Las 95 tesis de Lutero

En 1517 un fraile escribió 95 frases en latín contra la venta de indulgencias. Qué decían, por qué corrieron tanto y si de verdad se clavaron en una puerta.

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Las 95 tesis son un texto que Martín Lutero, fraile agustino y profesor de teología en la Universidad de Wittenberg, en Sajonia, escribió en octubre de 1517 para discutir en público el valor de las indulgencias. Eran noventa y cinco frases breves, en latín, pensadas para un debate académico. En pocas semanas circulaban impresas por toda Alemania, y en pocos años habían desencadenado la Reforma protestante, la mayor ruptura de la cristiandad occidental. La imagen que todos tenemos, la de Lutero clavándolas a martillazos en la puerta de una iglesia, es más dudosa de lo que parece.

Para entender el texto hay que saber qué era una indulgencia. Según la doctrina de la Iglesia, el pecado perdonado en la confesión dejaba todavía una «pena temporal» que había que pagar en esta vida o en el purgatorio. La Iglesia, administradora de los méritos de Cristo y de los santos, podía perdonar esa pena a cambio de una obra buena: una oración, una peregrinación, una limosna. Con el tiempo, la limosna se convirtió en el método más habitual, y las indulgencias se vendían en documentos impresos, también para los difuntos que ya estaban en el purgatorio.

En 1517 se predicaba en Alemania una indulgencia especial. Oficialmente servía para financiar la reconstrucción de la basílica de San Pedro en Roma. En la práctica, la mitad de lo recaudado en sus territorios iba al arzobispo Alberto de Brandeburgo, que se había endeudado con los banqueros Fugger para pagar al papa el permiso de acumular varias diócesis. El predicador más famoso era un dominico llamado Johann Tetzel, al que se atribuye un eslogan pegadizo: en cuanto la moneda suena en el cofre, el alma salta del purgatorio. Los fieles de Wittenberg cruzaban la frontera para comprar sus bulas, y Lutero se encontraba luego en el confesionario con gente convencida de que ya no necesitaba arrepentirse.

Retrato al óleo de medio cuerpo de un hombre de rostro ancho, con gorro negro y ropa negra, sobre un fondo azul verdoso
Fig. 1 Martín Lutero retratado por su amigo Lucas Cranach el Viejo en 1528, once años después de las tesis. El taller de Cranach produjo decenas de retratos como este, que hicieron de la cara de Lutero una de las más reconocibles de Europa.Lucas Cranach el Viejo · 1528 · Dominio público · Wikimedia Commons

Las tesis no eran un manifiesto revolucionario. Empezaban con una frase que lo resumía todo: cuando Cristo dijo «haced penitencia», quiso que toda la vida de los creyentes fuera penitencia. Es decir, la conversión es una actitud interior y permanente, no un trámite que se pueda comprar. A partir de ahí Lutero atacaba los excesos de los predicadores, decía que el papa no podía perdonar más penas que las que él mismo había impuesto, y que era mejor dar dinero a un pobre que comprar una indulgencia. Algunas tesis tenían una ironía mordaz. La 86 recogía una pregunta que, decía, se hacían los laicos: si el papa es hoy más rico que el más rico de los Crasos, ¿por qué no construye la basílica de San Pedro con su propio dinero en lugar de con el de los pobres fieles?

El 31 de octubre de 1517, víspera de Todos los Santos, Lutero envió las tesis al arzobispo Alberto con una carta respetuosa, pidiéndole que pusiera freno a la predicación. Eso es seguro. Lo de la puerta, no tanto. La escena del martillo la contó por primera vez su colaborador Felipe Melanchthon en 1546, después de la muerte de Lutero, y Melanchthon no estaba en Wittenberg en 1517. El propio Lutero, que habló muchísimo de aquellos días, nunca lo mencionó. En 1961 el historiador católico Erwin Iserloh sostuvo que la escena era una leyenda, y se abrió un debate que aún dura. En 2006 apareció una nota manuscrita de Georg Rörer, secretario de Lutero, escrita hacia 1540, que dice que las tesis se colgaron en las puertas de las iglesias de Wittenberg la víspera de Todos los Santos. Hoy muchos historiadores lo consideran probable, y además poco dramático: la puerta de la iglesia del castillo servía de tablón de anuncios de la universidad, y colgar unas tesis para un debate era lo normal. El martillazo heroico, en cambio, es casi seguro una invención posterior.

Hoja impresa antigua con texto en latín en letra gótica, dispuesto en dos columnas de párrafos numerados bajo un encabezado
Fig. 2 Las 95 tesis en un pliego impreso de 1517. Fueron las imprentas, y no la puerta de Wittenberg, las que las hicieron famosas: en pocas semanas había ediciones en Leipzig, Núremberg y Basilea.Martín Lutero · 1517 · Dominio público · Wikimedia Commons

Lo que hizo famosas las tesis no fue ninguna puerta, sino la imprenta. El debate académico que Lutero proponía nunca se celebró. En cambio, alguien llevó el texto a los impresores, y antes de que acabara 1517 había ediciones en Leipzig, Núremberg y Basilea, seguidas de traducciones al alemán. Lutero entendió enseguida el poder de aquel medio y en los años siguientes escribió en alemán, en folletos breves y baratos, con portadas ilustradas por Cranach. Se convirtió en el autor más vendido de su época. Sin la revolución de la imprenta, la protesta de un fraile de una pequeña ciudad universitaria se habría quedado probablemente en una disputa local.

Lo demás vino rápido. Roma abrió un proceso contra Lutero. En la disputa de Leipzig, en 1519, Lutero llegó a decir que también los concilios podían equivocarse. En 1520 el papa León X lo amenazó de excomunión con la bula Exsurge Domine, y Lutero la quemó en público. En 1521 fue excomulgado y compareció ante el emperador Carlos V en la Dieta de Worms, donde se negó a retractarse. Para entonces ya no hablaba solo de indulgencias, sino de la salvación por la fe y no por las obras, de la autoridad única de la Biblia y del sacerdocio de todos los creyentes. Ese programa sí era una revolución, y de él salieron las Iglesias luteranas y, por caminos distintos, todas las demás confesiones protestantes.

Las tesis de 1517, leídas hoy, sorprenden por su moderación. Lutero todavía no cuestionaba el papado ni la existencia del purgatorio; criticaba un abuso que muchos católicos también criticaban, y de hecho el concilio de Trento acabó prohibiendo la venta de indulgencias en 1562. Pero la pregunta de fondo, quién tiene autoridad para decidir lo que es verdad en materia de fe, estaba ya ahí, y la respuesta acabó partiendo Europa en dos. Cada 31 de octubre, las Iglesias protestantes celebran el Día de la Reforma en recuerdo de aquella carta. La puerta original de Wittenberg ardió en 1760; la que se ve hoy es de bronce, de 1858, y lleva grabado el texto completo de las tesis.

Indulgencia – La imprenta y la revolución de la lectura – La ética protestante y el espíritu del capitalismo – Anglicanismo – El cisma de Oriente de 1054

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Fuentes

  1. Martín LuteroDisputatio pro declaratione virtutis indulgentiarumWittenberg (impresiones de Leipzig, Núremberg y Basilea)1517
  2. Erwin IserlohLuthers Thesenanschlag: Tatsache oder Legende?Franz Steiner, Wiesbaden1962
  3. Andrew PettegreeBrand Luther: 1517, Printing, and the Making of the ReformationPenguin Press, Nueva York2015
  4. Lyndal RoperMartin Luther: Renegade and ProphetBodley Head, Londres2016
  5. Volker Leppin y Timothy J. WengertSources for and against the Posting of the Ninety-Five ThesesLutheran Quarterly 29 (4)2015
Sarasola, Josemari (2026). "Las 95 tesis de Lutero". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/las-95-tesis-de-lutero/

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