Paradigma positivista

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El paradigma positivista es la posición según la cual el conocimiento legítimo procede exclusivamente de lo observable, se expresa en leyes generales y se comprueba mediante medición y experimento, de modo que las ciencias sociales deben proceder igual que las naturales o renunciar a llamarse ciencias. Se le llama también paradigma naturalista o empírico-analítico, y ha sido durante siglo y medio la posición por defecto en investigación social: la que no necesita justificarse porque se da por supuesta.

El término lo acuñó Auguste Comte en el Curso de filosofía positiva (1830-1842), donde «positivo» no significa afirmativo sino efectivo, comprobable, opuesto a lo teológico y a lo metafísico. Su tesis famosa es la ley de los tres estados: cada rama del saber pasa por una etapa teológica, en la que los fenómenos se explican por voluntades sobrenaturales; otra metafísica, en la que las voluntades se sustituyen por esencias y fuerzas abstractas; y una tercera positiva, en la que se renuncia a preguntar por qué y se investiga cómo, buscando las leyes constantes que ligan unos hechos con otros. Comte ordena las ciencias según el momento en que alcanzan ese tercer estado —matemáticas, astronomía, física, química, biología— y reserva el último puesto para la que aún faltaba, que primero llamó física social y después sociología, palabra que inventó él.

Daguerrotipo de Auguste Comte, sentado, de frente, hacia mediados del siglo XIX
Fig. 1 Auguste Comte en daguerrotipo. Acuñó «sociología» y «positivismo», y al final de su vida fundó una religión de la humanidad con calendario de santos laicos y catecismo: la idea de que basta con los hechos ha convivido desde el principio con una fe considerable en lo que los hechos traerían.Autoría desconocida · 1849 · Dominio público · Wikimedia Commons

Conviene separar dos cosas que suelen confundirse. Una es la doctrina de Comte, con su filosofía de la historia, su jerarquía de saberes y su desenlace religioso, que hoy no defiende nadie. Otra es el conjunto de reglas de trabajo que el positivismo dejó en herencia y que sí gobiernan la investigación corriente: interés por lo nomotético, es decir, por la ley general antes que por el caso; formulación explícita de hipótesis; operacionalización de los conceptos en variables medibles; verificación por observación y experimento; uso de técnicas estadísticas; y separación tajante entre los hechos que se describen y los valores de quien los describe. Casi cualquier artículo cuantitativo de ciencias sociales publicado hoy respeta esas reglas sin mencionar a Comte, igual que se habla en prosa sin saberlo.

Portada del tomo sexto y último del Cours de philosophie positive, París, 1842
Fig. 2 Tomo sexto y último del Cours, 1842. El subtítulo lo dice todo sobre la ambición del proyecto: «el complemento de la filosofía social y las conclusiones generales». La sociología no se propuso como una disciplina más, sino como la que remataba el edificio entero del saber.Auguste Comte · 1842 · Dominio público · Wikimedia Commons

La segunda oleada, y la que dio al positivismo su forma filosófica rigurosa, fue el Círculo de Viena de los años veinte y treinta: Moritz Schlick, Rudolf Carnap, Otto Neurath, Hans Hahn y su entorno, con Wittgenstein al fondo. Su manifiesto de 1929 propone una concepción científica del mundo articulada sobre dos ideas. La primera es el criterio verificacionista de significado: un enunciado tiene sentido si y solo si puede comprobarse empíricamente o es una verdad lógica; el resto —la metafísica, la teología, buena parte de la ética— no es falso, es literalmente insignificante. La segunda es la ciencia unificada, la aspiración a un lenguaje común en el que las afirmaciones de todas las disciplinas puedan traducirse y contrastarse. Este neopositivismo fue mucho más sofisticado que el de Comte y también mucho más autocrítico: sus propios miembros descubrieron los problemas antes que sus adversarios.

Retrato fotográfico de Otto Neurath, de gesto enérgico, hacia los años treinta
Fig. 3 Otto Neurath, del Círculo de Viena, autor de la imagen que mejor resume lo que quedó del positivismo: somos marineros que deben reparar el barco en alta mar, sin poder desmontarlo nunca en dique seco para reconstruirlo desde la quilla.Heinrich Hoffmann · 1919 · Dominio público · Wikimedia Commons

El criterio verificacionista se hundió por su propio peso. No verifica las leyes universales, que ninguna cantidad finita de observaciones agota; no verifica los enunciados sobre el pasado ni sobre lo inobservable; y, aplicado a sí mismo, se declara insignificante, porque no hay observación que verifique el criterio de verificación. Carl Hempel documentó el fracaso de los sucesivos intentos de arreglarlo en un artículo de 1950 que suele leerse como el certificado de defunción. Neurath había visto antes el problema por otro lado: no existen enunciados de observación puros y últimos sobre los que apoyar el edificio, porque incluso los protocolos de laboratorio son revisables, y de ahí su metáfora del barco que hay que reparar en el mar. Con ella el positivismo lógico renuncia a los cimientos y se queda con la coherencia mutua y la revisión permanente, que es bastante menos de lo que prometía y bastante más de lo que sus críticos suelen concederle.

El final del Círculo de Viena no fue filosófico. En junio de 1936 Moritz Schlick fue asesinado a tiros en la escalinata de la universidad por un antiguo alumno, y parte de la prensa vienesa presentó el crimen como consecuencia lógica de una filosofía judía y materialista, aunque Schlick no era judío. Dos años después llegó la anexión alemana y el grupo se deshizo: Carnap y Feigl a Estados Unidos, Neurath a Holanda y después a Inglaterra huyendo en un bote, Gödel a Princeton, Waismann a Oxford. El exilio tuvo una consecuencia que suele pasarse por alto al contar la historia de las ideas: el empirismo lógico se convirtió en la filosofía de la ciencia dominante en el mundo anglosajón de posguerra porque sus autores estaban allí, y el proyecto de la enciclopedia de la ciencia unificada que dirigía Neurath acabó publicando, en 1962, el libro que más contribuyó a derribarlo, La estructura de las revoluciones científicas de Thomas Kuhn.

En ciencias sociales la discusión adoptó un tono más áspero, y culminó en la disputa del positivismo que enfrentó desde 1961 a la Escuela de Fráncfort con el racionalismo crítico. Adorno y Habermas sostenían que una ciencia social que se limita a describir regularidades y se declara neutral respecto de los fines termina legitimando lo existente, porque naturaliza como hechos lo que son relaciones de dominación históricas. Popper y Hans Albert contestaban que la crítica confundía objetividad con conformismo y que sin contraste empírico la teoría crítica no tiene manera de saber si se equivoca. El episodio tiene una ironía instructiva: Popper había dedicado su obra a refutar al Círculo de Viena y fue etiquetado de positivista por sus adversarios de Fráncfort. Desde entonces, «positivista» funciona en buena parte de la literatura social como un reproche antes que como una descripción, y a menudo significa simplemente «cuantitativo».

Frente a él se han consolidado dos alternativas. El paradigma interpretativo sostiene que la acción humana tiene sentido para quien la realiza y que ignorarlo deja fuera lo esencial del fenómeno. El paradigma sociocrítico añade que investigar es intervenir, y que la neutralidad declarada es una toma de posición encubierta. Ninguno de los tres ha vencido, y la práctica real de la disciplina hace tiempo que dejó de exigir que se elija: los diseños mixtos, la estadística bayesiana y la etnografía comparada conviven sin pedirse permiso. Lo que queda del paradigma positivista es su exigencia mínima, y no es poca: que las afirmaciones se enuncien de modo que puedan comprobarse y que los datos que las sostienen estén a la vista de cualquiera. Lo que se ha perdido es su promesa máxima, la de que bastaba con eso.

Conocimiento científico – Método hipotético-deductivo – Neopositivismo (positivismo lógico, empirismo lógico) – Interpretativismo (paradigma interpretativo, paradigma interpretativista) – Paradigma socio-crítico – Paradigma postpositivista (postpositivismo) – Paradigma cuantitativo (enfoque cuantitativo)

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Fuentes

  1. Auguste ComteCours de philosophie positiveBachelier1842
  2. Rudolf Carnap, Hans Hahn y Otto NeurathWissenschaftliche Weltauffassung. Der Wiener KreisArtur Wolf Verlag1929
  3. Otto NeurathProtokollsätzeErkenntnis, 31932
  4. Carl G. HempelProblems and Changes in the Empiricist Criterion of MeaningRevue Internationale de Philosophie, 41950
  5. Theodor W. Adorno, Karl R. Popper, Ralf Dahrendorf, Jürgen Habermas y Hans AlbertDer Positivismusstreit in der deutschen SoziologieLuchterhand1969
  6. Anthony Giddens (ed.)Positivism and SociologyHeinemann1974
  7. Christopher G. A. BryantPositivism in Social Theory and ResearchMacmillan1985
Sarasola, Josemari (2023). "Paradigma positivista". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/paradigma-positivista/

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