hacer trabajo de campo, y pasó en las Trobriand dos largas temporadas entre 1915 y 1918. Plantó su tienda en medio de la aldea, aprendió la lengua local y participó todo lo que pudo en la vida del lugar. En la introducción de Argonauts of the Western Pacific (1922), su libro sobre el kula, un sistema de intercambio ceremonial de collares y brazaletes entre islas, formuló el programa de la nueva antropología: captar el punto de vista del nativo, su relación con la vida, su visión de su mundo.

Fotografía en blanco y negro de un hombre vestido de blanco sentado en un banco junto a un grupo de hombres trobriandeses, delante de una casa con techo de hojas y palmeras
Fig. 1 Bronisław Malinowski entre habitantes de las islas Trobriand, hacia 1918. Vivir en la aldea, aprender la lengua y participar en la vida diaria fue la fórmula que convirtió la antropología de gabinete en trabajo de campo.Probablemente Billy Hancock · 1917 · Dominio público · Wikimedia Commons

La novedad no era viajar a lugares lejanos, sino la manera de estar allí. Los antropólogos anteriores solían trabajar desde la veranda del misionero o del administrador colonial, con intérpretes y cuestionarios. Malinowski insistió en que había que observar lo que llamaba los imponderables de la vida real: cómo se prepara la comida, cómo se habla a los niños, cómo se pelean los vecinos, cómo cambia el tono de una conversación cuando llega alguien. Esos detalles, que nadie cuenta en una entrevista porque parecen obvios, son los que permiten entender el resto.

Hubo precursores. El estadounidense Frank Hamilton Cushing llegó en 1879 al pueblo zuñi de Nuevo México como parte de una expedición del Smithsonian y se quedó cinco años; aprendió la lengua, fue adoptado por una familia y llegó a ser iniciado en la Sociedad del Arco, una de las fraternidades sacerdotales del pueblo. Su caso muestra ya los dilemas que acompañarían siempre a la técnica: cuanto más se integraba, más le costaba publicar lo que sabía sin traicionar la confianza de quienes se lo habían enseñado.

Fotografía antigua en tono sepia de un grupo de hombres indígenas con ropas tradicionales, sentados y de pie en un estudio fotográfico, junto a un hombre blanco
Fig. 2 Frank Hamilton Cushing con una delegación zuñi en un estudio fotográfico de Boston, en 1882. Cushing vivió cinco años en el pueblo de Zuñi, un precedente temprano de la observación participante.James Wallace Black · 1882 · Dominio público · Wikimedia Commons

La sociología llevó la técnica a la ciudad. En la Universidad de Chicago, Robert E. Park animaba a sus alumnos de los años veinte a salir de la biblioteca y ensuciarse los pantalones en la investigación real. Nels Anderson, que había viajado en trenes de mercancías como jornalero itinerante, escribió The Hobo (1923) sobre los vagabundos que se concentraban en el centro de Chicago. En 1937, William Foote Whyte se instaló en un barrio italiano de Boston, al que llamó Cornerville, y vivió allí más de tres años, buena parte de ellos con una familia del barrio. Gracias a Doc, el líder de una pandilla de jóvenes que se convirtió en su guía, pudo describir en Street Corner Society (1943) una organización social donde otros solo veían desorden. El apéndice metodológico que añadió en ediciones posteriores, donde contaba sus errores y sus dilemas, es todavía una de las mejores introducciones a la práctica del trabajo de campo. Años después, Erving Goffman trabajó durante un año como ayudante del director deportivo en el hospital psiquiátrico St. Elizabeths de Washington para escribir Asylums (1961), un estudio de las instituciones totales que influyó en la reforma psiquiátrica.

Fotografía en blanco y negro de un hombre con sombrero y ropa clara que conversa con varias personas trobriandesas, algunas con faldas de fibra vegetal, junto a unas casas
Fig. 3 Malinowski conversando con habitantes de las Trobriand. La fotografía muestra también los límites de la participación: por mucho que se integre, el investigador sigue siendo alguien que viene de fuera y se irá.Autor desconocido · 1918 · Dominio público · Wikimedia Commons

El sociólogo Raymond Gold clasificó en 1958 los papeles que puede adoptar el investigador de campo en un continuo de cuatro posiciones. En un extremo está el participante completo, que se integra en el grupo sin revelar que investiga. Después, el participante como observador, que participa plenamente pero el grupo sabe que está investigando, como Whyte en Cornerville. Luego, el observador como participante, que se relaciona con el grupo de forma más breve y formal, por ejemplo en visitas o entrevistas. Y en el otro extremo, el observador completo, que observa sin interactuar, como quien estudia el comportamiento en un espacio público desde fuera. Cuanto más se participa, más se accede a la vida del grupo, pero mayor es el riesgo de volverse nativo, de adoptar hasta tal punto el punto de vista del grupo que se pierde la distancia necesaria para analizarlo.

El instrumento básico de la técnica son las notas de campo. El investigador anota lo antes posible, a menudo cada noche, lo que ha observado: quién estaba, qué se dijo, qué se hizo, en qué orden, con el mayor detalle posible, separando la descripción de sus interpretaciones y de sus propias reacciones, que se registran en un diario de campo aparte. Con el tiempo, esas notas permiten identificar patrones y construir lo que el antropólogo Clifford Geertz llamó una descripción densa: la que no solo cuenta que alguien guiña un ojo, sino que distingue si es un tic, una complicidad o una burla de otro guiño, según lo que significa en esa cultura. La observación participante casi nunca va sola: se combina con conversaciones informales, entrevistas, documentos y recuentos, y su análisis puede seguir los procedimientos de la teoría fundamentada.

Howard Becker y Blanche Geer compararon en 1957 la observación participante con la entrevista y concluyeron que la primera daba la información más completa sobre los acontecimientos sociales: permite ver lo que la gente no sabe expresar, lo que da por supuesto y la distancia entre lo que dice y lo que hace. Sus ventajas son la profundidad, la validez ecológica, porque se estudia a las personas en su medio natural, y la capacidad de descubrir lo inesperado. Sus inconvenientes también son claros: exige mucho tiempo, depende del acceso y de la confianza del grupo, sus resultados son difíciles de replicar y la presencia del investigador puede cambiar la conducta de los observados, aunque ese efecto suele disminuir con el paso de las semanas.

Los dilemas más serios son éticos. La observación encubierta, en la que el grupo no sabe que está siendo estudiado, ha producido estudios célebres, como When Prophecy Fails (1956), en el que Leon Festinger y sus colegas se infiltraron en una secta que anunciaba el fin del mundo para ver qué pasaba cuando la profecía no se cumplía, o Tearoom Trade (1970), en el que Laud Humphreys observó encuentros sexuales entre hombres en baños públicos y después localizó a algunos de ellos por sus matrículas para entrevistarlos en sus casas con otro pretexto. El segundo desató una polémica que contribuyó a endurecer las normas de ética de la investigación social. Hoy se exige, como regla general, el consentimiento informado de los participantes, y la observación encubierta solo se admite en casos muy justificados y con la aprobación de un comité de ética.

Un dilema distinto lo destapó la publicación póstuma, en 1967, del diario personal que Malinowski escribió en las Trobriand. En él aparecían su aburrimiento, su soledad, sus obsesiones y expresiones despectivas hacia las personas que en sus libros describía con respeto. El escándalo obligó a la antropología a reconocer que el observador no es una cámara neutral, sino una persona con prejuicios, emociones y poder, y que esa posición debe formar parte del análisis. De ahí viene la importancia que la investigación cualitativa concede hoy a la reflexividad: explicar quién observa, desde dónde y con qué efectos. Un siglo después de las Trobriand, la observación participante sigue siendo la mejor manera de saber cómo vive la gente, siempre que quien observa se observe también a sí mismo.

EtnografíaEl kulaDiario de campoReflexividadEstudio de casoLa antropología urbana

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Fuentes

  1. Bronisław MalinowskiArgonauts of the Western PacificRoutledge, Londres1922
  2. Nels AndersonThe Hobo: The Sociology of the Homeless ManUniversity of Chicago Press1923
  3. William Foote WhyteStreet Corner Society: The Social Structure of an Italian SlumUniversity of Chicago Press1943
  4. Leon Festinger, Henry W. Riecken y Stanley SchachterWhen Prophecy FailsUniversity of Minnesota Press, Minneapolis1956
  5. Howard S. Becker y Blanche GeerParticipant Observation and Interviewing: A ComparisonHuman Organization 16 (3), 28-321957enlace
  6. Raymond L. GoldRoles in Sociological Field ObservationsSocial Forces 36 (3), 217-2231958enlace
  7. Erving GoffmanAsylums: Essays on the Social Situation of Mental Patients and Other InmatesAnchor Books, Nueva York1961
  8. Bronisław MalinowskiA Diary in the Strict Sense of the TermHarcourt, Brace & World, Nueva York1967
  9. Laud HumphreysTearoom Trade: Impersonal Sex in Public PlacesAldine, Chicago1970
  10. Clifford GeertzThe Interpretation of CulturesBasic Books, Nueva York1973
  11. James P. SpradleyParticipant ObservationHolt, Rinehart and Winston, Nueva York1980
  12. Kathleen M. DeWalt y Billie R. DeWaltParticipant Observation: A Guide for Fieldworkers (2.ª ed.)AltaMira Press, Lanham2011
Sarasola, Josemari (2026). "La observación participante". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/observacion-participante/

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