La Segunda Guerra Mundial fue el conflicto más destructivo de la historia. Entre 1939 y 1945 murieron entre 70 y 85 millones de personas, la mayoría civiles. A diferencia de la Primera Guerra Mundial, no fue una guerra de frentes inmóviles, sino de movimiento, bombardeo y exterminio deliberado de poblaciones enteras. Enfrentó a las potencias del Eje, Alemania, Italia y Japón, contra los Aliados, cuyo núcleo acabó siendo el Reino Unido, la Unión Soviética y Estados Unidos.
Sus raíces están en el desenlace de la guerra anterior y en la crisis de los años treinta. El crac de 1929 hundió a la república de Weimar y llevó a Hitler al poder en 1933. Su programa era explícito: deshacer Versalles, unir a todos los alemanes en un solo Estado y conquistar en el este un espacio vital para la raza que él llamaba aria. Alemania se rearmó, ocupó Renania, se anexionó Austria y, con la aquiescencia de Francia y el Reino Unido en Múnich, desmembró Checoslovaquia. El pacto germano-soviético de agosto de 1939 le dio las manos libres. El 1 de septiembre invadió Polonia, y dos días después Londres y París le declararon la guerra.
Los primeros años fueron de victorias alemanas. Entre abril y junio de 1940 la Wehrmacht ocupó Dinamarca, Noruega, los Países Bajos y Bélgica, y derrotó a Francia en seis semanas. El Reino Unido resistió solo en la batalla de Inglaterra, y la invasión de las islas nunca llegó. El 22 de junio de 1941 Alemania atacó a la Unión Soviética con más de tres millones de soldados. Aquella fue la decisión que cambió la naturaleza de la guerra: en el frente oriental se libró la mayor parte de los combates terrestres, y allí murieron unos 27 millones de ciudadanos soviéticos.
En diciembre de 1941 la guerra se hizo mundial. Japón, que llevaba desde 1937 en guerra con China, atacó la base estadounidense de Pearl Harbor y se extendió por el Pacífico y el Sudeste Asiático. Hitler declaró la guerra a Estados Unidos días después. Desde entonces la balanza se inclinó. Midway, en junio de 1942, frenó a Japón en el mar; Stalingrado, entre 1942 y 1943, destruyó un ejército alemán entero; El Alamein expulsó al Eje de Egipto.

Richard Overy explicó la victoria aliada con un argumento que no depende de la épica. Los Aliados ganaron porque produjeron más y lo organizaron mejor: Estados Unidos construyó durante la guerra unos 300.000 aviones, la industria soviética se trasladó al otro lado de los Urales y siguió produciendo, y los dos supieron convertir esa producción en ejércitos que se movían. Alemania, en cambio, peleó con una economía mal coordinada y con una cúpula que imponía decisiones militares por razones ideológicas.
La guerra fue también el marco del Holocausto. La persecución de los judíos alemanes, que había pasado por las leyes de Núremberg y la Noche de los Cristales Rotos, se convirtió a partir de 1941 en un programa de exterminio. Unidades móviles fusilaron a cientos de miles en el este, y en campos como Auschwitz, Treblinka y Sobibor se asesinó con gas a millones. Murieron unos seis millones de judíos, además de gitanos, discapacitados, prisioneros soviéticos y opositores.
Alemania capituló el 8 de mayo de 1945, con Berlín tomada por el Ejército Rojo y Hitler muerto. Japón resistió hasta que Estados Unidos lanzó bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki el 6 y el 9 de agosto, y la Unión Soviética le declaró la guerra. Firmó la rendición el 2 de septiembre.

El mundo que salió de 1945 se organizó en torno a sus vencedores. Se fundaron las Naciones Unidas, Europa quedó dividida entre las zonas de influencia soviética y occidental, y las dos superpotencias empezaron casi de inmediato la Guerra Fría. Los juicios de Núremberg sentaron el principio de que los crímenes contra la humanidad se juzgan aunque las leyes de un Estado los permitan, y la debilidad de las metrópolis europeas abrió la vía a la descolonización.
Führer – Legión Cóndor – Incendio del Reichstag – Ejército Rojo