Alzando la bandera en Iwo Jima es la fotografía que Joe Rosenthal, de la agencia Associated Press, tomó el 23 de febrero de 1945 en la cima del monte Suribachi, durante la batalla por esa isla del Pacífico. Seis marines clavan un mástil con la bandera de Estados Unidos sobre un suelo de escombros, en diagonal, con el cuerpo inclinado por el esfuerzo. Ganó el premio Pulitzer ese mismo año, se convirtió en sello, en cartel y en el gran monumento del Cuerpo de Marines en Arlington. También arrastró durante décadas dos sospechas: que estaba preparada y que no sabíamos bien quién salía en ella. La primera era falsa. La segunda, cierta.
Iwo Jima es una isla volcánica pequeña, a unos 1.200 kilómetros de Tokio, que Estados Unidos quería como base aérea. El desembarco empezó el 19 de febrero y la batalla duró más de un mes, con unos 7.000 marines muertos y casi toda la guarnición japonesa, más de 18.000 hombres, aniquilada. El monte Suribachi, en el extremo sur, dominaba las playas, y tomarlo era un objetivo inmediato.
En la mañana del día 23, una patrulla del 28.º regimiento llegó a la cumbre con una bandera pequeña y la izó en un tubo de hierro a media mañana. Aquel primer izado sí lo fotografió un fotógrafo militar, el sargento Louis Lowery, de la revista de los marines Leatherneck. Desde las playas se vio la bandera y los barcos hicieron sonar sus sirenas. Era tan pequeña, sin embargo, que el mando decidió sustituirla por otra mayor, visible desde toda la isla. Además, según se cuenta, el secretario de Marina, James Forrestal, que estaba allí, quería la primera como recuerdo.

Rosenthal subió al monte poco después con dos fotógrafos militares, Bob Campbell y el cámara de cine Bill Genaust. Llegaron cuando un grupo se disponía a cambiar la bandera. Rosenthal, que era bajo, apiló unas piedras y unos sacos para ganar altura, se colocó con su cámara Speed Graphic y casi se le escapa el momento: vio de reojo que los hombres empezaban a levantar el mástil y disparó sin mirar por el visor. Genaust, a su lado, lo estaba filmando en color. Después, para asegurarse, Rosenthal reunió a un grupo de marines alrededor de la nueva bandera, saludando y vitoreando, e hizo otra foto, esta sí posada, a la que llamó la del «grupo entusiasta».
Ninguno de ellos sabía lo que tenía. El carrete se reveló en Guam y la foto llegó a los periódicos de Estados Unidos dos días después, el 25 de febrero. Cuando alguien le preguntó a Rosenthal, ya de vuelta en Guam, si la foto era posada, él pensó en la del grupo y contestó que sí. Ese malentendido se convirtió en un rumor y el rumor en una sospecha que lo persiguió toda la vida: que la escena se había preparado para la cámara, o que era una recreación del primer izado, el auténtico. No lo era. La película de Genaust, que muestra el movimiento entero del mástil desde un ángulo casi idéntico, prueba que Rosenthal captó un momento real, uno de los muchos fotogramas de una acción que nadie dirigió.

Hay algo en esta foto que la hace perfecta como símbolo y a la vez muy difícil como documento: no se le ve la cara a nadie. Los seis hombres están de espaldas o de perfil, con casco, cubiertos unos por otros. El presidente Roosevelt pidió que los supervivientes volvieran a casa para una gira de venta de bonos de guerra, y para entonces tres de los seis ya habían muerto en la isla, en los días siguientes al izado: Michael Strank, Harlon Block y Franklin Sousley. Los que regresaron como «los abanderados» fueron Rene Gagnon, Ira Hayes y John Bradley, un enfermero de la Marina. La identificación se hizo deprisa, a partir de lo que recordaban unos y otros, y tuvo errores desde el principio: Block fue confundido al principio con otro marine, y su madre tuvo que insistir durante meses para que se le reconociera.
Los errores más gordos tardaron mucho en salir. En 2016, después de que unos historiadores aficionados compararan con detalle uniformes, cinturones y cascos en todas las fotos y películas de aquel día, el propio Cuerpo de Marines concluyó que John Bradley no aparecía en la foto, aunque sí había participado en el primer izado. En su lugar estaba un soldado llamado Harold Schultz, que nunca había dicho nada. En 2019 una segunda revisión estableció que Rene Gagnon tampoco era uno de los seis: era Harold Keller. Es decir, que dos de los tres hombres que la nación celebró durante décadas como los héroes de la foto no estaban en ella. El hijo de Bradley había escrito un superventas, Banderas de nuestros padres, sobre su padre como abanderado, que luego llevó al cine Clint Eastwood.
¿Qué nos enseña todo esto? Primero, que una fotografía puede ser auténtica y, aun así, generar un relato falso a su alrededor. La de Rosenthal no se preparó, pero se usó como propaganda desde el minuto uno, y la necesidad de ponerle caras a un símbolo produjo identificaciones equivocadas que nadie quiso revisar durante setenta años. Segundo, que los rumores sobre montajes suelen nacer de malentendidos muy pequeños, como una pregunta mal entendida en Guam. Y tercero, que las imágenes más famosas suelen ser las que menos detalles concretos ofrecen. Eso las hace universales y, al mismo tiempo, frágiles como prueba.
Muerte de un miliciano – Las balas de cañón de Roger Fenton – El francotirador de Devil’s Den – Los borrados de Stalin – La madre migrante de Dorothea Lange
Fuentes
- Joe Rosenthal y W. C. HeinzThe Picture That Will Live ForeverCollier's, 18 de febrero1955
- Karal Ann Marling y John WetenhallIwo Jima: Monuments, Memories, and the American HeroHarvard University Press, Cambridge (Massachusetts)1991
- James Bradley y Ron PowersFlags of Our FathersBantam, Nueva York2000
- Hal BuellUncommon Valor, Common Virtue: Iwo Jima and the Photograph that Captured AmericaBerkley Caliber, Nueva York2006
- Cuerpo de Marines de Estados UnidosInforme del comité de revisión sobre la identificación de los abanderados de Iwo JimaCuartel General del Cuerpo de Marines, Washington2016