El control social es el conjunto de mecanismos con los que una sociedad consigue que sus miembros se comporten de acuerdo con sus normas y valores, y con los que responde cuando alguien se aparta de ellas. Incluye desde la mirada de desaprobación de un vecino hasta el código penal, y desde la educación de los niños hasta las cámaras de vigilancia. Es uno de los conceptos básicos de la sociología porque responde a una pregunta anterior a cualquier otra: cómo es posible el orden social, por qué la mayoría de la gente cumple la mayoría de las normas la mayor parte del tiempo, aunque nadie la esté obligando en ese momento.
El término se lo debe la sociología al estadounidense Edward Alsworth Ross, que lo usó en una serie de artículos entre 1896 y 1898 y en su libro Social Control (1901). Ross se preguntaba cómo podía mantenerse unida una sociedad industrial de grandes ciudades e inmigrantes, en la que ya no funcionaban los lazos de la aldea, e hizo una lista de los instrumentos del orden: la opinión pública, el derecho, las creencias, la educación, la costumbre, la religión, los ideales, el arte, la ilustración o el ceremonial. Para Ross, y para buena parte de la primera sociología estadounidense, el control social no era sinónimo de represión, sino la capacidad de una sociedad para regularse a sí misma según sus propios valores, un sentido amplio que el sociólogo Morris Janowitz reivindicó en 1975 frente al uso posterior, mucho más estrecho.

La idea tenía raíces europeas. Émile Durkheim había mostrado en La división del trabajo social (1893) que el tipo de sanciones de una sociedad revela el tipo de solidaridad que la une: en las sociedades tradicionales, donde todos comparten las mismas creencias, domina el derecho represivo, que castiga para expresar la indignación colectiva; en las modernas, basadas en la interdependencia entre funciones distintas, crece el derecho restitutivo, que busca reparar el daño. Durkheim sostenía además que la desviación es normal en toda sociedad y cumple una función: al castigarla, el grupo recuerda y refuerza sus normas. El estadounidense William Graham Sumner distinguió poco después entre los folkways, las costumbres cuya infracción solo provoca extrañeza o burla, y los mores, las normas morales cuya violación provoca una reacción mucho más dura.
La distinción más útil para entender el concepto es la que separa el control informal del control formal. El control informal lo ejercen la familia, los amigos, los vecinos, los compañeros de trabajo o la comunidad, mediante sanciones que no están escritas en ninguna parte: una sonrisa de aprobación, un elogio, una broma, un silencio incómodo, un chisme, la retirada del saludo o la exclusión del grupo. El control formal lo ejercen instituciones especializadas, como la policía, los tribunales, las prisiones, la escuela con su reglamento o la empresa con su régimen disciplinario, mediante sanciones codificadas: multas, suspensiones, despidos, penas de cárcel. Las sanciones pueden ser, en ambos casos, positivas, que premian la conformidad, o negativas, que castigan la desviación.

Contra lo que podría parecer, el control informal es mucho más importante que el formal para explicar por qué la gente cumple las normas. La mayoría no roba ni agrede por miedo a la policía, sino porque ha interiorizado esas normas durante la socialización y porque le importa lo que piensen de ella quienes la rodean. El control formal interviene sobre todo cuando el informal falla. Esa idea es el núcleo de la teoría del vínculo social que el criminólogo Travis Hirschi propuso en Causes of Delinquency (1969). En lugar de preguntar por qué algunas personas delinquen, Hirschi preguntó por qué la mayoría no lo hace, y respondió que las personas se abstienen de delinquir en la medida en que están unidas a la sociedad por cuatro vínculos: el apego a otras personas, cuya opinión les importa; el compromiso con metas convencionales, como los estudios o una carrera, que un delito pondría en peligro; la implicación en actividades convencionales, que deja poco tiempo libre para otras; y la creencia en la validez de las normas. Con datos de más de cuatro mil estudiantes de secundaria de California mostró que los jóvenes más unidos a sus padres y a la escuela eran los que menos delinquían. Más tarde, con Michael Gottfredson, desplazó el foco hacia el autocontrol que cada persona adquiere en la infancia.
Una tradición distinta invirtió la pregunta. Los teóricos del etiquetamiento, como Howard Becker en Outsiders (1963), sostuvieron que el control social no solo responde a la desviación, sino que la crea: son los grupos sociales los que, al establecer las normas y aplicarlas a determinadas personas, las convierten en desviadas. Becker estudió a los emprendedores morales, los grupos que hacen campaña para que una conducta se prohíba, y mostró cómo el etiquetado de alguien como delincuente o como enfermo puede empujarle a asumir esa identidad. Desde esta perspectiva, estudiar el control social es estudiar el poder: quién decide qué es normal y quién paga las consecuencias.
El análisis más influyente de esa relación entre control y poder es el de Michel Foucault en Vigilar y castigar (1975). Foucault tomó como emblema el panóptico, un proyecto de cárcel que el filósofo Jeremy Bentham había diseñado a finales del siglo XVIII: un edificio circular con las celdas en la periferia y una torre de vigilancia en el centro, desde la que un solo guardián podía ver a todos los presos sin ser visto. Como los presos nunca sabían si los estaban mirando, acababan comportándose siempre como si los miraran. Para Foucault, ese principio se había extendido a escuelas, fábricas, cuarteles y hospitales, y definía una sociedad disciplinaria en la que el poder no se impone solo castigando, sino vigilando, examinando, clasificando y normalizando, hasta que cada individuo se vigila a sí mismo.

Los sociólogos posteriores han discutido cómo ha cambiado el control desde entonces. Stanley Cohen advirtió en 1985 que las alternativas a la cárcel, como la libertad condicional o los programas comunitarios, no habían sustituido a la prisión sino que habían ampliado la red del control a más personas. Gilles Deleuze propuso en 1990 que las sociedades disciplinarias estaban dando paso a sociedades de control, en las que el poder ya no encierra en instituciones sino que sigue a las personas de forma continua mediante códigos, contraseñas y datos. La expansión de la videovigilancia, del rastreo de la actividad en internet y de los sistemas de puntuación de conducta ha dado a esa idea una actualidad que Deleuze apenas podía imaginar, y ha llevado a hablar de un capitalismo de la vigilancia.
Un estudio de 1997 recuperó, en cambio, la cara positiva del control informal. Robert Sampson, Stephen Raudenbush y Felton Earls encuestaron a casi nueve mil vecinos de 343 barrios de Chicago y les preguntaron si confiaban en sus vecinos y si creían que estos intervendrían en situaciones como unos niños haciendo novillos o pintando grafitis. Llamaron eficacia colectiva a esa combinación de confianza y disposición a intervenir, y mostraron que los barrios con más eficacia colectiva tenían menos violencia, incluso a igualdad de pobreza. El hallazgo devolvía la idea al punto de partida de Ross: una comunidad capaz de regularse a sí misma necesita menos policía.
El concepto sirve, en definitiva, para analizar cualquier situación social en la que hay normas y reacciones ante su incumplimiento, desde una clase de secundaria hasta una red social. Las preguntas son siempre las mismas: qué normas se protegen, quién las aplica, con qué sanciones, a quién se aplican con más dureza y hasta qué punto las personas las han hecho suyas. Una sociedad sin ningún control social sería imposible; una sociedad con un control total sería invivible. Entre ambos extremos se juega buena parte de la política.
Anomia – Norma – Panóptico y panoptismo – Capitalismo de la vigilancia – Justicia restaurativa – El suicidio de Durkheim
Fuentes
- Émile DurkheimDe la division du travail socialFélix Alcan, París1893
- Edward Alsworth RossSocial Control: A Survey of the Foundations of OrderMacmillan, Nueva York1901
- William Graham SumnerFolkwaysGinn and Company, Boston1906
- Howard S. BeckerOutsiders: Studies in the Sociology of DevianceFree Press, Nueva York1963
- Travis HirschiCauses of DelinquencyUniversity of California Press, Berkeley1969
- Morris JanowitzSociological Theory and Social ControlAmerican Journal of Sociology 81 (1), 82-1081975enlace
- Michel FoucaultSurveiller et punir: naissance de la prisonGallimard, París1975
- Stanley CohenVisions of Social Control: Crime, Punishment and ClassificationPolity Press, Cambridge1985
- Gilles DeleuzePost-scriptum sur les sociétés de contrôleL'Autre Journal 11990
- Michael R. Gottfredson y Travis HirschiA General Theory of CrimeStanford University Press, Stanford1990
- Robert J. Sampson, Stephen W. Raudenbush y Felton EarlsNeighborhoods and Violent Crime: A Multilevel Study of Collective EfficacyScience 277 (5328), 918-9241997enlace