Manifiesto de Manzanares

El Manifiesto de Manzanares fue un manifiesto o declaración pública realizada el 7 de julio de 1854  que exigía una regeneración liberal contra el moderantismo auspiciado desde la monarquía de Isabel II.  Fue firmada por el general Leopoldo O'Donnell  y redactada de antemano por el joven político Antonio Cánovas del Castillo. El manifiesto fue publicado en el marco de la Vicalvarada, la sublevación militar desencadenada unos días antes, el 28 de junio, y que inicialmente fallida, obligó a las tropas del O'Donnell a huir hacia el sur. En su periplo, las tropas de O'Donnell se unieron a las del general Serrano en la localidad de Manzanares (Ciudad Real), donde el propio Cánovas del castillo redactó el manifiesto. Con un firme carácter reivindicativo pero sin llegar a la ruptura, uniendo el cambio con la estabilidad, el manifiesto exigía un conjunto de reformas liberales, respetando a la vez el orden de la nación y la legitimidad de la monarquía vigente; concretamente pedía una ley electoral y ley de imprenta democráticas, rebajas de impuestos, descentralización y autonomía local y la creación de una Milicia Nacional, de carácter popular, frente al ejército profesional.

La publicación del manifiesto tuvo un efecto casi inmediato. A los pocos días, una sublevación popular se desataba por varias ciudades del país, con barricadas y enfrentamientos en las calles. La reina tuvo finalmente que acceder a las peticiones de reforma y encargó al general Baldomero Espartero la formación de un gobierno, pidiendo a O'Donnell que regresara a Madrid. El 28 de julio de 1854 Espartero entraba aclamado por la poblaciñon en Madrid y se abrazó con O'Donnell. Comenzaba así el Bienio Progresista. 

Manifiesto de Manzanares

Españoles: La entusiasta acogida que va encontrando en los pueblos el Ejército liberal; el esfuerzo de los soldados que le componen, tan heroicamente mostrado en los campos de Vicálvaro; el aplauso con que en todas partes ha sido recibida la noticia de nuestro patriótico alzamiento, aseguran desde ahora el triunfo de la libertad y de las leyes que hemos jurado defender.

Dentro de pocos días, la mayor parte de las provincias habrá sacudido el yugo de los tiranos; el Ejército entero habrá venido a ponerse bajo nuestras banderas, que son las leales; la nación disfrutará los beneficios del régimen representativo, por el cual ha derramado hasta ahora tanta sangre inútil y ha soportado tan costosos sacrificios. Día es, pues, de decir lo que estamos resueltos a hacer en el de la victoria.

Nosotros queremos la conservación del trono, pero sin camarilla que lo deshonre; queremos la práctica rigurosa de las leyes fundamentales, mejorándolas, sobre todo la electoral y la de imprenta; queremos la rebaja de los impuestos, fundada en una estricta economía; queremos que se respeten en los empleos militares y civiles la antigüedad y los merecimientos; queremos arrancar los pueblos a la centralización que los devora, dándoles la independencia local necesaria para que conserven y aumenten sus intereses propios, y como garantía de todo esto queremos y plantearemos, bajo sólidas bases, la Milicia Nacional. Tales son nuestros intentos, que expresamos francamente, sin imponerlos por eso a la nación.

Las Juntas de gobierno que deben irse constituyendo en las provincias libres; las Cortes generales que luego se reúnan; la misma nación, en fin, fijará las bases definitivas de la regeneración liberal a que aspiramos. Nosotros tenemos consagradas a la voluntad nacional nuestras espadas, y no las envainaremos hasta que ella esté cumplida.

Cuartel general de Manzanares, a 7 de julio de 1854. El general en jefe del Ejército constitucional, Leopoldo O'Donnell, conde de Lucena.


Como citar: Sarasola, Josemari (2024) en ikusmira.org
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Última actualización: 13/11/2025

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