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Los plomos del Sacromonte

Los plomos del Sacromonte son veintidós libritos de láminas de plomo, grabados en árabe con unos caracteres de aspecto antiguo, que aparecieron entre 1595 y 1599 en las cuevas del monte de Valparaíso, a las afueras de Granada. Se presentaron como textos de la época apostólica, escritos por discípulos de Santiago, y durante casi un siglo fueron la base de una devoción local, de una abadía y de una teología. Son falsos, y hoy se sabe con bastante seguridad quiénes los escribieron y por qué. Lo que hace del caso algo más que una curiosidad es el motivo: no los fabricó nadie para engañar a la Iglesia por dinero, sino para meter a los moriscos dentro de la historia sagrada de España en el momento exacto en que se los estaba expulsando de ella.

La historia empieza en 1588, con el derribo del alminar de la antigua mezquita mayor, la llamada Torre Turpiana, para levantar la catedral. Entre los escombros apareció una caja de plomo con un hueso atribuido a san Esteban, un paño que se dijo de la Virgen y un pergamino en árabe, latín y castellano con una profecía de san Juan sobre el fin del mundo, comentada por san Cecilio, primer obispo de Granada según la tradición. Siete años después, en marzo de 1595, unos buscadores de tesoros encontraron en Valparaíso láminas de plomo que hablaban del martirio de Cecilio y sus compañeros bajo Nerón, junto con cenizas y huesos. Y tras ellas, los libros.

Grabado del siglo XVII en dos escenas: arriba, clérigos examinan objetos en una cueva; abajo, un arzobispo a caballo sube un monte con su séquito
Fig. 1 El arzobispo Pedro de Castro sube al Sacromonte, en un grabado de Francisco Heylan de comienzos del siglo XVII. Las estampas de Heylan formaban parte de la campaña que convirtió el hallazgo en devoción popular: se hicieron para convencer, no para documentar.Francisco Heylan · Dominio público · Wikimedia Commons

Lo que decían los plomos era extraordinario. En ellos la Virgen hablaba en árabe, los primeros cristianos de la Península eran árabes, y el árabe se presentaba como una lengua santa, elegida para una revelación que se guardaría hasta el fin de los tiempos. La doctrina estaba hecha con un cuidado notable: evitaba casi siempre hablar de Jesús como Hijo de Dios y de la Trinidad, prefería fórmulas como «no hay más dios que Dios, y Jesús es espíritu de Dios», que un musulmán podía leer sin escándalo, y a la vez defendía con ardor la Inmaculada Concepción, que en la Granada de 1600 era la causa devocional del momento. Era un cristianismo que cabía en un musulmán convertido sin obligarle a renegar de su lengua ni de su pasado.

Grabado con láminas redondeadas cubiertas de escritura en caracteres extraños, cartelas con estrellas de seis puntas y textos explicativos en castellano
Fig. 2 Láminas de los libros plúmbeos reproducidas por Heylan. La escritura, que en la época se llamó «salomónica», es árabe disfrazado con trazos inventados para que pareciera arcaico. Los sellos con la estrella de seis puntas completaban la impresión de antigüedad bíblica.Francisco Heylan · Dominio público · Wikimedia Commons
Grabado de una lámina alargada con dos líneas de escritura en caracteres arcaizantes y, debajo, dos cartelas ornamentales con texto en castellano
Fig. 3 Otra lámina con su traducción. Los plomos se leían a través de las versiones que hacían sus propios intérpretes: quien controlaba la traducción controlaba lo que el hallazgo decía.Francisco Heylan · Dominio público · Wikimedia Commons

Los traductores fueron dos moriscos de prestigio, Alonso del Castillo y Miguel de Luna, médicos e intérpretes de árabe al servicio de Felipe II. Luna había publicado en 1592 una Verdadera historia del rey don Rodrigo que presentaba como traducida de un cronista árabe y que era, ella misma, una invención. La mayor parte de los historiadores, desde Godoy Alcántara en 1868 hasta Mercedes García-Arenal y Fernando Rodríguez Mediano en 2010, los considera los autores más probables del conjunto, quizá con otros colaboradores. No hay una confesión, pero sí un perfil que encaja: dominio del árabe culto, conocimiento de la teología católica y de la polémica islámica, acceso a los objetos y un interés vital en el mensaje.

Ese interés es el centro del asunto. Tras la rebelión de las Alpujarras de 1568-1571, los moriscos del reino de Granada habían sido deportados por Castilla, y su lengua, su ropa y sus costumbres estaban prohibidas. Los plomos ofrecían otra genealogía: si los primeros cristianos de Granada habían sido árabes y el árabe era la lengua de una revelación apostólica, entonces ser morisco no era ser un musulmán mal convertido, sino heredero de la cristiandad más antigua de España. Katie Harris ha mostrado cómo la ciudad entera, y no solo los moriscos, se apropió de esa historia: Granada, la última ciudad conquistada, pasaba a tener mártires del siglo I y una antigüedad cristiana que ni Toledo podía disputarle.

Grabado de un eclesiástico sentado ante una mesa con papeles, junto a una ventana con vista del monte y la abadía, con escudo y cartelas
Fig. 4 Pedro de Castro y Quiñones, arzobispo de Granada y después de Sevilla, en un retrato grabado en 1740. Fue el gran defensor de los plomos: financió las excavaciones, promovió la declaración de autenticidad de las reliquias y fundó la abadía del Sacromonte, donde está enterrado.Juan Ruiz Luengo (fl. 1700 - 1758) · 1740 · Dominio público · Wikimedia Commons

El arzobispo Pedro de Castro creyó en los hallazgos y los protegió con toda su autoridad. En 1600 una junta convocada por él declaró auténticas las reliquias, lo que permitió su culto; los libros eran otra cuestión, porque su contenido doctrinal tenía que examinarlo Roma. Hubo escépticos desde el principio. Juan Bautista Pérez, obispo de Segorbe, los tuvo por falsos. Benito Arias Montano, el gran hebraísta de Felipe II, fue prudente hasta la evasiva. Y en 1607 el humanista Pedro de Valencia, a petición del inquisidor general Sandoval y Rojas, redactó un parecer demoledor: el pergamino y los plomos tenían errores de historia y de lengua impropios de su supuesta época, y su doctrina olía a islam. Es el mismo Pedro de Valencia que cuatro años después escribiría contra la credulidad en el caso de las brujas navarras.

Grabado de una sala larga con dos filas de eclesiásticos sentados a los lados de una mesa con objetos, presidida por prelados, con una cartela latina al pie
Fig. 5 La junta de calificación de las reliquias, según Heylan. La cartela cita el Evangelio de Mateo: «por boca de dos o tres testigos se decidirá todo asunto». La autenticidad de los huesos se decidió en Granada por votación; la de los libros, que era lo que importaba, se la reservó Roma.Francisco Heylan · Dominio público · Wikimedia Commons

Roma tardó. Los libros no se enviaron a la Santa Sede hasta 1642, y allí los examinaron durante cuarenta años arabistas y teólogos. El 6 de marzo de 1682 un decreto aprobado por Inocencio XI los condenó como «ficciones humanas» que contenían errores contrarios a la fe y restos de la secta de Mahoma. El decreto no tocó las reliquias, cuyo culto siguió: san Cecilio es patrón de Granada y la abadía del Sacromonte continúa en pie. Los plomos quedaron en los archivos vaticanos hasta el año 2000, cuando la Congregación para la Doctrina de la Fe los devolvió a la abadía. Volvieron como documentos históricos, no como escrituras.

Grabado de un monte con cuevas en el que clérigos y fieles recogen restos del suelo, mientras otros suben en procesión, dentro de un marco con inscripción latina
Fig. 6 El arzobispo recoge reliquias en el monte. La inscripción es del Salmo 34: «el Señor guarda todos sus huesos, ni uno solo será quebrado». Las cenizas del Sacromonte siguen veneradas, aunque el texto que les daba nombre y fecha fue condenado en 1682.Francisco Heylan · Dominio público · Wikimedia Commons

El episodio tuvo una secuela que confirma su lógica. Entre 1754 y 1763, el clérigo Juan de Flores excavó en la Alcazaba granadina y «encontró» inscripciones, láminas y objetos que venían a probar la autenticidad de los plomos. En 1777 un tribunal lo condenó por falsificador. La falsificación había engendrado otra falsificación para defenderse, y esa vez no la escribía un morisco sino un canónigo. Lo que el caso del Sacromonte enseña es menos obvio que «desconfía de los hallazgos providenciales». Enseña que una falsificación dura cuando responde a una necesidad compartida: la de los moriscos, la de una ciudad y la de un arzobispo coincidieron durante ochenta años, y la filología de Pedro de Valencia, que tenía razón en 1607, tuvo que esperar a que esa coincidencia se deshiciera.

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Fuentes

  1. Justino Antolínez de BurgosHistoria eclesiástica de GranadaManuscrito de hacia 1611; ed. de Manuel Sotomayor, Universidad de Granada, 19961611
  2. Pedro de ValenciaSobre el pergamino y láminas de Granada, ed. de Grace MagnierPeter Lang, Berna (texto de 1607)2006
  3. José Godoy AlcántaraHistoria crítica de los falsos croniconesImprenta de Rivadeneyra, Madrid1868
  4. T. D. KendrickSt. James in SpainMethuen, Londres1960
  5. Miguel José HagertyLos libros plúmbeos del SacromonteEditora Nacional, Madrid (reed. Comares, Granada, 1998)1980
  6. Manuel Barrios AguileraLos falsos cronicones contra la historia (o Granada, corona martirial)Universidad de Granada2004
  7. Manuel Barrios Aguilera y Mercedes García-Arenal (eds.)Los Plomos del Sacromonte. Invención y tesoroUniversitat de València, Universidad de Granada y Universidad de Zaragoza2006
  8. A. Katie HarrisFrom Muslim to Christian Granada: Inventing a City's Past in Early Modern SpainJohns Hopkins University Press, Baltimore2007enlace
  9. Mercedes García-Arenal y Fernando Rodríguez MedianoUn Oriente español. Los moriscos y el Sacromonte en tiempos de ContrarreformaMarcial Pons, Madrid2010
  10. Mercedes García-Arenal y Fernando Rodríguez MedianoThe Orient in Spain: Converted Muslims, the Forged Lead Books of Granada, and the Rise of OrientalismBrill, Leiden2013enlace
  11. Elizabeth DraysonThe Lead Books of GranadaPalgrave Macmillan, Basingstoke2013enlace
  12. Inocencio XIDecreto de condena de las láminas de plomo de Granada, 6 de marzo de 1682Roma1682
Sarasola, Eneko (2026). "Los plomos del Sacromonte". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/los-plomos-del-sacromonte/

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