El DOI (del inglés Digital Object Identifier, identificador de objeto digital) es un código que da a un artículo científico, un libro, un capítulo o un conjunto de datos un nombre permanente en internet. Se escribe como una cadena del tipo 10.1037/h0040525 y, antepuesto el dominio doi.org, lleva siempre al documento, aunque la revista cambie de editorial, de plataforma o de dirección web. Es el equivalente digital del ISBN, con una diferencia importante: no solo identifica, también localiza.
El problema que resuelve es la fragilidad de las direcciones web. Una URL dice dónde está un documento en un momento dado, no qué es. Cuando una editorial rediseña su sitio, vende una revista o cierra un servidor, los enlaces que apuntaban a sus artículos dejan de funcionar. En la bibliografía científica, que se apoya en citas que deben poder seguirse durante décadas, eso es grave. Un estudio de 2014 dirigido por Martin Klein analizó unos tres millones y medio de artículos científicos y calculó que uno de cada cinco artículos contenía al menos una referencia a una página web que ya no existía o había cambiado de contenido.
La solución consiste en separar el nombre de la dirección. El DOI es un nombre que no cambia nunca; en un registro central se guarda, junto a él, la dirección donde está el documento en cada momento. Cuando alguien sigue un enlace doi.org, el sistema consulta ese registro y lo redirige a la dirección actual. Si la editorial traslada la revista, solo tiene que actualizar la dirección en el registro, y todos los enlaces que ya circulan en citas, bibliografías y correos siguen funcionando. Es la misma idea de colocación relativa que usó la clasificación decimal Dewey en los estantes: el nombre va con el documento, no con el sitio.
Por debajo, el DOI usa el sistema Handle, un servicio de nombres persistentes diseñado a principios de los años noventa por Robert Kahn, uno de los creadores del protocolo TCP/IP, en la Corporation for National Research Initiatives de Estados Unidos. La Fundación Internacional DOI se creó en 1998, impulsada por las asociaciones de editores, que buscaban una manera de vender y enlazar contenido digital. La norma internacional, la ISO 26324, llegó en 2012.
Un DOI tiene dos partes separadas por una barra. El prefijo empieza siempre por 10., que identifica el sistema DOI dentro del sistema Handle, y sigue con un número asignado al titular: la American Psychological Association tiene el 10.1037, por ejemplo. El sufijo, después de la barra, lo elige libremente el titular y puede contener letras, números y signos. En 10.1037/h0040525, el sufijo h0040525 identifica el artículo de Stanley Milgram sobre la obediencia publicado en 1963. El DOI no distingue mayúsculas de minúsculas y no significa nada por sí mismo: igual que el número de un pasaporte, sirve para identificar, no para describir. Y el DOI no cambia aunque cambie el titular: si una revista se vende, sus artículos conservan el prefijo de la editorial original.
La fundación no asigna los DOI directamente, sino a través de agencias de registro especializadas. La más grande es Crossref, creada en 2000 por un grupo de editoriales científicas para enlazar las referencias entre sus revistas, y que hoy reúne más de ciento cincuenta millones de registros de artículos, libros y actas. DataCite, fundada en 2009 por bibliotecas y centros de investigación, asigna DOI a conjuntos de datos, programas y otros resultados que no son artículos. Hay agencias para cine y televisión, como EIDR, y para publicaciones oficiales de la Unión Europea. Cada agencia guarda, además de la dirección, unos metadatos básicos del documento: título, autores, revista, fecha y, a menudo, la lista de referencias que cita.
Esos metadatos son la otra mitad de la utilidad del DOI. Como las referencias de cada artículo quedan registradas con sus DOI, se puede reconstruir la red de citas de la ciencia sin leer los textos: qué artículo cita a cuál, cuántas veces se ha citado un trabajo, quién lo cita. Sobre esa red trabajan los índices de citas, los gestores bibliográficos, que importan una referencia completa a partir de su DOI, y los buscadores académicos. También es lo que permite medir indicadores como el factor de impacto.
Para quien escribe un trabajo académico, la consecuencia práctica es sencilla: si la fuente tiene DOI, hay que ponerlo en la referencia bibliográfica. Las normas APA piden desde su séptima edición que se escriba como enlace completo, https://doi.org/10.1037/h0040525, en lugar de con el prefijo «doi:». El DOI se encuentra en la primera página del artículo, en la página web de la revista o buscando el título en la web de Crossref. Si un DOI no resuelve, casi siempre es porque está mal copiado: sobra un punto final o falta un carácter.
El DOI no es el único identificador persistente. El ORCID, lanzado en 2012, identifica a los investigadores y resuelve el problema de los homónimos y de los nombres que se escriben de varias maneras. El ROR identifica a las instituciones. Y el sistema ARK lo usan muchas bibliotecas y archivos para sus colecciones digitalizadas. Juntos forman una capa de nombres estables sobre una web que cambia sin parar, que es exactamente lo que la búsqueda bibliográfica necesita.
Documento digital – Referencia bibliográfica – Gestores bibliográficos – Metadatos – El ISBN – El acceso abierto
Fuentes
- Organización Internacional de NormalizaciónISO 26324:2012. Information and documentation. Digital object identifier systemISO, Ginebra2012
- Norman PaskinDigital Object Identifier (DOI) SystemEncyclopedia of Library and Information Sciences, 3.ª edición, CRC Press2009enlace
- Robert Kahn y Robert WilenskyA Framework for Distributed Digital Object ServicesInternational Journal on Digital Libraries 6 (2)2006enlace
- Martin Klein, Herbert Van de Sompel, Robert Sanderson y otrosScholarly Context Not Found: One in Five Articles Suffers from Reference RotPLoS ONE 9 (12)2014enlace
- Fundación Internacional DOIDOI HandbookInternational DOI Foundation2023enlace