La Donación de Constantino es un documento en latín, fechado en Roma el 30 de marzo del año del cuarto consulado de Constantino, en el que el emperador, curado de la lepra y bautizado por el papa Silvestre, entrega al obispo de Roma la primacía sobre las grandes sedes de Oriente, el palacio de Letrán, las insignias imperiales y, en la frase que importó durante siete siglos, «la ciudad de Roma y todas las provincias, lugares y ciudades de Italia y de las regiones de Occidente». El documento es falso. Eso lo sabe cualquier manual; lo interesante es cómo se llegó a saberlo, porque la demostración de Lorenzo Valla en 1440 es uno de los actos fundadores de la crítica histórica, y porque se hizo desde dentro, por un clérigo que acabaría trabajando para el papa.
El texto, que los especialistas llaman Constitutum Constantini, se compuso probablemente en la segunda mitad del siglo VIII, cuando el papado buscaba apoyos francos frente a los lombardos y a Bizancio; Johannes Fried ha defendido una fecha algo posterior y un medio franco del siglo IX. Entró en circulación dentro de las Falsas Decretales atribuidas a Isidoro Mercator, hacia 850, y de ahí pasó al derecho canónico. León IX lo citó en 1054 frente al patriarca de Constantinopla. Para entonces la leyenda de Silvestre curando al emperador llevaba siglos contándose; el documento solo le puso cláusulas.


La falsedad no fue un descubrimiento del Renacimiento. Otón III, en un diploma del año 1001, la llamó mentira y culpó de ella a un diácono Juan al que decían mutilado de los dedos. Dante, que no dudaba de su autenticidad, la lamentó como la dote envenenada de la Iglesia: «¡Ay, Constantino, de cuánto mal fue madre, no tu conversión, sino la dote que de ti tomó el primer papa rico!». En 1433 Nicolás de Cusa, en su De concordantia catholica, señaló que ninguna fuente contemporánea de Constantino mencionaba semejante regalo y que los propios papas de los siglos siguientes actuaban como si no existiera. Lo de Cusa era un argumento de silencio, bien planteado. Faltaba el golpe que decidiera la cuestión.
Lo dio Lorenzo Valla, humanista romano, en 1440, cuando era secretario de Alfonso V de Aragón. El contexto no es neutral y conviene decirlo: Alfonso disputaba el reino de Nápoles al papa Eugenio IV, que lo reclamaba como feudo de la Santa Sede. Valla escribió una declamatio, un discurso de tribunal, y lo que tiene de retórica ha hecho creer a algunos lectores que era un panfleto con erudición de adorno. Es al revés. La parte retórica —Constantino no pudo querer regalar medio imperio, Silvestre no pudo aceptarlo, el Senado no lo habría consentido— es la más débil y la más citada. La fuerte es la filológica.

Valla leyó el texto como se lee un documento de archivo: preguntándose qué palabras podía usar un escribano del siglo IV. Encontró que el emperador llamaba satrapae a sus dignatarios, un término que ningún documento romano de la época emplea; que hablaba de Constantinopla como sede patriarcal cuando la ciudad no se había fundado ni tenía todavía ese nombre; que describía la diadema imperial con un vocabulario de orfebrería medieval; que mezclaba fórmulas de la cancillería papal tardía con giros de latín bárbaro. Añadió el argumento de Cusa, lo amplió con las fuentes que no mencionaban la Donación, y cerró con una observación de historiador: si el papa hubiera recibido Occidente en el siglo IV, los emperadores de los siglos V y VI no habrían gobernado Italia como la gobernaron, ni habrían nombrado ni depuesto papas.
El método es lo que ha quedado. Valla no dijo que la Donación fuera falsa porque perjudicara a su señor, sino porque su lengua pertenecía a otro tiempo, y ese argumento se puede comprobar sin compartir su bando. Salvatore Camporeale ha insistido en que el tratado forma parte de un programa más amplio, el de someter a la filología incluso los textos de autoridad —Valla también cuestionó que el Credo de los Apóstoles lo hubieran redactado los apóstoles—; Riccardo Fubini, en que la verdad que Valla defendía era la del lenguaje, no la de una facción. Anthony Grafton lo ha contado como el momento en que falsificadores y críticos empiezan a usar las mismas herramientas en direcciones opuestas.

El tratado circuló manuscrito durante décadas. Lo imprimió en 1518 Ulrich von Hutten, con una dedicatoria irónica a León X, y el 24 de febrero de 1520 Lutero escribió a su amigo Spalatin que lo había leído y que ya casi no dudaba de que el papa fuera el Anticristo. Así, un argumento filológico escrito para un rey católico en una disputa feudal se convirtió en munición de la Reforma. En 1559 la obra entró en el Índice de libros prohibidos. Y, sin embargo, en Roma se dejó de defender la autenticidad del documento: el debate pasó a ser si, falsa la carta, podía salvarse la legitimidad del poder temporal por otros títulos. La Iglesia no necesitó la Donación para conservar los Estados Pontificios, y los perdió en 1870 por razones que nada tenían que ver con ella.

Queda la pregunta que más incomoda a quien quiere una moraleja limpia: ¿cambió algo la demostración? Durante medio siglo, no. La Donación se desmontó en 1440 y los frescos de 1520 la celebraban igual. Una prueba no vence por ser concluyente sino cuando alguien tiene motivos para escucharla, y los primeros en tenerlos fueron los enemigos políticos del papado. Eso no le quita razón a Valla. Indica solo que la crítica histórica nació, como casi todo, mezclada con intereses, y que su valor está en que el argumento sobrevivió a esos intereses: cualquiera que hoy lea el Constitutum con un diccionario de latín tardío llega a la misma conclusión, sea del bando que sea.
La Sábana Santa y el radiocarbono – Los plomos del Sacromonte – La papisa Juana – Concilio ecuménico – Fuentes históricas secundarias – Confiabilidad de las fuentes de información
Fuentes
- Horst Fuhrmann (ed.)Das Constitutum Constantini (Konstantinische Schenkung). TextMonumenta Germaniae Historica, Fontes iuris Germanici antiqui 10, Hannover1968
- Lorenzo VallaDe falso credita et ementita Constantini donatione, ed. Wolfram SetzMonumenta Germaniae Historica, Quellen zur Geistesgeschichte des Mittelalters 10, Weimar1976
- Lorenzo VallaOn the Donation of Constantine, trad. G. W. BowersockI Tatti Renaissance Library 24, Harvard University Press2007
- Christopher B. ColemanThe Treatise of Lorenzo Valla on the Donation of Constantine: Text and Translation into EnglishYale University Press, New Haven1922
- Nicolás de CusaDe concordantia catholica, libro III, cap. 2Redactado para el concilio de Basilea1433
- Dante AlighieriDivina Comedia, Infierno, canto XIX, vv. 115-117Florencia1314
- Johannes FriedDonation of Constantine and Constitutum Constantini: The Misinterpretation of a Fiction and its Original MeaningWalter de Gruyter, Berlín y Nueva York2007
- Salvatore I. CamporealeLorenzo Valla's Oratio on the Pseudo-Donation of Constantine: Dissent and Innovation in Early Renaissance HumanismJournal of the History of Ideas, vol. 57, núm. 1, pp. 9-261996enlace
- Riccardo FubiniHumanism and Truth: Valla Writes Against the Donation of ConstantineJournal of the History of Ideas, vol. 57, núm. 1, pp. 79-861996enlace
- Anthony GraftonForgers and Critics: Creativity and Duplicity in Western ScholarshipPrinceton University Press1990
- Giovanni AntonazziLorenzo Valla e la polemica sulla donazione di CostantinoEdizioni di Storia e Letteratura, Roma1985
- Ulrich von Hutten (ed.)De donatione Constantini quid veri habeat eruditorum quorundam iudiciumEdición impresa del tratado de Valla con otros textos contra la Donación1518
- Martín LuteroCarta a Georg Spalatin, 24 de febrero de 1520D. Martin Luthers Werke. Briefwechsel, vol. 2, Weimar1931
- Horst FuhrmannEinfluß und Verbreitung der pseudoisidorischen FälschungenSchriften der MGH 24, 3 vols., Hiersemann, Stuttgart, 1972-19741972