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La victimización

La victimización es el hecho de convertirse en víctima de un delito, y también el proceso social que lo rodea: quién tiene más probabilidades de sufrirlo, cómo se mide, qué parte llega a conocimiento de la policía y qué daño añaden después las instituciones que deberían reparar el primero. El concepto tiene una historia práctica muy concreta. Durante siglo y medio, lo que se sabía del delito salía de los registros de la policía y los tribunales. Cuando alguien decidió preguntar directamente a la gente qué le había pasado, la imagen cambió por completo, y todavía no ha terminado de asentarse.

El problema lo vieron los fundadores de la estadística social. En 1833 el abogado francés André-Michel Guerry publicó mapas de los departamentos de Francia sombreados según su tasa de delitos contra las personas y contra la propiedad, con los datos que el Ministerio de Justicia recogía desde 1825. Dos años después, el astrónomo belga Adolphe Quetelet advirtió en su Física social que esas cifras no eran los delitos cometidos sino los conocidos y juzgados, y que entre unos y otros había una distancia desconocida. Su solución fue suponer que la proporción entre ambos era constante, de modo que las estadísticas oficiales, aunque incompletas, servirían para comparar. Esa suposición sostuvo la criminología durante más de un siglo.

Mapa antiguo de Francia dividido en departamentos sombreados en distintos tonos de gris, más oscuros los que tienen más delitos, con el título Crimes contre les personnes
Fig. 1 Mapa de los delitos contra las personas en la Estadística moral de Francia de Guerry (1833), uno de los primeros mapas temáticos de la historia. Cada tono es una tasa de acusados por habitante, no de víctimas: lo que medía era la actividad de los tribunales.André-Michel Guerry · 1833 · Dominio público · Wikimedia Commons
Grabado de un hombre mayor de pelo blanco peinado hacia atrás, con levita y pañuelo al cuello, y una firma manuscrita debajo
Fig. 2 Adolphe Quetelet (1796-1874), en un grabado de Joseph-Arnold Demannez. Fue el primero en escribir que entre el delito cometido y el delito registrado hay una cantidad desconocida, lo que hoy se llama la cifra negra.Joseph-Arnold Demannez · 1875 · Dominio público · Wikimedia Commons

A esa distancia se la llamó después cifra negra (en inglés, dark figure): los delitos que ocurren y no aparecen en ningún registro, porque la víctima no los denuncia, porque no se da cuenta de que lo son o porque la policía no los anota. La primera medición sistemática llegó en Estados Unidos, en plena ola de preocupación por el delito de los años sesenta. La comisión presidencial sobre la aplicación de la ley encargó en 1966 tres encuestas piloto. La mayor, dirigida por Philip Ennis en el National Opinion Research Center, preguntó a unos diez mil hogares si alguno de sus miembros había sido víctima de un delito en el último año. El resultado, publicado en 1967, fue que los delitos graves contra las personas y la propiedad eran aproximadamente el doble de los que registraba el FBI, y en algunas categorías bastante más.

Los investigadores de las otras dos encuestas, Albert Biderman y Albert Reiss, sacaron una conclusión más profunda en un artículo del mismo año: la estadística policial no es una muestra defectuosa del delito, sino el resultado de un proceso social de selección, en el que la víctima decide si denuncia, el agente decide si registra y la institución decide cómo clasifica. Cambiar cualquiera de esas decisiones cambia la cifra sin que cambie un solo delito. La suposición de Quetelet, que la proporción era constante, resultó falsa: cuando una campaña anima a denunciar la violencia doméstica, la estadística oficial sube aunque la violencia baje.

Así nacieron las encuestas de victimización. Estados Unidos empezó la National Crime Survey en 1972, rebautizada en 1992 como National Crime Victimization Survey, que hoy entrevista cada año a unos doscientos cuarenta mil personas. Inglaterra y Gales lanzaron la British Crime Survey en 1982, hoy Crime Survey for England and Wales. En 1989 se hizo la primera Encuesta Internacional de Víctimas del Delito, que permitió comparar países con el mismo cuestionario. México tiene desde 2011 la ENVIPE del INEGI, que estima cada año una cifra negra superior al 90 %: nueve de cada diez delitos no se denuncian o no llegan a abrir una investigación. España no tuvo durante décadas una encuesta nacional periódica; los datos venían del CIS, de la encuesta municipal de Barcelona, que se hace desde 1984, de la de Cataluña y de la encuesta nacional que el Instituto Andaluz Interuniversitario de Criminología publicó en 2009.

Gráfico de líneas con dos series entre 1973 y 2003: la tasa de delitos violentos sufridos por personas negras, más alta, y la de personas blancas, más baja, ambas descendiendo con fuerza desde mediados de los noventa
Fig. 3 Tasas de victimización violenta por cada mil personas de doce años o más en Estados Unidos, según la raza de la víctima, 1973-2003, con datos de la encuesta nacional de victimización. Dos cosas que la estadística policial no podía mostrar con fiabilidad: la gran caída del delito violento desde 1993 y la desigualdad persistente de quién lo sufre.Ryan Cragun · 2005 · Dominio público · Wikimedia Commons

Las encuestas tienen sus propios sesgos, y conocerlos es parte del oficio. La gente recuerda mal las fechas y tiende a meter en el periodo preguntado hechos anteriores, un efecto llamado telescopaje; por eso la encuesta norteamericana usa entrevistas repetidas a los mismos hogares y descarta lo ya contado. Hay delitos que ninguna encuesta de hogares capta: el homicidio, porque la víctima no puede responder; los delitos contra empresas; los que sufren los niños pequeños, las personas sin hogar o las que viven en instituciones. Y hay delitos que la gente no nombra como tales cuando el agresor es conocido, lo que obliga a preguntar por conductas concretas en lugar de por categorías jurídicas. Las encuestas sobre violencia contra las mujeres, que preguntan así, encuentran cifras varias veces superiores a las de las encuestas generales (véase violencia doméstica).

El hallazgo más útil de las encuestas no fue cuánto delito hay, sino cómo se reparte. Casi todo el mundo pasa años sin sufrir un delito grave, y unas pocas personas y lugares lo sufren una y otra vez. En los años ochenta, un equipo formado por la policía del Gran Mánchester, el Ministerio del Interior británico y el criminólogo Ken Pease estudió los robos en viviendas de Kirkholt, un barrio de vivienda social de Rochdale con una tasa altísima, y descubrió que una casa que ya había sido robada tenía varias veces más probabilidades de volver a serlo, sobre todo en las semanas siguientes. El proyecto concentró la prevención en las viviendas ya robadas, con cerraduras, retirada de los contadores de monedas que atraían a los ladrones y vigilancia vecinal alrededor de cada víctima. En tres años los robos cayeron en torno a tres cuartas partes.

De ahí salió el concepto de revictimización o victimización repetida, que Graham Farrell y Ken Pease resumieron en 1993 con un título memorable, «Once bitten, twice bitten». Las cifras de la encuesta británica eran rotundas: según un balance de Pease de 1998, un 4 % de la población sufría alrededor del 44 % de todos los delitos. Para la prevención, la consecuencia es práctica: la mejor predicción de dónde ocurrirá el próximo delito es dónde ocurrió el último, y la víctima es el lugar más eficiente para intervenir.

La victimización no acaba con el delito. Los especialistas distinguen tres niveles. La victimización primaria es el daño directo: la herida, el dinero perdido, el trauma. La victimización secundaria es el daño que añaden después la policía, los tribunales, los médicos o los medios: tener que contar lo ocurrido una y otra vez, esperar años a un juicio, cruzarse con el agresor en un pasillo, ser tratada con sospecha o ver la propia vida expuesta en la prensa. La victimización terciaria, un término menos asentado, se refiere al estigma y a la identidad de víctima que la persona arrastra, o al daño que el propio sistema penal causa al condenado. El Estatuto de la víctima del delito español, la Ley 4/2015, dedica buena parte de su articulado a evitar la victimización secundaria: declaraciones grabadas para no repetirlas, salas separadas, derecho a estar acompañada y a no ser identificada.

Queda una paradoja que las encuestas documentaron desde el principio: el miedo al delito y el riesgo de sufrirlo se reparten de forma casi inversa. Las personas mayores y las mujeres declaran más miedo en la calle, y son los hombres jóvenes quienes más sufren agresiones en ella. La revisión clásica de Chris Hale (1996) propuso varias explicaciones compatibles: la vulnerabilidad percibida, que hace más grave el daño posible; la violencia contra las mujeres que ocurre en casa y no en la calle, y que las encuestas generales no captaban; y la experiencia indirecta, lo que se oye contar a otros. El miedo no es una medida del riesgo, sino un fenómeno propio que cambia la vida de quien lo siente: evitar salir de noche también es un coste del delito, aunque no figure en ninguna estadística.

La lección de este siglo y medio es metodológica. Una cifra de delitos no dice nada hasta que se sabe quién la produjo: la policía que registra, el juez que condena o la víctima que responde a un encuestador. Cada fuente mide una cosa distinta, y la diferencia entre ellas, la cifra negra, no es un error que corregir sino un dato sobre la confianza de la gente en sus instituciones. Para la historia de la disciplina que estudia a las víctimas, véase la victimología.

EncuestaError de muestreoKitty Genovese y el efecto espectadorCiclo de la violenciaLa antropología del conflicto en las ciudadesJusticia restaurativa

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Fuentes

  1. André-Michel GuerryEssai sur la statistique morale de la FranceCrochard, París1833
  2. Adolphe QueteletSur l'homme et le développement de ses facultés, ou Essai de physique socialeBachelier, París1835
  3. Philip H. EnnisCriminal Victimization in the United States: A Report of a National SurveyNational Opinion Research Center, Chicago (Field Surveys II, President's Commission on Law Enforcement)1967
  4. Albert D. Biderman y Albert J. ReissOn Exploring the «Dark Figure» of CrimeThe Annals of the American Academy of Political and Social Science 374, 1-151967enlace
  5. Wesley G. SkoganDimensions of the Dark Figure of Unreported CrimeCrime & Delinquency 23 (1), 41-501977enlace
  6. Mike Hough y Pat MayhewThe British Crime Survey: First ReportHome Office Research Study 76, HMSO, Londres1983
  7. David Forrester, Mike Chatterton y Ken PeaseThe Kirkholt Burglary Prevention Project, RochdaleHome Office Crime Prevention Unit, Paper 131988
  8. Jan J. M. van Dijk, Pat Mayhew y Martin KilliasExperiences of Crime across the World: Key Findings of the 1989 International Crime SurveyKluwer, Deventer1990
  9. Graham Farrell y Ken PeaseOnce Bitten, Twice Bitten: Repeat Victimisation and its Implications for Crime PreventionHome Office Police Research Group, Crime Prevention Unit Series Paper 461993
  10. Chris HaleFear of Crime: A Review of the LiteratureInternational Review of Victimology 4 (2), 79-1501996enlace
  11. Ken PeaseRepeat Victimisation: Taking StockHome Office Police Research Group, Crime Detection and Prevention Series Paper 901998
  12. Jan van Dijk, John van Kesteren y Paul SmitCriminal Victimisation in International Perspective: Key Findings from the 2004-2005 ICVS and EU ICSWODC, La Haya2007
  13. José Luis Díez Ripollés y Elisa García España (dirs.)Encuesta a víctimas en EspañaInstituto Andaluz Interuniversitario de Criminología, Málaga2009
  14. Bureau of Justice StatisticsNational Crime Victimization Survey (NCVS)U.S. Department of Justiceenlace
  15. INEGIEncuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE)Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Méxicoenlace
  16. Jefatura del EstadoLey 4/2015, de 27 de abril, del Estatuto de la víctima del delitoBoletín Oficial del Estado 101, de 28 de abril de 20152015enlace
Sarasola, Josemari (2024). "La victimización". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-victimizacion/

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