La curva del olvido

Ebbinghaus se memorizó a sí mismo durante años con sílabas sin sentido y midió cuánto se olvida con el tiempo. La curva que obtuvo sigue en pie.

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La curva del olvido describe cómo decae con el tiempo lo que se ha aprendido: deprisa al principio, cada vez más despacio después. No es una recta ni un desvanecimiento uniforme. La mayor parte de lo que se pierde se pierde en las primeras horas, y lo que sobrevive al primer día tiende a quedarse bastante más tiempo. Es una de las poquísimas regularidades cuantitativas que la psicología tenía antes de ser una disciplina experimental madura, y ha resistido ciento cuarenta años de revisión.

La midió Hermann Ebbinghaus entre 1879 y 1885, trabajando solo, sin laboratorio y usándose a sí mismo como único sujeto. El problema que tenía delante era que no se puede medir el recuerdo de un poema o de una lección porque cada persona llega a la tarea con un bagaje distinto, y lo que parece buena memoria puede ser buena asociación previa. Su solución fue inventar un material sin historia: unas dos mil trescientas sílabas sin sentido del tipo consonante, vocal, consonante, como wid o zof, que combinaba en listas y se aprendía hasta poder recitarlas dos veces seguidas sin error. Después dejaba pasar un intervalo y volvía a aprender la misma lista, cronometrando cuánto tardaba. La diferencia entre el tiempo del primer aprendizaje y el del segundo era su medida, y la llamó método del ahorro: no preguntaba cuánto recuerdas, que es una pregunta sin respuesta numérica, sino cuánto trabajo te ahorras la segunda vez.

Retrato fotográfico de Hermann Ebbinghaus, psicólogo alemán del siglo XIX
Fig. 1 Hermann Ebbinghaus, que midió su propia memoria durante años con listas de sílabas sin sentido. Fue sujeto y experimentador a la vez, un diseño que hoy no pasaría ningún comité y que aun así dio una de las curvas más replicadas de la psicología.Unknown author Unknown author · 1909 · Dominio público · Wikimedia Commons

Los números que publicó en 1885 son los que todo el mundo cita. Veinte minutos después de aprender una lista, el ahorro era del cincuenta y ocho por ciento. Una hora después, del cuarenta y cuatro. Al cabo de un día, del treinta y cuatro. A los seis días, del veinticinco. Al mes, del veintiuno. Dicho al revés: en la primera hora se va cerca de la mitad de lo aprendido, y entre el sexto día y el trigésimo apenas se pierde nada más. La forma de la curva es aproximadamente logarítmica, y Ebbinghaus propuso una fórmula que la ajustaba bien. Que el experimento tuviera un solo sujeto y un material artificial hizo sospechar durante décadas que la regularidad fuera suya y no humana. En 2015, Jaap Murre y Joeri Dros repitieron el procedimiento completo con sujetos nuevos y siete intervalos, y encontraron una curva prácticamente igual.

Ebbinghaus descubrió de paso dos cosas que resultaron ser más útiles que la curva misma. La primera es el efecto de la distribución: repartir las repeticiones en varios días exige menos repeticiones totales que amontonarlas en una sola sesión, aunque la sesión única produzca mejor sensación de dominio al terminar. La segunda es que cada repaso aplana la curva, de modo que el olvido tras el segundo repaso es más lento que tras el primero. Juntas, esas dos observaciones son el fundamento de la repetición espaciada: en lugar de repasar todo a intervalos fijos, se repasa cada cosa justo antes de que se vaya a olvidar, y el intervalo crece a cada acierto. El sistema de fichas de Sebastian Leitner lo puso en papel en los años setenta, y los programas de tarjetas que hoy usan estudiantes de medicina y de idiomas lo calculan tarjeta a tarjeta.

La investigación posterior añadió un matiz que Ebbinghaus no podía ver, porque él siempre volvía a estudiar la lista. Recordar algo sin tenerlo delante consolida más que volver a leerlo. En 2006, Henry Roediger y Jeffrey Karpicke hicieron que unos estudiantes leyeran un texto y luego, o bien lo releyeran, o bien hicieran una prueba de recuerdo sobre él. A los cinco minutos, los que habían releído recordaban más. A la semana, los que se habían examinado recordaban mucho más, y la diferencia seguía creciendo. El efecto se llama aprendizaje por evocación, y choca de frente con la intuición del estudiante, que siente que releer funciona porque el texto le resulta familiar y confunde familiaridad con dominio.

Conviene no estirar la curva más allá de lo que mide. Es una curva de material arbitrario y sin contexto, el peor caso posible. Lo que se entiende de verdad, lo que encaja en algo que ya se sabía y lo que se ha usado para hacer algo se olvida mucho más despacio, y a veces no se olvida. La lección práctica no es que la memoria sea un cubo con un agujero, sino que el olvido tiene un calendario previsible y que se puede trabajar con él en lugar de contra él: estudiar poco y a menudo, preguntarse en vez de releer, y volver sobre lo aprendido cuando ya cuesta recordarlo, que es justo cuando apetece menos.

La memoria – Las falsas memorias de Elizabeth Loftus – Ritmo de aprendizaje – Aprendizaje activo

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Fuentes

  1. Hermann EbbinghausÜber das Gedächtnis: Untersuchungen zur experimentellen PsychologieDuncker & Humblot, Leipzig1885enlace
  2. Jaap M. J. Murre y Joeri DrosReplication and Analysis of Ebbinghaus' Forgetting CurvePLOS ONE 10 (7), e01206442015enlace
  3. Henry L. Roediger y Jeffrey D. KarpickeTest-Enhanced Learning: Taking Memory Tests Improves Long-Term RetentionPsychological Science 17 (3), 249-2552006enlace
  4. Nicholas J. Cepeda, Harold Pashler, Edward Vul, John T. Wixted y Doug RohrerDistributed practice in verbal recall tasks: A review and quantitative synthesisPsychological Bulletin 132 (3), 354-3802006enlace
Sarasola, Josemari (2024). "La curva del olvido". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-curva-del-olvido/

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