5 min
Editar

Fátima y el milagro del sol

Fátima era en 1917 una parroquia rural del centro de Portugal, y la Cova da Iria un terreno de pastos donde tres niños —Lúcia dos Santos, de diez años, y sus primos Francisco y Jacinta Marto, de nueve y siete— dijeron haber visto a una señora luminosa el 13 de mayo de aquel año. La señora prometió volver el día 13 de cada mes y, en octubre, hacer un milagro para que todos creyeran. El 13 de octubre de 1917, ante una multitud de decenas de miles de personas, muchos de los presentes dijeron ver el sol girar, cambiar de color y precipitarse hacia la tierra. Es el milagro mejor documentado del siglo XX, en el sentido estricto de que hubo prensa, fotógrafo y testigos hostiles. Precisamente por eso permite ver con claridad qué se puede y qué no se puede establecer sobre él.

El contexto importa. Portugal era desde 1910 una república con un programa anticlerical explícito: la ley de separación de 1911 había expropiado bienes eclesiásticos, expulsado a los jesuitas y prohibido el culto público fuera de los templos sin permiso. En 1917 el país tenía tropas en Flandes, y en muchas familias rurales había un hijo en la guerra. Las autoridades trataron las apariciones como un desorden: el 13 de agosto el administrador del concejo de Vila Nova de Ourém, Artur de Oliveira Santos, se llevó a los niños y los retuvo dos días para interrogarlos, lo que no hizo sino multiplicar la noticia.

Fotografía antigua de tres niños de pie delante de un muro de piedra seca: una niña mayor con pañuelo en la cabeza, un niño con gorro y una niña pequeña
Fig. 1 Lúcia dos Santos, Francisco y Jacinta Marto en 1917, en una fotografía atribuida a Joshua Benoliel y publicada en Ilustração Portuguesa. Francisco murió en abril de 1919 y Jacinta en febrero de 1920, los dos de la gripe de 1918. Lúcia vivió hasta 2005, y casi todo lo que se sabe de las apariciones pasa por lo que ella escribió después.Atribuida a Joshua Benoliel · 1917 · Dominio público · Wikimedia Commons

El 13 de octubre llovió toda la mañana. Entre los presentes estaba Avelino de Almeida, redactor jefe de O Século, el gran diario liberal y anticlerical de Lisboa, que había viajado para contar lo que esperaba que fuera un fiasco, acompañado del fotógrafo Judah Bento Ruah. Hacia el mediodía solar las nubes se abrieron y muchos de los asistentes gritaron que el sol bailaba. La crónica de Almeida, publicada el día 15 con el título «¡Cosas espantosas! Cómo bailó el sol al mediodía en Fátima», es un documento de periodismo honrado: no afirma haber visto el milagro, sino que describe con precisión lo que vio la gente, cómo lo vio y cómo lo contaba. Cifró la multitud entre treinta y cuarenta mil personas; otros testigos, como el profesor de Coimbra José Maria de Almeida Garrett, hablaron de hasta cien mil.

Fotografía panorámica en blanco y negro de una multitud bajo paraguas en un terreno abierto con árboles al fondo, en un día de lluvia
Fig. 2 La Cova da Iria el 13 de octubre de 1917, antes del mediodía, en una de las trece fotografías conocidas de Judah Bento Ruah. Una lluvia persistente, miles de paraguas abiertos: la humedad y las nubes que se abrieron después forman parte de cualquier explicación de lo que se vio.Judah Bento Ruah · 1917 · Dominio público · Wikimedia Commons
Fotografía en blanco y negro de un grupo de campesinos, hombres y mujeres, de pie y de rodillas, que miran hacia el cielo con expresión atenta
Fig. 3 La multitud mira hacia el sol, en la fotografía más reproducida de Ruah. Ninguna de sus placas muestra el sol ni nada anómalo en el cielo: lo que quedó registrado es a la gente mirando. Es una limitación de la cámara de 1917 y, a la vez, un resumen exacto de lo que se puede documentar.Judah Bento Ruah · 1917 · Dominio público · Wikimedia Commons

Dos semanas después, el 29 de octubre, la revista gráfica del mismo grupo, Ilustração Portuguesa, publicó las fotografías de Ruah junto a una segunda pieza de Almeida, una «carta a alguien que pide un testimonio insospechable», en la que reafirmaba lo que había visto y dejaba expresamente a otros la decisión de si aquello era un milagro, como gritaba la gente, o un fenómeno natural, como decían los entendidos. Ese matiz se perdió enseguida: la crónica del periodista anticlerical se convirtió en la pieza favorita de la apologética precisamente por su procedencia.

Página de revista de 1917 con el título O milagre de Fátima, varias fotografías de multitudes mirando al cielo y columnas de texto
Fig. 4 «O milagre de Fátima» en Ilustração Portuguesa del 29 de octubre de 1917, con la carta de Avelino de Almeida y las fotografías de Ruah. El titular es de la revista; el texto de Almeida es mucho más prudente que el titular.Ilustração Portuguesa; texto de Avelino de Almeida, fotografías de Judah Bento Ruah · 1917 · Dominio público · Wikimedia Commons

¿Qué ocurrió en el cielo? Ningún observatorio registró nada anómalo en el sol aquel día, y un movimiento real del astro se habría visto en medio mundo. Los testimonios, además, no coinciden: unos vieron girar el disco, otros colores, otros un descenso, y bastantes de los presentes no vieron nada especial. Las explicaciones naturales combinan varios efectos: mirar al sol a través de nubes finas que se abren, con el cielo lavado por la lluvia, produce imágenes residuales en la retina, destellos de colores y la impresión de que el disco se mueve, como describió el físico Auguste Meessen en 2003; los halos y parhelios pudieron sumarse. Y, sobre todo, había una multitud convocada a una hora fija para ver una señal anunciada. El sacerdote y físico Stanley Jaki, que no dudaba del carácter providencial del suceso, propuso en 1999 un fenómeno meteorológico local, lo que muestra que la discusión no divide limpiamente a creyentes y escépticos.

Fotografía en blanco y negro muy ancha de una multitud compacta de cabezas y sombreros que ocupa todo el encuadre
Fig. 5 La multitud compacta en la Cova da Iria, otra de las placas de Ruah. Decenas de miles de personas en un descampado, muchas de ellas tras horas de camino y de lluvia, a la espera de un acontecimiento con fecha y hora: es el escenario ideal para que una experiencia individual se vuelva colectiva.Judah Bento Ruah · 1917 · Dominio público · Wikimedia Commons

La segunda capa del caso es menos conocida y más importante para el historiador: lo que se sabe de los mensajes. En 1917 el párroco y el canónigo Manuel Nunes Formigão interrogaron a los niños por separado, y esos interrogatorios, publicados en la Documentação Crítica de Fátima, recogen una petición de oración, de penitencia y de construir una capilla, y el anuncio del fin de la guerra. Los famosos «secretos» —la visión del infierno, la mención de Rusia, la advertencia de una guerra peor en el pontificado de Pío XI— no aparecen en ellos. Los escribió Lúcia en sus memorias de 1941, cuando era religiosa, a petición del obispo, y la tercera parte en 1944; se hizo pública en el año 2000. Historiadores como Luís Filipe Torgal o Jeffrey Bennett han mostrado cómo el relato de Fátima se fue construyendo por capas entre 1917 y 1941, en paralelo a la alianza entre la Iglesia y el Estado Novo de Salazar.

La Iglesia declaró las apariciones «dignas de crédito» en 1930, tras una investigación diocesana, y es una declaración que no obliga a ningún católico a creer en ellas. No las aprobó todas: en 1931, en Ezkioga (Gipuzkoa), cientos de videntes dijeron ver a la Virgen durante meses ante multitudes comparables, y el obispo de Vitoria acabó rechazándolas. William Christian, que reconstruyó aquel caso, mostró que lo que separa a un Fátima de un Ezkioga depende tanto de las circunstancias políticas y de quién controla el relato como de lo que dicen los videntes. El caso de Fátima deja, así, un balance muy preciso. Está documentado sin lugar a dudas que decenas de miles de personas vivieron una experiencia intensa y la describieron como un prodigio solar; no está documentado que el sol hiciera nada. Y está documentado que el mensaje que hoy se asocia a Fátima es, en buena parte, un texto escrito veinticuatro años después, lo que no dice nada sobre su valor religioso pero sí mucho sobre cómo leerlo.

Lourdes: cómo se certifica un milagroNacionalcatolicismoLibertad religiosaCreencias religiosasSalazar Frías y las brujas de ZugarramurdiPueblo cristiano

§

Fuentes

  1. Avelino de AlmeidaCoisas espantosas! Como o sol bailou ao meio-dia em FátimaO Século, Lisboa, 15 de octubre1917
  2. Avelino de AlmeidaCarta a alguém que pede um testemunho insuspeitoIlustração Portuguesa, Lisboa, 29 de octubre, con fotografías de Judah Bento Ruah1917
  3. Manuel Nunes Formigão (Visconde de Montelo)Os episódios maravilhosos de FátimaGuarda1921
  4. José Alves Correia da Silva, obispo de LeiriaCarta pastoral «A Divina Providência», 13 de octubre de 1930Leiria1930
  5. Lúcia de Jesus dos SantosMemórias da Irmã Lúcia, vol. 1 (textos de 1935-1941)Secretariado dos Pastorinhos, Fátima1976
  6. Tomás da FonsecaNa Cova dos LeõesLisboa (reed. con prefacio de Luís Filipe Torgal)1958
  7. Kevin McClureThe Evidence for Visions of the Virgin MaryAquarian Press, Wellingborough1983
  8. Santuário de FátimaDocumentação Crítica de Fátima, varios vols.Santuário de Fátima, 1992-20131992
  9. William A. Christian Jr.Visionaries: The Spanish Republic and the Reign of ChristUniversity of California Press, Berkeley1996
  10. Stanley L. JakiGod and the Sun at FátimaReal View Books, Royal Oak1999
  11. Congregación para la Doctrina de la FeEl mensaje de Fátima, 26 de junio de 2000Libreria Editrice Vaticana2000enlace
  12. Auguste MeessenApparitions and Miracles of the SunComunicación al Foro Internacional «Ciencia, Religión y Conciencia», Oporto2003
  13. Luís Filipe TorgalO Sol bailou ao meio-dia. A criação de FátimaTinta-da-china, Lisboa2011
  14. Jeffrey S. BennettWhen the Sun Danced: Myth, Miracles, and Modernity in Early Twentieth-Century PortugalUniversity of Virginia Press, Charlottesville2012
  15. Santuário de FátimaAs fotografias de 13 de outubro de 1917fatima.ptenlace
Sarasola, Eneko (2026). "Fátima y el milagro del sol". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/fatima-y-el-milagro-del-sol/

Una errata, un dato desfasado, un párrafo que falta: edítalo y la redacción revisa tu propuesta.

Sugerir una mejora