El síndrome de Estocolmo

Seis días en un banco de Estocolmo, cuatro rehenes que defendieron a sus captores y un nombre que la psiquiatría nunca ha reconocido. La historia y las dudas.

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El síndrome de Estocolmo es el nombre popular del vínculo afectivo que algunas víctimas de secuestro desarrollan hacia sus captores: simpatía, defensa de sus actos e incluso hostilidad hacia quienes intentan rescatarlas. El término se usa desde 1973 en periódicos, tribunales y películas, pero no aparece en ningún manual diagnóstico, ni en el DSM-5 ni en la CIE-11, y la única revisión sistemática de la literatura concluyó que casi no hay investigación válida detrás. Es, a la vez, uno de los conceptos psicológicos más conocidos y uno de los peor fundados, y para entender por qué hay que volver al banco donde nació.

El 23 de agosto de 1973, Jan-Erik Olsson, un preso en permiso, entró con una metralleta en la sede del Kreditbanken en la plaza de Norrmalmstorg, en el centro de Estocolmo, disparó al techo y tomó cuatro rehenes: tres empleadas, Kristin Enmark, Birgitta Lundblad y Elisabeth Oldgren, y un empleado, Sven Säfström. Pidió tres millones de coronas, un coche, y que le trajeran a su amigo Clark Olofsson, un delincuente famoso que cumplía condena. La policía accedió a lo último. Durante seis días, rehenes y atracadores convivieron en la cámara acorazada mientras la policía rodeaba el edificio, la televisión retransmitía en directo y el país entero seguía el caso. Al segundo día, Enmark llamó por teléfono al primer ministro Olof Palme y le dijo que confiaba plenamente en los dos hombres, que temía morir en un asalto de la policía y que quería salir del banco con ellos en el coche. El 28 de agosto la policía taladró el techo de la cámara, lanzó gas lacrimógeno y los atracadores se rindieron sin que nadie resultara herido. Los rehenes se despidieron de ellos con abrazos y después se negaron a testificar en su contra.

Fachada del edificio del Kreditbanken en la plaza de Norrmalmstorg, Estocolmo, a finales de los años sesenta
Fig. 1 La sede del Kreditbanken en Norrmalmstorg, cinco años antes del atraco. Hoy el edificio alberga otros comercios.Ingemar Gram · 1968 · Dominio público · Wikimedia Commons

El criminólogo y psiquiatra Nils Bejerot, que asesoró a la policía durante el asedio, explicó la conducta de los rehenes como una reacción psicológica a la situación y la bautizó en la prensa sueca como «síndrome de Norrmalmstorg»; fuera de Suecia se quedó con el nombre de la ciudad. La explicación que se dio entonces, y que se repite desde hace medio siglo, es una mezcla de mecanismos conocidos. El rehén depende por completo del captor para seguir vivo, de modo que cualquier gesto de humanidad se vive como un regalo. El miedo se dirige hacia la amenaza más inmediata, que durante un asalto es la policía. Y la disonancia entre el terror y la convivencia forzada se resuelve reinterpretando al captor como alguien razonable. Se ha comparado con el apego infantil, que también nace de la dependencia total hacia quien puede dar o negar protección.

El caso que fijó el término en la cultura popular llegó un año después. En febrero de 1974, Patty Hearst, heredera de un imperio periodístico, fue secuestrada por el Ejército Simbionés de Liberación; dos meses después aparecía en las cámaras de un banco de San Francisco empuñando un fusil junto a sus secuestradores. Su defensa alegó coacción y lavado de cerebro, el jurado no la creyó y fue condenada; el presidente Carter le conmutó la pena en 1979 y Clinton la indultó en 2001. Desde entonces el síndrome de Estocolmo ha servido para explicar casos muy distintos: niñas secuestradas durante años, como Natascha Kampusch, que rechazó la etiqueta y dijo que trivializaba su historia, mujeres que no abandonan a una pareja violenta, o miembros de sectas. El FBI, que mantiene una base de datos de incidentes con rehenes, ha calculado que apenas un 8% de las víctimas muestra algo parecido, y sus negociadores lo consideran útil: un captor que ve a su rehén como persona tiene más difícil matarlo.

El problema es que la evidencia es muy delgada. En 2008, Namnyak y sus colegas revisaron toda la literatura publicada y encontraron que la mayor parte eran reportajes y casos únicos; no existían criterios diagnósticos acordados, ni estudios con grupos de comparación, ni forma de distinguir el síndrome de una respuesta normal al estrés extremo. Su título lo decía todo: ¿diagnóstico psiquiátrico o mito urbano? La propia Kristin Enmark ha dado desde entonces otra versión de lo que pasó en la cámara acorazada. En sus memorias, publicadas en 2015, cuenta que su conducta fue una estrategia racional de supervivencia, que Olofsson la trató con corrección y la policía con torpeza, y que la etiqueta sirvió sobre todo para no tener que escuchar las críticas de una rehén de veintitrés años al operativo que había puesto su vida en riesgo. La víctima que dice algo incómodo se convierte en enferma, y lo que dice deja de contar.

Esa es la objeción de fondo que hoy hacen muchos psicólogos y juristas. Una conducta adaptativa en una situación de poder absoluto no es una patología, y llamarla síndrome desplaza la atención del captor y del rescate hacia la cabeza de la víctima. Lo que el atraco de Norrmalmstorg mostró con claridad no fue un trastorno nuevo, sino cómo se comporta cualquier persona cuando su vida depende de alguien durante seis días. Que ese comportamiento siga explicándose con una palabra que la psiquiatría nunca llegó a definir dice más sobre quienes la usan que sobre quienes la sufrieron.

La disonancia cognitiva – Vínculos afectivos y apego – El experimento de la cárcel de Stanford – El experimento de Milgram – El control social

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Fuentes

  1. Nils BejerotThe six day war in StockholmNew Scientist 61 (886), 486-4871974
  2. G. Dwayne FuselierPlacing the Stockholm Syndrome in PerspectiveFBI Law Enforcement Bulletin 68 (7), 22-251999enlace
  3. M. Namnyak y otrosStockholm syndrome: psychiatric diagnosis or urban myth?Acta Psychiatrica Scandinavica 117 (1), 4-112008enlace
  4. Kristin Enmark y Mattias GöranssonJag blev StockholmssyndrometMondial2015
Sarasola, Josemari (2025). "El síndrome de Estocolmo". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/sindrome-de-estocolmo/

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