Teotihuacan: la ciudad que los mexicas encontraron en ruinas

Teotihuacan fue una de las mayores ciudades del mundo hacia el año 400. Quién la construyó, qué hay bajo sus pirámides y por qué se abandonó.

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Teotihuacan es la gran ciudad prehispánica del centro de México, a unos cuarenta y cinco kilómetros al noreste de la capital actual. Entre el siglo I y el siglo VI de nuestra era fue la mayor ciudad de América y una de las mayores del mundo: hacia el año 400 vivían en ella, según los cálculos más aceptados, entre ochenta mil y ciento veinticinco mil personas, repartidas en unos veinte kilómetros cuadrados. Tenía más habitantes que cualquier ciudad europea de la época salvo Constantinopla. Y, sin embargo, casi todo lo que la gente sabe de ella, empezando por su nombre, se lo pusieron otros siglos después.

El nombre es náhuatl y lo usaban los mexicas, que llegaron al valle de México hacia el siglo XIV, cuando la ciudad llevaba setecientos años abandonada. Suele traducirse como «el lugar donde los hombres se convierten en dioses» o «el lugar de los dioses». Los mexicas encontraron las pirámides cubiertas de tierra y vegetación y las incorporaron a su propia historia sagrada: según los relatos que recogió fray Bernardino de Sahagún, allí se reunieron los dioses en la oscuridad para crear el quinto sol, y el pequeño y enfermo Nanahuatzin se arrojó a una hoguera para convertirse en él. De esa lectura mexica vienen también los nombres de la Pirámide del Sol, la Pirámide de la Luna y la Calzada de los Muertos, que los mexicas creyeron flanqueada de tumbas. No sabemos cómo llamaban los teotihuacanos a su ciudad, ni a sí mismos, ni con seguridad qué lengua hablaban. No dejaron textos largos que podamos leer.

Tres fotografías antiguas en blanco y negro pegadas en una página de álbum: una arboleda junto al agua, una larga avenida recta entre montículos y una pirámide cubierta de maleza al fondo
Fig. 1 Teotihuacan fotografiada por William Henry Jackson en 1883, antes de las grandes reconstrucciones del siglo XX. En la foto central, la Calzada de los Muertos con la Pirámide de la Luna al fondo; las pirámides eran todavía cerros de tierra y matorral.William Henry Jackson · 1883 · Dominio público · Wikimedia Commons

Lo que sí dejaron es una ciudad planificada con una disciplina que no tiene paralelo en Mesoamérica. Toda la traza está girada unos quince grados y medio al este del norte, y esa orientación se repite en calles, plazas, templos y viviendas, e incluso en el cauce del río San Juan, que los teotihuacanos desviaron para que corriera paralelo a la cuadrícula. El eje es la Calzada de los Muertos, de más de dos kilómetros, que arranca en la Pirámide de la Luna y pasa junto a la del Sol hasta llegar a la Ciudadela, un recinto cuadrado de unos cuatrocientos metros de lado. El arqueólogo René Millon dirigió en los años sesenta un proyecto que recorrió a pie toda la superficie de la ciudad y la cartografió edificio por edificio. Su mapa, publicado en 1973, es la base de casi todo lo que sabemos sobre su tamaño.

La Pirámide del Sol mide unos doscientos veinticinco metros de lado en la base y algo más de sesenta de altura, lo que la convierte en una de las mayores de América. Se levantó sobre todo en la primera mitad del siglo III. En 1971, al instalar un espectáculo de luz y sonido, se descubrió bajo ella una cueva artificial de más de cien metros que desemboca justo debajo del centro de la pirámide. La antropóloga Doris Heyden propuso en 1975 que la cueva fue anterior al edificio y que la pirámide se construyó encima a propósito, porque en la tradición mesoamericana las cuevas eran lugares de origen, por donde salían los pueblos y el agua. La altura que hoy se ve no es exactamente la original. Entre 1905 y 1910 Leopoldo Batres la reconstruyó a toda prisa para el centenario de la independencia, retiró varios metros del revestimiento exterior y dejó una silueta que los arqueólogos posteriores han criticado desde entonces.

El edificio más revelador es más pequeño. El Templo de la Serpiente Emplumada, dentro de la Ciudadela, está decorado con cabezas esculpidas de una serpiente con plumas y de un ser con anteojeras que se ha identificado con un tocado de guerra. A finales de los años ochenta las excavaciones de Rubén Cabrera, Saburo Sugiyama y George Cowgill encontraron bajo y alrededor del templo más de ciento treinta individuos sacrificados en el momento de su construcción, y se calcula que en total fueron unos doscientos, muchos con las manos atadas a la espalda y collares de dientes humanos, o de imitaciones de dientes en concha. Para Sugiyama, la disposición de los entierros muestra una ideología de Estado en la que la guerra y el sacrificio sostenían el poder de los gobernantes.

En 2003, tras unas lluvias, se abrió un hueco al pie del mismo templo. El arqueólogo Sergio Gómez Chávez descubrió que daba a un túnel sellado hacia el año 250, que corre bajo el edificio a unos quince metros de profundidad a lo largo de un centenar de metros. Su excavación, que se prolongó más de una década, sacó decenas de miles de objetos depositados como ofrenda: conchas, jade, pirita, figurillas, semillas, restos de animales, e incluso mercurio líquido en el fondo. Todavía se discute qué era aquel túnel, pero todo apunta a que representaba el inframundo.

Teotihuacan fue una ciudad de vecinos. La mayoría de sus habitantes no vivía en chozas sino en unos dos mil conjuntos de departamentos de una sola planta, con muros exteriores ciegos y patios interiores, donde convivían varias familias emparentadas o dedicadas al mismo oficio. Algunos barrios estaban habitados por gente de otras regiones: en el llamado barrio oaxaqueño se enterraba a los muertos al estilo zapoteca y se usaba cerámica de Oaxaca durante siglos, y en otro se han encontrado vasijas de la costa del Golfo y del área maya. La ciudad atraía a gente de lejos y los dejaba conservar sus costumbres.

Su influencia llegó hasta el área maya. Las inscripciones de Tikal, en la actual Guatemala, cuentan que en el año 378 llegó a la ciudad un personaje llamado Siyaj K’ahk’ el mismo día en que murió el rey local, y que poco después ocupaba el trono un nuevo linaje con símbolos teotihuacanos. El epigrafista David Stuart leyó en 2000 esa «llegada de extranjeros» como una intervención política, quizá militar, venida del centro de México. No todos están de acuerdo en el alcance, pero las lanzadoras, los tocados y las imágenes del dios de la lluvia de estilo teotihuacano que aparecen en monumentos mayas de esos años dejan claro que el contacto fue algo más que comercio.

El final llegó hacia el año 550, con un gran incendio. No ardió toda la ciudad: el fuego se concentró en los templos y los palacios de la Calzada de los Muertos, y muchas esculturas se rompieron a propósito. Por eso la hipótesis más extendida desde Millon no es una invasión sino una revuelta interna contra la élite gobernante, en un momento en que se sospecha también una crisis agrícola. La población se dispersó poco a poco, y en el siglo VII Teotihuacan era un lugar mucho más pequeño. Cuando llegaron los mexicas, los cerros de tierra eran ya un recuerdo que había que explicar con dioses.

Teotihuacan es Patrimonio de la Humanidad desde 1987 y uno de los yacimientos más visitados de México. Su caso muestra por qué la arqueología trabaja sobre lo que los objetos dicen y no sobre lo que se les atribuye después: los nombres de sus pirámides, que todo el mundo repite, son una interpretación mexica de unas ruinas que ya eran antiguas para ellos, y la ciudad que se entrevé bajo los datos de excavación es distinta de la que imaginaron. El estudio de su contexto arqueológico y su estratigrafía sigue cambiando la historia.

Yacimiento arqueológico – Cultura material – Prospección arqueológica – Chichén Itzá – Cómo se construyeron las pirámides de Egipto – La Virgen de Guadalupe

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Fuentes

  1. René MillonUrbanization at Teotihuacan, Mexico. Vol. 1: The Teotihuacan MapUniversity of Texas Press, Austin1973
  2. George L. CowgillState and Society at Teotihuacan, MexicoAnnual Review of Anthropology 261997enlace
  3. George L. CowgillAncient Teotihuacan: Early Urbanism in Central MexicoCambridge University Press, Cambridge2015enlace
  4. Doris HeydenAn Interpretation of the Cave underneath the Pyramid of the Sun in Teotihuacan, MexicoAmerican Antiquity 40 (2)1975enlace
  5. Saburo SugiyamaHuman Sacrifice, Militarism, and Rulership: Materialization of State Ideology at the Feathered Serpent Pyramid, TeotihuacanCambridge University Press, Cambridge2005enlace
  6. Bernardino de SahagúnHistoria general de las cosas de Nueva España, libro VIICódice Florentino1577
  7. David StuartThe Arrival of Strangers: Teotihuacan and Tollan in Classic Maya HistoryEn D. Carrasco, L. Jones y S. Sessions (eds.), Mesoamerica's Classic Heritage, University Press of Colorado2000
  8. UNESCOPre-Hispanic City of TeotihuacanLista del Patrimonio Mundial, n.º 4141987enlace
Sarasola, Josemari (2026). "Teotihuacan: la ciudad que los mexicas encontraron en ruinas". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/teotihuacan/

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