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Funcionalismo

El funcionalismo es la corriente que explica una institución, una costumbre o una norma por la función que cumple en el conjunto del que forma parte: por lo que aporta al mantenimiento, el equilibrio o la continuidad de la sociedad, y no por la intención de quienes la practican ni por su origen histórico. Durante medio siglo fue el modo dominante de razonar en sociología y en antropología social, y su huella es tan honda que buena parte del vocabulario común de las ciencias sociales sigue siendo suyo: hablar de la «función» de la escuela o de la familia es hablar en funcionalista aunque no se sepa.

La raíz es el organicismo del siglo XIX, la idea de que una sociedad se parece a un cuerpo: partes diferenciadas, cada una con su oficio, cuya cooperación mantiene vivo el todo. Herbert Spencer la desarrolló con literalidad casi anatómica —sistema regulador, sistema sustentador, sistema distribuidor— y de ahí sacó una conclusión política que después pesaría sobre toda la escuela: si la sociedad se equilibra sola, intervenir es estorbar. Durkheim heredó la analogía y la corrigió en un punto decisivo al separar dos preguntas que Spencer mezclaba. La causa de una institución (por qué apareció) y su función (para qué sirve ahora) son cosas distintas, hay que investigarlas por separado, y confundirlas es dar por explicado un hecho con solo señalar su utilidad.

Retrato fotográfico de Herbert Spencer, anciano, de perfil tres cuartos
Fig. 1 Herbert Spencer, que acuñó «supervivencia del más apto» antes de que Darwin lo adoptara. Su versión de la analogía orgánica venía con una moraleja incorporada, y ese equipaje político acompañó al funcionalismo mucho después de que sus autores dejaran de suscribirlo.Autoría desconocida · 1903 · Dominio público · Wikimedia Commons

En antropología el enfoque cristalizó en dos versiones rivales. La de Bronisław Malinowski es un funcionalismo biológico: toda institución cultural responde, en última instancia, a una necesidad humana básica —alimento, reproducción, seguridad, salud— o a las necesidades derivadas que la propia organización genera. Su ejemplo célebre es la magia de los trobriandeses, que se practica para la pesca en alta mar y no para la pesca en la laguna: donde hay riesgo y azar aparece el rito, porque su función es hacer manejable la ansiedad. La de A. R. Radcliffe-Brown es un funcionalismo estructural, y su blanco es precisamente el psicologismo del anterior: lo que hay que explicar no son necesidades individuales sino la persistencia de una estructura social, la red de relaciones entre posiciones, y la función de una costumbre es la contribución que hace a mantener esa red. La diferencia no es de matiz. Determina si el objeto de la ciencia son las personas o las relaciones, y de la segunda respuesta sale el enfoque estructural funcionalista.

Bronisław Malinowski sentado entre habitantes de las islas Trobriand
Fig. 2 Malinowski en las Trobriand, hacia 1918. Su funcionalismo nació del trabajo de campo prolongado y fue, en su momento, una herramienta contra el evolucionismo: si cada costumbre cumple una función en el presente, deja de tener sentido leerla como el resto fósil de un estadio anterior.Autoría desconocida (atribuida a Stanisław Ignacy Witkiewicz) · 1918 · Dominio público · Wikimedia Commons

En sociología la ambición máxima fue la de Talcott Parsons, que intentó una teoría general del sistema de acción con cuatro requisitos funcionales que todo sistema debe resolver para durar: adaptación al entorno, consecución de metas, integración de sus partes y mantenimiento de los patrones normativos. Su discípulo Robert K. Merton hizo lo contrario y le fue mucho mejor: en lugar de una gran teoría, propuso teorías de alcance medio y tres correcciones que salvaron al funcionalismo de sus propios excesos. La primera es la distinción entre funciones manifiestas, buscadas y reconocidas, y latentes, ni buscadas ni reconocidas —la danza de la lluvia de los hopi no trae lluvia, pero reúne al grupo y reafirma su identidad, y esa es la razón por la que dura—. La segunda es la noción de disfunción: hay elementos que perjudican al conjunto, y lo relevante es el balance neto. La tercera son los equivalentes funcionales: una misma necesidad puede cubrirse de varias maneras, de modo que constatar que algo cumple una función no demuestra que fuera necesario.

Retrato fotográfico de Alfred Radcliffe-Brown hacia 1930
Fig. 3 A. R. Radcliffe-Brown hacia 1930. Su definición de función —la contribución de una costumbre al mantenimiento de la estructura social— desplazó el objeto de la antropología de las personas a las relaciones entre posiciones, y ese desplazamiento sigue vigente aunque su teoría no lo esté.Sarah Chinnery · 1930 · Dominio público · Wikimedia Commons

El mejor sitio para ver el funcionalismo funcionando —y fallando— es la teoría de la estratificación de Kingsley Davis y Wilbert Moore, publicada en 1945. Su argumento es limpio: toda sociedad debe colocar a las personas adecuadas en las posiciones importantes; algunas posiciones exigen talento escaso y una preparación larga y costosa; luego hace falta ofrecer recompensas desiguales para que alguien acepte pagar ese precio; luego la desigualdad de ingresos y prestigio es una necesidad funcional de cualquier sociedad. Melvin Tumin lo desmontó pieza por pieza en 1953, y su réplica es un buen manual de crítica. ¿Quién decide qué posiciones son importantes, si no es la propia distribución de recompensas que se pretende explicar? El talento no es escaso: lo que escasea es el acceso a la formación, y la estratificación existente es precisamente lo que restringe ese acceso, de modo que el sistema no descubre el mérito sino que lo desperdicia. La formación larga no es solo un coste, también es un privilegio, y quien la recibe suele estar mantenido mientras la recibe. Y las recompensas reales no siguen la escala de importancia funcional por ningún criterio razonable. El intercambio Davis-Moore-Tumin es el momento en que la sociología comprobó que una explicación funcional puede ser impecable en su forma y falsa en cada uno de sus pasos.

Las críticas llegaron a la vez desde tres lados y en los años sesenta lo derribaron. La primera es lógica: explicar algo por sus efectos es teleología disfrazada, salvo que se muestre el mecanismo concreto por el que un efecto beneficioso hace que su causa se mantenga, y el funcionalismo clásico casi nunca lo mostraba. La segunda es política: si todo lo que existe cumple una función, todo lo que existe queda justificado, y una teoría del equilibrio no tiene manera de dar cuenta del conflicto ni del cambio; C. Wright Mills se burló del sistema de Parsons llamándolo «gran teoría», un aparato inmenso para decir cosas modestas. La tercera es antropológica en el sentido filosófico: Dennis Wrong señaló que el funcionalismo trabaja con una concepción sobresocializada del ser humano, individuos que interiorizan las normas sin resto y actúan como el sistema requiere, lo que hace inexplicable que alguien desobedezca.

Ninguna de esas objeciones ha impedido que el marco siga operando, aunque casi nadie reivindique la etiqueta. Los neofuncionalistas de los años ochenta, con Jeffrey Alexander a la cabeza, lo recuperaron sin el equilibrio ni el consenso obligatorios; Niklas Luhmann lo reformuló entero en clave de sistemas autorreferentes que reducen complejidad; y la pregunta funcional sigue siendo el primer paso razonable ante una costumbre incomprensible: antes de tacharla de irracional, conviene averiguar qué sostiene. El propio Merton dejó escrito el criterio que separa el buen uso del malo, y es exigente: la función solo explica si se identifica el mecanismo que la reproduce y se especifica para quién resulta funcional. Sin esas dos cláusulas, decir que algo cumple una función es una manera elegante de no explicar nada.

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Fuentes

  1. Herbert SpencerThe Principles of SociologyWilliams and Norgate1876
  2. Émile DurkheimLes règles de la méthode sociologiqueFélix Alcan1895
  3. A. R. Radcliffe-BrownOn the Concept of Function in Social ScienceAmerican Anthropologist, 37(3)1935
  4. Bronisław MalinowskiA Scientific Theory of Culture and Other EssaysUniversity of North Carolina Press1944
  5. Robert K. MertonSocial Theory and Social StructureThe Free Press1949
  6. Talcott ParsonsThe Social SystemThe Free Press1951
  7. Dennis H. WrongThe Oversocialized Conception of Man in Modern SociologyAmerican Sociological Review, 26(2)1961
  8. Jeffrey C. Alexander (ed.)NeofunctionalismSage1985
Sarasola, Josemari (2023). "Funcionalismo". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/funcionalismo/

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