Anomia

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La anomia es el estado social en que las normas que orientan la conducta han perdido eficacia reguladora, bien porque se han debilitado, bien porque son contradictorias, bien porque el cambio social las ha dejado sin correspondencia con la situación real de los individuos. El término, del griego a-nomos (sin ley), lo introdujo en la sociología Émile Durkheim en La división del trabajo social (1893) y lo desarrolló en El suicidio (1897). Su tesis es contraintuitiva y sigue siendo la parte más interesante del concepto: lo que produce sufrimiento no es la abundancia de normas, sino su ausencia, porque el deseo humano no tiene límite interno y solo la regulación social le proporciona uno.

El punto de partida está en el libro de 1893. Durkheim sostiene allí que la división social del trabajo no solo reparte tareas: produce solidaridad, porque hace a cada cual dependiente de los demás. Pero puede fallar, y dedica el último libro a sus formas anormales. La primera es la división anómica del trabajo, la del capitalismo industrial de su tiempo, donde las funciones se especializan más deprisa de lo que las instituciones capaces de coordinarlas y regularlas logran adaptarse; el resultado son las crisis y el antagonismo entre patronos y obreros, que Durkheim no lee como una guerra de intereses inevitable sino como el síntoma de una regulación que falta. La segunda es la división forzada, la que asigna posiciones por herencia y no por aptitud, y que envenena la cooperación porque quien ocupa un puesto que no le corresponde no reconoce el contrato que lo ata. Su remedio no era el Estado, al que veía demasiado lejos del individuo, sino los cuerpos intermedios: gremios y asociaciones profesionales capaces de fijar de nuevo qué es una jornada razonable y un salario justo.

Multitud agolpada en la calle frente a la Bolsa de Nueva York durante el crac de 1929
Fig. 1 Wall Street, octubre de 1929. La tesis de Durkheim se comprueba mejor en un momento así que en la pobreza estable: lo que dispara la anomia no es la escasez, sino el desplazamiento brusco de la escala con la que se medía lo suficiente, hacia abajo o hacia arriba.Gobierno de los Estados Unidos · 1929 · Dominio público · Wikimedia Commons

En El suicidio el concepto pasa de diagnóstico institucional a variable explicativa. Durkheim la usa para entender por qué el suicidio aumenta tanto en las crisis económicas como en los periodos de prosperidad repentina, lo que ninguna teoría basada en la desdicha material puede explicar. En ambos casos se rompe la correspondencia habitual entre las expectativas de una persona y lo que su posición le permite esperar; en ambos casos el marco de referencia deja de indicar qué es suficiente, y las aspiraciones se vuelven ilimitadas y por tanto insaciables. De ahí su descripción del anómico como alguien perpetuamente insatisfecho sin poder decir de qué. Junto a la anomia económica sitúa la anomia conyugal, la del divorcio, que actúa por el mismo mecanismo sobre el deseo que el matrimonio regulaba, y observa que sus efectos recaen sobre todo en los hombres.

Robert K. Merton reformuló el concepto en 1938 en un sentido distinto y más influyente en la sociología de la desviación. Para Merton la anomia no es la falta de normas, sino el desajuste estructural entre las metas culturalmente prescritas y los medios legítimos disponibles para alcanzarlas. Una sociedad que predica el éxito económico como objetivo universal y distribuye de forma muy desigual las vías legítimas de conseguirlo genera presión desviada de manera sistemática, y no por defecto moral de los individuos. Su tipología de adaptaciones —conformidad, innovación (aceptar la meta y rechazar los medios: el fraude, el delito lucrativo), ritualismo (renunciar a la meta y cumplir escrupulosamente el procedimiento: el burócrata que ya no espera nada), retraimiento y rebelión— convirtió la anomia en la base de la teoría de la tensión estructural y en uno de los aparatos analíticos más productivos del funcionalismo.

Retrato fotográfico de Robert K. Merton en 1965
Fig. 2 Robert K. Merton en 1965. Su artículo de 1938 tiene doce páginas y desplazó el concepto de sitio: en Durkheim la anomia era la ausencia de norma; en Merton es una norma que se predica a todos y unos medios que se reparten entre pocos.Eric Koch (Anefo) · 1965 · CC0 (dominio público) · Wikimedia Commons

El giro de Merton tuvo descendencia larga. Cloward y Ohlin añadieron en 1960 que tampoco las oportunidades ilegítimas están repartidas por igual, lo que explica por qué la desviación toma formas distintas en barrios con presión parecida. Robert Agnew la reformuló en 1992 en clave individual y ampliada —la tensión no viene solo del dinero, sino de la pérdida de estímulos valorados y de la presencia de estímulos negativos—, y con ello la teoría empezó por fin a contrastarse con datos de encuesta a gran escala. Y Messner y Rosenfeld volvieron al nivel institucional en 1994: donde la economía domina sobre la familia, la escuela y la política, y no al revés, la presión anómica se vuelve estructural, tesis con la que explican la excepcionalidad del homicidio estadounidense. Hubo también un desvío significativo: la escala de anomia de Leo Srole (1956) convirtió el concepto en un rasgo psicológico medible por cuestionario, y arrastró consigo la ambigüedad que aún separa la anomia, que es un estado de la sociedad, de la anomie subjetiva del individuo que se siente desorientado.

La medición ha sido siempre el punto flojo, y merece detenerse en ella porque explica buena parte de los desacuerdos. Durkheim trabajaba con tasas agregadas y no tenía manera de observar la anomia directamente: la infería de la correlación entre crisis y suicidios, lo que la deja expuesta al mismo reproche de falacia ecológica que arrastra El suicidio. Merton tampoco propuso un indicador. Los intentos posteriores se han repartido en dos familias que miden cosas distintas y se citan como si midieran la misma: las escalas de actitud tipo Srole, que preguntan a individuos si sienten que las reglas ya no valen, y los indicadores estructurales —desigualdad de ingresos, rotación ocupacional, tasa de divorcio, volatilidad de precios— que describen sociedades. La correlación entre unas y otras es floja, y ese hueco es la razón de que la literatura empírica sea tan poco concluyente. El caso mejor documentado sigue siendo el más brutal: la esperanza de vida masculina en Rusia cayó más de seis años entre 1990 y 1994, un desplome sin guerra ni epidemia que la epidemiología no logró explicar por el empobrecimiento material y que sí encaja con la hipótesis anómica, cambio de reglas más rápido que la capacidad de nadie para orientarse por ellas.

El concepto ha sido criticado por esa misma elasticidad: se ha aplicado a fenómenos tan dispares que a veces funciona como sinónimo culto de desorden. Se le objeta también que Durkheim presupone un orden normativo compartido cuya existencia es dudosa en sociedades plurales, y que la versión de Merton toma la definición dominante del éxito como si fuera universal en lugar de preguntarse quién la impone. Los datos han sido desiguales: la relación entre desigualdad y delito que la teoría predice aparece con claridad entre países y se desdibuja dentro de ellos.

Aun así, la anomia sigue siendo la herramienta habitual para analizar las consecuencias sociales de las transiciones abruptas —desindustrialización, colapso de regímenes, migraciones masivas, cambios tecnológicos acelerados—, y la caída de la esperanza de vida en la Rusia postsoviética se ha leído en su vocabulario con más provecho que en ningún otro. Todas esas situaciones comparten el rasgo que Durkheim identificó antes que nadie: la desgracia no llega solo por empobrecerse, sino por perder la escala con la que se medía lo que era vivir bien.

Funcionalismo – El suicidio de Durkheim – Hecho social – Enfoque estructural funcionalista (estructural funcionalismo, funcionalismo – Alienación económica – Habitus (Pierre Bourdieu)

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Fuentes

  1. Émile DurkheimDe la division du travail socialFélix Alcan1893
  2. Émile DurkheimLe suicide. Étude de sociologieFélix Alcan1897
  3. Robert K. MertonSocial Structure and AnomieAmerican Sociological Review, 3(5)1938
  4. Leo SroleSocial Integration and Certain Corollaries: An Exploratory StudyAmerican Sociological Review, 21(6)1956
  5. Richard A. Cloward y Lloyd E. OhlinDelinquency and Opportunity: A Theory of Delinquent GangsThe Free Press1960
  6. Robert AgnewFoundation for a General Strain Theory of Crime and DelinquencyCriminology, 30(1)1992
  7. Steven F. Messner y Richard RosenfeldCrime and the American DreamWadsworth1994
Sarasola, Josemari (2026). "Anomia". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/anomia/

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