La muerte de las lenguas

De las siete mil lenguas del mundo, cerca de la mitad podría dejar de hablarse este siglo. Cómo muere una lengua y cuándo se ha logrado revitalizarla.

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La muerte de una lengua es el momento en que deja de haber personas que la hablen como lengua propia. A veces se puede poner fecha: la del día en que murió su último hablante. Así ocurrió con el ubijé, una lengua del Cáucaso con ochenta consonantes, cuando murió Tevfik Esenç en Turquía en 1992, o con el eyak de Alaska, cuando murió Marie Smith Jones en 2008. Más a menudo el final es gradual y nadie lo registra. De las cerca de siete mil lenguas que se hablan hoy, la mitad tiene menos de diez mil hablantes, y los especialistas calculan que entre un tercio y la mitad podría dejar de transmitirse antes de que termine el siglo. Es un ritmo de pérdida sin precedente conocido.

La alarma la dio en 1992 el lingüista Michael Krauss, especialista en las lenguas de Alaska, en un artículo que se convirtió en manifiesto. Krauss distinguía entre lenguas seguras, amenazadas y moribundas, y definía estas últimas de una manera que se ha vuelto clásica: una lengua que los niños ya no aprenden está condenada, aunque la hablen todavía miles de adultos, porque su final llegará con la muerte de la última generación que la aprendió. Con ese criterio estimó que solo en Norteamérica el 80 % de las lenguas indígenas ya era moribunda. La transmisión a los niños es, por eso, el indicador que usan todas las escalas de vitalidad, desde la que propuso Joshua Fishman en 1991 hasta la del Atlas de las lenguas del mundo en peligro de la UNESCO.

Grabado de una mujer anciana con cofia y pañuelo, que levanta la mano derecha mientras habla, en un marco ovalado sobre una cartela decorada con peces y la leyenda Dorothy Pentreath of Mousehole in Cornwall
Fig. 1 Dorothy Pentreath, a quien sus vecinos llamaban Dolly, en un grabado publicado en 1781. Vendía pescado en Mousehole y pasa por ser la última hablante nativa del córnico; murió en 1777. Es probable que la sobrevivieran otros hablantes menos conocidos, pero su figura se convirtió en el símbolo de una lengua que se apagó.Grabador anónimo, según Robert Scaddan · 1781 · Dominio público · Wikimedia Commons

Las lenguas mueren casi siempre de la misma manera: sus hablantes dejan de usarlas y adoptan otra. Rara vez desaparecen porque desaparezca el pueblo que las hablaba, aunque también ha ocurrido, por guerras, epidemias y exterminios, como en la conquista de América o de Tasmania. Lo habitual es un cambio de lengua a lo largo de tres generaciones. Los abuelos son monolingües en la lengua del grupo; los padres son bilingües y deciden hablar a sus hijos en la lengua que da acceso a la escuela, al trabajo y a la ciudad; los hijos entienden la lengua de los abuelos pero ya no la hablan, y sus propios hijos ya no la oyen. La decisión suele tomarse con buenas intenciones y bajo una presión que pocas veces es neutral. Muchos Estados castigaron el uso de las lenguas minoritarias en la escuela durante el siglo XIX y buena parte del XX, y el prestigio de una lengua dominante hace el resto. Es un proceso de bilingüismo sustractivo a escala de comunidad.

Lo que se pierde con cada lengua se ha descrito de tres maneras. Se pierde, primero, un dato científico: cada lengua es una solución distinta al problema de comunicar, y muchas propiedades de la gramática humana solo se conocen porque alguien documentó una lengua con pocos hablantes antes de que desapareciera. Se pierde también un conocimiento acumulado, sobre plantas, animales, técnicas y lugares, que suele estar codificado en el léxico y que no siempre sobrevive a la traducción; es el argumento de la ecolingüística, que ha subrayado que las zonas de mayor diversidad lingüística coinciden con las de mayor diversidad biológica. Y se pierde, para sus hablantes, una parte de la identidad, con su literatura oral, sus canciones y sus formas de cortesía. La pérdida no es solo simbólica: los estudios con comunidades indígenas de Canadá y Australia han asociado el mantenimiento de la lengua con mejores indicadores de salud y menos suicidios juveniles.

Fotografía en blanco y negro de un hombre de mediana edad con el pelo corto y camisa, agachado sobre un terreno de hierba seca mientras sujeta un palo vertical
Fig. 2 Ishi en 1914, fotografiado por su médico, Saxton Pope. Último superviviente de los yahi de California, salió de su escondite en 1911 y pasó sus últimos cinco años en el museo de antropología de la Universidad de California, donde trabajó con los lingüistas que anotaron su lengua. Murió en 1916.Saxton T. Pope · 1914 · Dominio público · Wikimedia Commons

La muerte de una lengua no es siempre irreversible. El caso más famoso es el hebreo, que durante casi dos mil años se usó en la liturgia y en la escritura pero no como lengua materna, y que a finales del siglo XIX Eliezer Ben Yehuda y otros se propusieron volver a hablar en casa; hoy lo hablan millones de personas. El maorí de Nueva Zelanda, en claro retroceso a mediados del siglo XX, se recuperó en parte gracias a las kōhanga reo, guarderías en maorí abiertas desde 1982, en las que los abuelos transmitían la lengua a los niños que sus hijos ya no hablaban. El galés, el euskera, con su proceso de euskaldunización, y el propio córnico, revivido a partir de textos y hoy con unos cientos de hablantes con buen dominio, muestran que el apoyo institucional, la escuela y los medios pueden invertir la tendencia cuando se unen a la voluntad de la comunidad.

Ninguno de esos casos es fácil de repetir, y todos comparten un requisito: que haya adultos dispuestos a hablar la lengua con los niños, a menudo después de aprenderla ellos mismos. Por eso la tarea más urgente de muchos lingüistas no es teórica sino documental: grabar, transcribir y archivar lenguas mientras quedan hablantes, y hacerlo con la comunidad y para ella. Los diccionarios, gramáticas y grabaciones que resultan no sustituyen a una lengua viva, pero son lo que ha permitido, en casos como el del córnico o el del wampanoag de Massachusetts, que una lengua sin hablantes volviera a tenerlos.

Lengua nativa, lengua propia, lengua vernácula – Euskaldunización – Diglosia – Ecolingüística – Bilingüismo de mantenimiento

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Fuentes

  1. Michael KraussThe world's languages in crisisLanguage 68 (1)1992enlace
  2. Joshua A. FishmanReversing Language Shift: Theoretical and Empirical Foundations of Assistance to Threatened LanguagesMultilingual Matters, Clevedon1991
  3. Daniel Nettle y Suzanne RomaineVanishing Voices: The Extinction of the World's LanguagesOxford University Press2000
  4. David CrystalLanguage DeathCambridge University Press2000
  5. Christopher Moseley (ed.)Atlas of the World's Languages in Danger, 3.ª ed.UNESCO, París2010
Sarasola, Josemari (2025). "La muerte de las lenguas". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-muerte-de-las-lenguas/

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