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El experimento de Rosenhan

El experimento de Rosenhan es un estudio que el psicólogo David Rosenhan, de la Universidad de Stanford, publicó en 1973 en la revista Science con un título que se hizo célebre: «Cuerdos en lugares de locos». Contaba que ocho personas sin ningún trastorno mental habían conseguido ser ingresadas en hospitales psiquiátricos fingiendo un único síntoma, que una vez dentro se habían comportado con total normalidad y que ningún médico ni enfermero se había dado cuenta del engaño. El artículo sacudió la psiquiatría estadounidense y contribuyó a cambiar la forma de diagnosticar. Casi cincuenta años después, una investigación periodística ha puesto en duda que ocurriera tal como se contó.

Según el artículo, los ocho pseudopacientes, entre ellos el propio Rosenhan, eran tres mujeres y cinco hombres: un estudiante, tres psicólogos, un pediatra, un psiquiatra, un pintor y un ama de casa. Se presentaron en doce hospitales de cinco estados distintos, públicos y privados, y dijeron siempre lo mismo: que oían una voz, poco clara, que decía palabras como «vacío», «hueco» y «golpe sordo». Aparte de eso, y de dar un nombre y una profesión falsos, contaron su vida tal como era.

Fotografía en blanco y negro de una sala amplia y vacía de un hospital psiquiátrico, con suelo de baldosas y ventanales
Fig. 1 Sala de un hospital psiquiátrico en 1959. En la época del estudio, los grandes hospitales psiquiátricos públicos todavía acogían a cientos de miles de pacientes en Estados Unidos.Queensland State Archives · 1959 · Dominio público · Wikimedia Commons

Todos fueron ingresados. Once recibieron el diagnóstico de esquizofrenia y uno el de psicosis maníaco-depresiva. En cuanto entraron, dejaron de decir que oían voces y se comportaron con normalidad, pero tuvieron que convencer al personal de que estaban bien para que les dejaran salir, cosa que tardó entre 7 y 52 días, con una media de 19. Recibieron en total más de dos mil pastillas, que en su mayoría tiraron por el retrete. Ninguno fue descubierto por el personal, y al darles el alta el diagnóstico no cambió: salieron con una esquizofrenia en remisión, como si la enfermedad siguiera ahí, solo que dormida.

Lo más inquietante eran los detalles. Los pseudopacientes tomaban notas de lo que veían, y en los informes de enfermería eso se describía como una «conducta de escritura», un síntoma más. Un pseudopaciente que esperaba a la puerta del comedor antes de la hora era, según las notas, alguien con «rasgos orales». Una vez colgada la etiqueta, todo se leía a través de ella. Mientras tanto, algunos de los verdaderos pacientes sí sospecharon: según Rosenhan, 35 de 118 les dijeron en algún momento que no estaban locos, que debían de ser periodistas o profesores investigando el hospital.

Rosenhan añadió un segundo estudio. Un hospital universitario que conocía el primero aseguró que a ellos no les pasaría, así que Rosenhan les anunció que durante los tres meses siguientes enviaría uno o más pseudopacientes. De 193 pacientes ingresados en ese tiempo, al menos un miembro del personal señaló con seguridad a 41 como probables impostores, y 23 despertaron las sospechas de al menos un psiquiatra. Rosenhan no había enviado a nadie. Su conclusión fue que los psiquiatras no sabían distinguir a una persona sana de una enferma, y que el contexto del hospital pesaba más que la persona.

El estudio tuvo un impacto enorme en un momento en que la psiquiatría ya estaba bajo sospecha, en plena ola de la antipsiquiatría y del cierre de los grandes manicomios. Se convirtió en uno de los artículos más citados de la historia de la psicología y aparece en casi todos los manuales. También influyó en la tercera edición del manual diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría, el DSM-III de 1980, que abandonó las descripciones vagas por listas de criterios concretos, con síntomas, duración y exclusiones, para que dos médicos distintos llegaran al mismo diagnóstico ante el mismo paciente. El psiquiatra Robert Spitzer, que dirigió esa revisión, fue a la vez uno de los críticos más duros de Rosenhan: argumentó que diagnosticar como psicótico a alguien que dice oír voces es lo razonable, y que la «remisión» indicaba precisamente que los médicos habían notado que ya no había síntomas.

La revisión más seria llegó en 2019, cuando la periodista Susannah Cahalan publicó The Great Pretender tras años investigando los papeles de Rosenhan, que murió en 2012. Cahalan solo pudo identificar a dos de los otros siete pseudopacientes. Uno de ellos, Harry Lando, contó que su estancia había sido positiva, que el hospital le pareció un lugar tranquilo y que se sentía bien tratado, y que Rosenhan lo dejó fuera del artículo sin explicación. Las notas clínicas del propio Rosenhan, además, recogían síntomas más graves de los que el artículo decía haber fingido. Cahalan no encontró rastro de los demás pseudopacientes ni de los datos del segundo estudio, y concluyó que parte del experimento pudo no haberse hecho nunca como se describió.

Lo que queda del caso es una advertencia doble. Por un lado, el problema que Rosenhan señalaba es real: una etiqueta diagnóstica cambia cómo se interpreta todo lo que hace una persona, y los diagnósticos psiquiátricos tienen que ser fiables y revisables. Por otro, el propio estudio muestra lo fácil que es que un resultado espectacular, que confirma lo que mucha gente ya sospechaba, se acepte durante décadas sin que nadie compruebe sus datos. Es la misma lección del experimento de la cárcel de Stanford y uno de los motivos por los que hoy se insiste tanto en la replicabilidad y en el sesgo de confirmación.

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Fuentes

  1. David L. RosenhanOn Being Sane in Insane PlacesScience 179 (4070), pp. 250-2581973enlace
  2. Robert L. SpitzerOn Pseudoscience in Science, Logic in Remission, and Psychiatric Diagnosis: A Critique of Rosenhan's «On Being Sane in Insane Places»Journal of Abnormal Psychology 84 (5), pp. 442-4521975
  3. Susannah CahalanThe Great Pretender: The Undercover Mission That Changed Our Understanding of MadnessGrand Central Publishing, Nueva York2019
  4. American Psychiatric AssociationDiagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 3.ª edición (DSM-III)APA, Washington1980
Sarasola, Josemari (2025). "El experimento de Rosenhan". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/el-experimento-de-rosenhan/

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