Los manuscritos del mar Muerto son unos novecientos rollos y fragmentos en hebreo, arameo y griego, copiados entre el siglo III antes de Cristo y el I después, que aparecieron entre 1947 y 1956 en once cuevas cercanas a las ruinas de Qumrán, en la orilla noroccidental del mar Muerto. Contienen las copias más antiguas conocidas de casi todos los libros de la Biblia hebrea y textos de una comunidad judía que se veía a sí misma como el verdadero Israel en vísperas del fin de los tiempos. Son probablemente el hallazgo documental más importante del siglo XX para la historia del judaísmo y de los orígenes del cristianismo. Su historia, sin embargo, está atravesada por dos escándalos que tienen poco que ver con lo que dicen: cuarenta años de monopolio editorial y, una vez roto, una oleada de falsificaciones.
El primer hallazgo se atribuye a un pastor beduino de la tribu ta’amira, Muhammad edh-Dhib, que en el invierno de 1946 a 1947 entró en una cueva buscando una cabra y encontró jarras con rollos envueltos en lino. Siete manuscritos de aquella cueva llegaron al mercado de antigüedades de Belén. Tres los compró Eleazar Sukenik, de la Universidad Hebrea, el 29 de noviembre de 1947, el mismo día en que la ONU votaba la partición de Palestina. Los otros cuatro, entre ellos el gran rollo de Isaías, los adquirió el metropolita sirio ortodoxo Atanasio Yeshue Samuel, que acabó llevándolos a Estados Unidos. El 1 de junio de 1954 publicó un anuncio por palabras en The Wall Street Journal: «Los cuatro rollos del mar Muerto. Manuscritos bíblicos de al menos el año 200 a. C. en venta». Los compró, a través de un intermediario, el hijo de Sukenik, el arqueólogo Yigael Yadin, por 250.000 dólares.


Las excavaciones sistemáticas de las cuevas y de las ruinas las dirigieron entre 1951 y 1956 el dominico Roland de Vaux, de la Escuela Bíblica de Jerusalén, y Gerald Lankester Harding, del servicio jordano de antigüedades. La cueva 4, localizada en 1952, dio el grueso del material, y para publicarlo se formó un equipo internacional de ocho especialistas, todos de formación cristiana, varios de ellos sacerdotes, y ninguno judío, al que se asignaron lotes de fragmentos en exclusiva. Los rollos de la cueva 1 se publicaron rápido. Los de la cueva 4, no. En 1990, casi cuarenta años después del hallazgo, buena parte seguía inédita, y el acceso a las fotografías estaba reservado al equipo y a sus alumnos.
El retraso tenía explicaciones prosaicas: la dificultad objetiva del material, la falta de medios, la costumbre académica de no publicar hasta tener la edición perfecta, y la muerte de varios miembros con sus lotes a medio hacer. Pero el secreto alimentó la sospecha. En 1991 los periodistas Michael Baigent y Richard Leigh publicaron un libro de éxito que atribuía el retraso a una maniobra del Vaticano para ocultar textos que desmentirían el cristianismo. La tesis no tenía base, pero prosperaba en el vacío que el equipo había dejado. El revés decisivo para el equipo llegó por otro lado: en noviembre de 1990 su editor jefe, John Strugnell, dio una entrevista al diario Haaretz con declaraciones antisemitas y fue apartado del cargo. Emanuel Tov, de la Universidad Hebrea, lo sustituyó y amplió el equipo a más de noventa investigadores.

El monopolio se rompió en septiembre de 1991, en dos semanas. Ben Zion Wacholder y su alumno Martin Abegg, del Hebrew Union College de Cincinnati, reconstruyeron por ordenador el texto de documentos inéditos a partir de una concordancia privada que el equipo había elaborado en los años cincuenta y que circulaba en unas pocas copias; la Sociedad de Arqueología Bíblica de Hershel Shanks, que llevaba años haciendo campaña, lo publicó. El 22 de septiembre la Biblioteca Huntington de California anunció que abría a cualquier investigador su juego completo de fotografías, depositado allí como copia de seguridad. Poco después salió una edición facsímil. La Autoridad de Antigüedades de Israel cedió. La serie oficial, Discoveries in the Judaean Desert, se completó con cuarenta volúmenes, y desde 2012 las imágenes de alta resolución están en abierto en la biblioteca digital Leon Levy. No apareció ningún texto que desmintiera nada: aparecieron calendarios, reglas de pureza, comentarios bíblicos y oraciones, que son justo lo que los especialistas llevaban años diciendo.

El segundo escándalo es la herencia del primero. A partir de 2002 empezaron a aparecer en el mercado fragmentos nuevos «del mar Muerto», casi siempre de la misma procedencia comercial, y los compraron coleccionistas privados, algunas universidades evangélicas estadounidenses y el Museo de la Biblia de Washington, fundado por la familia Green. Muchos contenían precisamente pasajes bíblicos, lo que los hacía más valiosos y más vendibles. En 2016 la editorial Brill publicó una edición académica de los fragmentos del museo, y en 2017 un grupo encabezado por Kipp Davis publicó en Dead Sea Discoveries un análisis de nueve de ellos con indicios claros de falsificación moderna: escritura que se adaptaba a los bordes rotos del soporte, trazos que pasaban por encima de las grietas, textos que coincidían de forma sospechosa con ediciones impresas. Brill retiró su volumen.
En 2018 el museo reconoció que cinco de sus dieciséis fragmentos eran falsos. En marzo de 2020 un informe de doscientas páginas del equipo de la investigadora Colette Loll, encargado por el propio museo, concluyó que lo eran los dieciséis: trozos de cuero probablemente antiguo, escritos en época moderna y recubiertos de cola animal para imitar el brillo de los pergaminos auténticos. La lección que deja el caso es incómoda para todos. Los falsificadores explotaron el hambre de textos nuevos que el monopolio había creado, la ausencia de procedencia documentada que el mercado tolera y el deseo, comprensible en un museo confesional, de tener un pedazo de Biblia antigua. Que la exposición de ambos fraudes, el del secretismo y el de la falsificación, viniera de la publicación abierta de datos y del análisis material, y no de la autoridad de nadie, es quizá lo más valioso de toda la historia.
Los papiros del Libro de Abraham – Los plomos del Sacromonte – Moisés – Maná – Datación por radiocarbono – Confiabilidad de las fuentes de información
Fuentes
- Dominique Barthélemy, J. T. Milik y otrosDiscoveries in the Judaean Desert, 40 vols.Clarendon Press, Oxford, 1955-20111955
- Abraham Meir HabermannMegilloth Midbar Yehuda: The Scrolls from the Judean DesertMachbaroth Lesifrut, Tel Aviv1959
- Roland de VauxArchaeology and the Dead Sea Scrolls (Schweich Lectures, 1959)Oxford University Press para la British Academy1973
- Ben Zion Wacholder y Martin G. Abegg (eds.)A Preliminary Edition of the Unpublished Dead Sea Scrolls, fasc. 1Biblical Archaeology Society, Washington1991
- Robert H. Eisenman y James M. RobinsonA Facsimile Edition of the Dead Sea Scrolls, 2 vols.Biblical Archaeology Society, Washington1991
- Michael Baigent y Richard LeighThe Dead Sea Scrolls DeceptionJonathan Cape, Londres1991
- Florentino García MartínezTextos de QumránTrotta, Madrid1992
- Hershel Shanks (ed.)Understanding the Dead Sea ScrollsRandom House, Nueva York1992
- Norman GolbWho Wrote the Dead Sea Scrolls? The Search for the Secret of QumranScribner, Nueva York1995
- Geza VermesThe Complete Dead Sea Scrolls in EnglishAllen Lane / Penguin, Londres1997
- Jodi MagnessThe Archaeology of Qumran and the Dead Sea ScrollsEerdmans, Grand Rapids (2.ª ed. 2021)2002
- Weston W. FieldsThe Dead Sea Scrolls: A Full History, vol. 1: 1947-1960Brill, Leiden2009
- Emanuel TovRevised Lists of the Texts from the Judaean DesertBrill, Leiden2010
- Kipp Davis, Ira Rabin, Ines Feldman, Myriam Krutzsch y otrosNine Dubious «Dead Sea Scrolls» Fragments from the Twenty-First CenturyDead Sea Discoveries, vol. 24, núm. 2, pp. 189-2282017enlace
- Årstein JustnesReseña de Dead Sea Scrolls Fragments in the Museum Collection (Tov, Davis y Duke, eds.)Dead Sea Discoveries, vol. 24, núm. 2, pp. 310-3122017enlace
- Kristin RomeyExclusive: «Dead Sea Scrolls» at the Museum of the Bible are all forgeriesNational Geographic, 13 de marzo2020enlace
- Israel Antiquities AuthorityThe Leon Levy Dead Sea Scrolls Digital LibraryJerusalén2012enlace