La práctica de recuperación y el repaso espaciado

Las dos técnicas de estudio con más pruebas a su favor, por qué releer y subrayar rinden tan poco y cómo organizar los repasos antes de un examen.

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La práctica de recuperación (en inglés, retrieval practice) consiste en estudiar intentando sacar de la memoria lo que se quiere aprender, en lugar de volver a leerlo: cerrar el libro y escribir lo que uno recuerda, contestar preguntas, explicar el tema en voz alta o usar tarjetas con la pregunta por un lado y la respuesta por el otro. El repaso espaciado (spaced practice) consiste en repartir ese esfuerzo en sesiones separadas por días en lugar de concentrarlo en una sola. Son las dos técnicas de estudio con más pruebas a su favor, y las dos chocan con la intuición de casi todos los estudiantes, que prefieren releer y subrayar la víspera del examen.

La historia empieza en 1885 con Hermann Ebbinghaus, que aprendió de memoria listas de sílabas sin sentido y midió cuántas olvidaba con el tiempo. Su curva del olvido muestra que la mayor parte se pierde en las primeras horas y días, y que la pérdida se frena después. También observó que el mismo número de repeticiones, repartidas en varios días, dejaba un recuerdo más duradero que agrupadas en uno. Es el efecto de espaciado, uno de los resultados más replicados de toda la psicología experimental. El efecto de la prueba, que recordar consolida más que releer, se conocía también desde principios del siglo XX, pero fue en los años 2000 cuando se midió con cuidado en condiciones parecidas a las de un aula.

El experimento más citado es de 2006. Henry Roediger y Jeffrey Karpicke, en la Universidad Washington de San Luis, dieron a unos estudiantes textos breves de divulgación científica y los repartieron en tres grupos que dedicaron el mismo tiempo total, en cuatro bloques de cinco minutos. Un grupo leyó el texto cuatro veces; otro lo leyó tres y luego escribió todo lo que recordaba; el tercero lo leyó una vez y después hizo tres veces el ejercicio de recordarlo, sin volver a mirarlo. Cinco minutos después, el grupo que solo había leído recordaba algo más. Una semana después, el orden se invertía de forma rotunda: el grupo que se había examinado tres veces recordaba en torno al 61 % de las ideas y el que había releído cuatro veces, en torno al 40 %. Lo más interesante es que, preguntados al terminar, los estudiantes que habían releído eran los que se creían mejor preparados.

Esa ilusión explica por qué la mayoría estudia mal. Releer da sensación de dominio porque el texto resulta familiar y se entiende a la primera, pero reconocer algo no es lo mismo que poder recuperarlo sin ayuda, que es lo que pide un examen o la vida. Recordar cuesta, y ese esfuerzo es precisamente lo que fortalece la huella: cada vez que se saca algo de la memoria, el camino hasta ello se refuerza. Los investigadores lo llaman dificultad deseable. El estudio que parece fácil suele enseñar poco; el que parece incómodo, mucho.

En 2013, John Dunlosky y cuatro colegas revisaron las diez técnicas de estudio más usadas y las calificaron según las pruebas disponibles, y el resultado se ha convertido en una referencia para profesores. Solo dos obtuvieron la nota más alta: la práctica de recuperación y el repaso espaciado, porque funcionaban con alumnos de edades distintas, con materiales distintos y con exámenes distintos. Tres quedaron en una zona intermedia: preguntarse por qué es cierto lo que se lee, explicarse a uno mismo cómo se relaciona lo nuevo con lo que ya se sabía, y alternar tipos de problema en lugar de hacer muchos seguidos del mismo tipo. Y cinco obtuvieron la nota más baja, entre ellas las dos más populares: subrayar y releer. No es que no sirvan para nada, sino que rinden muy poco para el tiempo que se les dedica.

Cuánto separar los repasos depende de cuándo haya que recordar. En 2006, Nicholas Cepeda y sus colegas reunieron más de trescientos experimentos sobre espaciado y en 2008 hicieron uno propio, a través de internet, con más de mil personas que estudiaban datos curiosos y eran examinadas hasta casi un año después. El intervalo ideal entre la primera sesión y el repaso crecía con la distancia hasta el examen: para recordar a una semana bastaba con un día; para recordar a dos meses o a un año convenía separarlo unas tres semanas. Una regla aproximada que se deduce de sus datos es dejar entre repasos algo así como una décima o una quinta parte del tiempo que se quiere recordar. Y separar demasiado es mucho menos grave que no separar: un repaso tardío siempre deja más que ninguno.

Llevado a la práctica, un plan de estudio razonable se parece a esto. Después de cada clase o capítulo, cerrar los apuntes y escribir en una hoja, sin mirar, lo que se recuerda; luego abrirlos y corregir con otro color lo que faltaba o estaba mal. Convertir lo importante en preguntas y respuestas, en tarjetas de papel o en programas de repaso como Anki, que calculan solos cuándo volver a preguntar cada tarjeta, antes cuando se falla y más tarde cuando se acierta. Volver sobre cada tema al día siguiente, a la semana y al mes, en sesiones cortas. Y mezclar temas y tipos de problema en cada sesión, en lugar de agotar uno antes de pasar al siguiente, porque en el examen no vendrán ordenados.

El método tiene dos condiciones. La primera es corregir: recuperar un error sin comprobarlo puede fijarlo, así que cada intento debe ir seguido de la respuesta correcta. La segunda es empezar antes de lo que apetece, porque el espaciado exige tiempo y no se puede comprimir en la última noche. Para quien ya tiene el examen encima, la mejor inversión de las últimas horas sigue siendo hacerse preguntas en lugar de releer, y dormir, porque buena parte de la consolidación de la memoria ocurre durante el sueño.

Las intenciones de implementación – La procrastinación – El tratamiento psicológico del insomnio – Aprendizaje – Asociación de ideas – Estrés académico

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Fuentes

  1. Henry L. Roediger III y Jeffrey D. KarpickeTest-Enhanced Learning: Taking Memory Tests Improves Long-Term RetentionPsychological Science 17 (3), 249-2552006enlace
  2. Nicholas J. Cepeda, Harold Pashler, Edward Vul, John T. Wixted y Doug RohrerDistributed practice in verbal recall tasks: A review and quantitative synthesisPsychological Bulletin 132 (3), 354-3802006enlace
  3. Nicholas J. Cepeda, Edward Vul, Doug Rohrer, John T. Wixted y Harold PashlerSpacing Effects in Learning: A Temporal Ridgeline of Optimal RetentionPsychological Science 19 (11), 1095-11022008enlace
  4. John Dunlosky, Katherine A. Rawson, Elizabeth J. Marsh, Mitchell J. Nathan y Daniel T. WillinghamImproving Students' Learning With Effective Learning Techniques: Promising Directions From Cognitive and Educational PsychologyPsychological Science in the Public Interest 14 (1), 4-582013enlace
Sarasola, Josemari (2024). "La práctica de recuperación y el repaso espaciado". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-practica-de-recuperacion/

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