El factor de impacto

El factor de impacto mide la media de citas de los artículos recientes de una revista. Cómo se calcula, de dónde sale y por qué no sirve para juzgar a nadie.

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El factor de impacto es un indicador que mide cuántas veces se citan, de media, los artículos que una revista científica ha publicado en los dos años anteriores. Si una revista tiene un factor de impacto de 4, sus artículos recientes han recibido en el último año unas cuatro citas cada uno. Lo publica cada verano la empresa Clarivate en los Journal Citation Reports, y durante medio siglo ha servido para ordenar las revistas de cada disciplina, decidir dónde publicar e, indebidamente, evaluar a los investigadores. Es el número más conocido de la bibliometría, la rama de la documentación que estudia la ciencia a través de sus publicaciones.

Lo inventó el químico y documentalista estadounidense Eugene Garfield (1925-2017). En 1955 publicó en la revista Science un artículo que proponía un índice de citas para la ciencia: una base de datos que, en lugar de ordenar los artículos por autor o por materia, registrara qué artículos citaba cada uno. Así, partiendo de un trabajo conocido, se podía encontrar todo lo que se había escrito después apoyándose en él. La idea procedía de los índices de citas jurídicos, como el Shepard’s Citations, que desde el siglo XIX permitían a los abogados saber qué sentencias posteriores habían citado una anterior.

Garfield fundó en 1960 el Institute for Scientific Information, en Filadelfia, y en 1964 lanzó el Science Citation Index. Para decidir qué revistas incluir necesitaba un criterio, y ahí nació el factor de impacto, como herramienta interna de selección. Garfield había observado un fenómeno que el bibliotecario británico Samuel Bradford ya había descrito en 1934: en cualquier disciplina, un número pequeño de revistas concentra la mayor parte de los artículos importantes y de las citas. Si se cubrían bien esas revistas, se cubría lo esencial. En 1975 empezó a publicar los Journal Citation Reports, con el factor de impacto de cada revista, y los bibliotecarios los adoptaron para decidir qué suscripciones mantener.

El cálculo es sencillo. El factor de impacto de una revista en un año dado es el número de citas que recibieron ese año los artículos que publicó en los dos años anteriores, dividido por el número de artículos citables que publicó en esos dos años. Para el año 2024:

FI2024=citas recibidas en 2024 por lo publicado en 2022 y 2023artıˊculos citables publicados en 2022 y 2023\text{FI}_{2024} = \frac{\text{citas recibidas en 2024 por lo publicado en 2022 y 2023}}{\text{artículos citables publicados en 2022 y 2023}}

Si una revista publicó 200 artículos entre 2022 y 2023, y esos artículos recibieron en 2024 un total de 800 citas en las revistas que indexa la base de datos, su factor de impacto para 2024 es 4. Se cuentan como citables los artículos de investigación y las revisiones, pero no las cartas, los editoriales ni las noticias; en cambio, las citas que reciben esas piezas sí suman en el numerador. Esta asimetría es una de las rendijas por las que algunas revistas han inflado su valor.

Las dos ventanas del factor de impacto de 2024

El problema no está en la fórmula sino en el uso. El factor de impacto describe una revista, no los artículos que publica. La distribución de las citas dentro de una revista es muy desigual: el biólogo noruego Per Seglen mostró en 1997 que, en una revista típica, la mitad más citada de los artículos recibe alrededor del noventa por ciento de las citas. La mayoría de los artículos de una revista con factor de impacto alto se cita menos de lo que ese número sugiere, y algunos no se citan nunca. Atribuir a un artículo, y por tanto a su autor, el factor de impacto de la revista donde se publicó es un error estadístico, porque la media no representa a casi ninguno de los casos.

Tampoco se pueden comparar disciplinas. En biología molecular se cita mucho y deprisa, y los factores de impacto altos son frecuentes; en matemáticas o en humanidades se publica menos, se cita menos y las citas llegan años más tarde, fuera de la ventana de dos años. Una revista de historia excelente puede tener un factor de impacto inferior a 1. Además, la base de datos cubre sobre todo revistas en inglés, y los libros, tan importantes en las humanidades, apenas cuentan. Por eso la revista Nature, la Revista de Filología Española y una revista de matemáticas no se pueden poner en la misma escala.

Como el indicador pesaba en contrataciones, sexenios y financiación, surgieron maneras de manipularlo: editores que pedían a los autores citar artículos de la propia revista, revisiones publicadas por su capacidad de acumular citas, y grupos de revistas que se citaban entre sí. Clarivate retira cada año el factor de impacto a algunas revistas por autocitas anómalas o por lo que llama apilamiento de citas. En 2005 el físico Jorge Hirsch propuso el índice h, que se aplica a personas y no a revistas: un investigador tiene un índice h de 20 si 20 de sus artículos tienen al menos 20 citas cada uno. Tiene sus propios defectos, como favorecer a quien lleva más años publicando.

La reacción de la propia comunidad científica llegó en 2012 con la Declaración de San Francisco sobre la Evaluación de la Investigación, conocida como DORA, que pide no usar el factor de impacto de las revistas para evaluar a investigadores concretos, ni para contratar, ni para promocionar, ni para financiar. La han firmado decenas de miles de personas e instituciones. En 2015, el Manifiesto de Leiden propuso diez principios para usar los indicadores con cautela: como apoyo del juicio experto y no como sustituto, teniendo en cuenta las diferencias entre disciplinas y los contextos locales. En Europa, la coalición CoARA, lanzada en 2022, ha comprometido a centenares de agencias y universidades a reformar sus sistemas de evaluación en esa dirección.

El factor de impacto sigue siendo útil para lo que Garfield lo creó: comparar revistas de una misma disciplina y orientar a bibliotecarios y autores sobre cuáles son más leídas. Lo que la bibliometría ha aprendido en estos años es que un número que resume a una revista no dice nada seguro sobre el valor de un artículo concreto, y menos aún sobre la persona que lo escribió.

Divulgación científica – Búsqueda bibliográfica – Referencia bibliográfica – La ley de Zipf – El DOI – El acceso abierto

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Fuentes

  1. Eugene GarfieldCitation Indexes for Science: A New Dimension in Documentation through Association of IdeasScience 122 (3159)1955enlace
  2. Eugene GarfieldCitation Analysis as a Tool in Journal EvaluationScience 178 (4060)1972enlace
  3. Eugene GarfieldThe History and Meaning of the Journal Impact FactorJAMA 295 (1)2006enlace
  4. Per O. SeglenWhy the Impact Factor of Journals Should Not Be Used for Evaluating ResearchBMJ 314 (7079)1997enlace
  5. Jorge E. HirschAn Index to Quantify an Individual's Scientific Research OutputProceedings of the National Academy of Sciences 102 (46)2005enlace
  6. Diana Hicks, Paul Wouters, Ludo Waltman, Sarah de Rijcke e Ismael RafolsBibliometrics: The Leiden Manifesto for Research MetricsNature 520 (7548)2015enlace
  7. Declaración de San Francisco sobre la Evaluación de la InvestigaciónSan Francisco Declaration on Research Assessment (DORA)American Society for Cell Biology2012enlace
Sarasola, Josemari (2024). "El factor de impacto". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/el-factor-de-impacto/

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