Chichén Itzá: la pirámide, el cenote y lo que se sabe de verdad

Qué fue Chichén Itzá, qué significa la serpiente del equinoccio, qué salió del cenote sagrado y qué ha descubierto el ADN antiguo sobre sus sacrificios.

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Chichén Itzá es la ciudad maya más famosa del mundo y el yacimiento arqueológico más visitado de México. Está en el norte de la península de Yucatán, a unos ciento veinte kilómetros de Mérida, y su nombre significa «la boca del pozo de los itzáes»: chi es boca, ch’e’en es pozo y los itzáes eran el grupo que la dominó. Vivió su gran época entre los siglos IX y XI, cuando otras ciudades mayas del sur ya estaban en declive. Su pirámide principal aparece en billetes, anuncios y listas de maravillas, y en torno a ella circulan casi tantas leyendas como datos.

Un pozo explica el lugar. En el norte de Yucatán no hay ríos en superficie. La roca caliza está agujereada por dentro y el agua corre por galerías subterráneas; donde el techo se hunde se abre un cenote, un pozo natural con agua dulce. Chichén Itzá creció entre varios de ellos, y uno, el cenote sagrado, de unos sesenta metros de diámetro y paredes verticales de unos quince metros hasta el agua, se convirtió en su gran santuario. Un camino ceremonial de unos trescientos metros lo une con la plaza principal.

Grabado coloreado de una pirámide escalonada cubierta de vegetación, con un templo en lo alto, rodeada de selva baja y con dos figuras pequeñas en primer plano
Fig. 1 El Castillo según Frederick Catherwood, que acompañó a John Lloyd Stephens en sus viajes por Yucatán en 1841 y 1842. Sus dibujos y el libro de Stephens dieron a conocer Chichén Itzá en Europa y Estados Unidos.Frederick Catherwood · 1844 · Dominio público · Wikimedia Commons

La pirámide se llama oficialmente Templo de Kukulcán, aunque los españoles la bautizaron El Castillo y el nombre se quedó. Kukulcán es la serpiente emplumada, la misma divinidad que en el centro de México se llamaba Quetzalcóatl. El edificio tiene nueve cuerpos escalonados, unos veinticuatro metros de altura hasta la plataforma y un templo encima. Cada una de sus cuatro escaleras tiene noventa y un peldaños. Sumados dan trescientos sesenta y cuatro, y con la plataforma superior se llega a trescientos sesenta y cinco, los días del año solar. La cuenta es real, aunque el número de peldaños de las escaleras restauradas no siempre coincide del todo y la interpretación se ha hecho a posteriori.

El fenómeno que hace famosa la pirámide ocurre en los equinoccios de primavera y otoño. Por la tarde, la sombra de las esquinas escalonadas dibuja sobre la barandilla de la escalera norte una hilera de triángulos de luz que baja hasta la cabeza de serpiente esculpida al pie. Parece una serpiente que desciende. Miles de personas acuden cada 21 de marzo a verlo. Lo que no está claro es que fuera buscado. El efecto se aprecia varios días antes y después del equinoccio, no solo esa tarde, y no hay ninguna fuente maya ni colonial que lo mencione. Se popularizó en el siglo XX, sobre todo a partir de los años setenta. El arqueoastrónomo Ivan Šprajc, que ha medido la orientación de cientos de edificios mesoamericanos, sostiene que los mayas no tenían un concepto de equinoccio como el nuestro y que las orientaciones de sus templos apuntan a otras fechas del calendario agrícola. La serpiente de luz existe y es espectacular; que sea un mensaje de sus constructores es una hipótesis.

Dentro de El Castillo hay otra pirámide. Las excavaciones mexicanas de los años treinta abrieron un túnel y encontraron un edificio anterior, más pequeño, con su propio templo intacto: dentro había una escultura reclinada del tipo llamado chac mool y un trono en forma de jaguar pintado de rojo con incrustaciones de jade. En 2016 un equipo de la UNAM, con tomografía eléctrica, detectó indicios de una tercera estructura aún más antigua en el interior. Construir encima de lo anterior era la costumbre mesoamericana: cada renovación envolvía al templo viejo.

Pozo natural casi circular con paredes de roca caliza cortadas a pico y agua verde en el fondo, rodeado de vegetación
Fig. 2 El cenote sagrado. Diego de Landa escribió hacia 1566 que en él se arrojaban hombres vivos en tiempos de sequía, y que se creía que no morían aunque no se les volviera a ver.Altairisfar · 2008 · Dominio público · Wikimedia Commons

El cenote sagrado es la parte más dramática y peor contada de la historia. El obispo Diego de Landa, en su Relación de las cosas de Yucatán, escrita hacia 1566, recogió que allí se arrojaban personas vivas como ofrenda en tiempos de sequía, además de objetos preciosos. De ahí nació la leyenda de las doncellas vírgenes sacrificadas al dios de la lluvia, que el siglo XIX adornó a su gusto. En 1894 el cónsul estadounidense Edward Herbert Thompson compró la hacienda en la que estaba el yacimiento y entre 1904 y 1910 dragó el cenote con una grúa y buceó en él. Sacó jade, oro, cobre, cerámica, copal, textiles y huesos humanos, y envió la mayor parte, sin permiso del gobierno mexicano, al Museo Peabody de la Universidad de Harvard. Tras años de reclamaciones, Harvard devolvió a México una parte en 1959 y otra mayor en 1976.

Pequeña figura humana de oro con tocado de alas, expuesta en una vitrina sobre fondo claro
Fig. 3 Una figurilla de oro dragada del cenote sagrado. El oro no se trabajaba en Yucatán: estas piezas llegaron por comercio desde Centroamérica y muestran hasta dónde alcanzaba el prestigio del santuario.Gary Todd · 2012 · CC0 (dominio público) · Wikimedia Commons

Los huesos cuentan otra historia que la de las doncellas. Los estudios de los restos del cenote identificaron a hombres y mujeres de todas las edades, y una proporción muy alta de niños. En 2024 un equipo internacional dirigido por Rodrigo Barquera, del Instituto Max Planck, publicó en Nature el análisis del ADN de sesenta y cuatro individuos enterrados en un chultún, un depósito subterráneo cercano al cenote sagrado. Todos eran niños varones, casi todos locales, y muchos estaban emparentados entre sí; entre ellos había dos parejas de gemelos idénticos. Los investigadores relacionaron el hallazgo con el papel de los gemelos en el Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas quichés, donde dos hermanos gemelos descienden al inframundo y son sacrificados. El sacrificio en Chichén Itzá existió, pero su perfil no se parece al de la leyenda.

La ciudad plantea además una vieja discusión. Muchos de sus edificios, como el Templo de los Guerreros con sus columnas de serpientes o el tzompantli, la plataforma decorada con cráneos, se parecen tanto a los de Tula, en el actual estado de Hidalgo, a más de mil kilómetros, que durante el siglo XX se aceptó que los toltecas conquistaron Chichén Itzá. Hoy se prefiere hablar de dos ciudades conectadas que compartieron un mismo lenguaje político y artístico, sin que esté claro quién influyó a quién. También está el gran juego de pelota, el mayor de Mesoamérica, de unos ciento sesenta y ocho metros de largo, con dos anillos de piedra a varios metros de altura y unos relieves en los que un jugador aparece decapitado.

Chichén Itzá se deshizo como centro de poder hacia el siglo XIII, cuando Mayapán tomó el relevo en el norte de Yucatán, pero el cenote siguió recibiendo peregrinos hasta después de la conquista. Es Patrimonio de la Humanidad desde 1988. Su caso es un buen ejemplo de cómo la evidencia arqueológica corrige al relato: la serpiente del equinoccio, las vírgenes del cenote y la invasión tolteca fueron durante décadas «lo que se sabía» de la ciudad, y las tres han cambiado con las mediciones, los huesos y el ADN.

Yacimiento arqueológico – Restos arqueológicos – Contexto arqueológico – Teotihuacan – Cómo se construyeron las pirámides de Egipto – Tutankamón y Howard Carter

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Fuentes

  1. Diego de LandaRelación de las cosas de YucatánManuscrito, Mérida1566
  2. John Lloyd StephensIncidents of Travel in YucatanHarper & Brothers, Nueva York1843
  3. Edward Herbert ThompsonPeople of the Serpent: Life and Adventure among the MayasHoughton Mifflin, Boston1932
  4. Clemency Chase Coggins y Orrin C. Shane III (eds.)Cenote of Sacrifice: Maya Treasures from the Sacred Well at Chichén ItzáUniversity of Texas Press, Austin1984
  5. Jeff Karl Kowalski y Cynthia Kristan-Graham (eds.)Twin Tollans: Chichén Itzá, Tula, and the Epiclassic to Early Postclassic Mesoamerican WorldDumbarton Oaks, Washington2007
  6. Rodrigo Barquera et al.Ancient genomes reveal insights into ritual life at Chichén ItzáNature 6302024enlace
  7. Ivan Šprajc y Pedro Francisco Sánchez NavaEquinoxes in Mesoamerican Architectural Alignments: Prehispanic Reality or Modern Myth?Anthropological Notebooks 19, suplemento2013
  8. UNESCOPre-Hispanic City of Chichen-ItzaLista del Patrimonio Mundial, n.º 4831988enlace
Sarasola, Josemari (2026). "Chichén Itzá: la pirámide, el cenote y lo que se sabe de verdad". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/chichen-itza/

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