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Lourdes: cómo se certifica un milagro

Lourdes es el único santuario del mundo que tiene una oficina médica permanente para examinar las curaciones que se le atribuyen. Desde 1858 se han declarado allí más de siete mil, y la Iglesia ha reconocido como milagrosas setenta y dos; la última, la de la italiana Antonietta Raco, curada en 2009 de una esclerosis lateral primaria y proclamada el 16 de abril de 2025. El procedimiento que separa las siete mil de las setenta y dos es uno de los intentos más largos y mejor documentados de someter una afirmación religiosa a la medicina, y su historia enseña tanto por lo que consiguió como por lo que no podía conseguir.

Entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, Bernadette Soubirous, una muchacha de catorce años de una familia arruinada, dijo haber visto dieciocho veces a una señora en la gruta de Massabielle, a las afueras del pueblo. El 25 de febrero escarbó en el suelo, siguiendo la indicación de la aparición, y brotó un manantial. El 25 de marzo la señora se presentó, en gascón, como «la Inmaculada Concepción», un dogma que Pío IX había proclamado cuatro años antes y cuyo nombre Bernadette decía no entender. Las autoridades civiles fueron hostiles desde el principio: el comisario de policía la interrogó, el prefecto mandó cerrar la gruta en junio y solo la reabrió en octubre por orden de Napoleón III.

Retrato fotográfico antiguo de una joven con pañuelo blanco anudado a la cabeza y chal oscuro, mirando de lado
Fig. 1 Bernadette Soubirous en 1863, fotografiada por Billard-Perrin en Lourdes. Fue una de las primeras videntes de la era de la fotografía, y sus retratos se vendieron por miles; ella misma pidió que no le atribuyeran las curaciones, y en 1866 entró en un convento de Nevers, de donde ya no volvió.Billard-Perrin · 1863 · Dominio público · Wikimedia Commons
Página de un periódico suizo de 1858 con la cabecera Gazette de Lausanne y una columna de texto sobre la gruta de Lourdes
Fig. 2 La Gazette de Lausanne del 30 de agosto de 1858 da noticia de la gruta y del agua, «analizada por un célebre químico de Toulouse». Seis meses después de la primera aparición, el caso ya se discutía en la prensa protestante suiza, y lo que se discutía era sobre todo el manantial.Gazette de Lausanne et Journal Suisse (Swiss newspaper, 1858) · 1858 · Dominio público · Wikimedia Commons

El agua fue lo primero que se examinó. El químico Filhol, de la facultad de Toulouse, la analizó en 1858 y la encontró potable, sin ninguna sustancia con propiedades terapéuticas: la curación, si la había, no venía de la química. Casi a la vez, la comisión nombrada por el obispo de Tarbes pidió a un médico de la región, Henri Vergez, que valorara las primeras curaciones. De unas treinta que se le presentaron, dio por inexplicables siete. En 1862 el obispo declaró las apariciones dignas de fe y esas siete curaciones, milagrosas. Son las primeras de la lista.

Litografía de una gruta en una pared rocosa junto a un río, con árboles y unas pocas figuras humanas diminutas delante
Fig. 3 La gruta de Massabielle hacia 1860, en una litografía de Charles Mercereau: una oquedad en la roca junto al río Gave, con unos pocos visitantes. En treinta años se convertiría en un santuario al que llegaban trenes especiales desde toda Francia.Charles Mercereau · 1860 · Dominio público · Wikimedia Commons

El santuario creció con el ferrocarril, que llegó a Lourdes en 1866, y con las peregrinaciones nacionales organizadas desde 1873, que traían cada verano trenes enteros de enfermos. Con ellos aumentaron las curaciones declaradas y, en una Francia donde la medicina positivista y el anticlericalismo republicano iban de la mano, la necesidad de defenderlas. En 1883 se fundó el Bureau des constatations médicales, la oficina de comprobaciones médicas, dirigida desde 1892 por el doctor Prosper-Gustave Boissarie. Su regla tenía algo de audaz: cualquier médico, creyente o no, podía entrar a examinar a los enfermos y sus historiales. Émile Zola lo hizo en 1892.

La novela que Zola publicó en 1894, Lourdes, fue el gran alegato de la otra parte. Siguió a dos enfermas que dijeron curarse durante su visita y, en el libro, hizo recaer a la que había visto sanar de verdad, lo que Boissarie le reprochó como una falsificación literaria. Dos años antes, el neurólogo Jean-Martin Charcot había publicado La foi qui guérit: la fe cura, sostenía, pero solo lo que puede curar la sugestión, es decir, los trastornos que él atribuía a la histeria, y nunca una lesión orgánica. Ese argumento marcó para siempre el procedimiento de Lourdes, que desde entonces trató de excluir todo lo que pudiera explicarse por la mente.

Fotografía antigua de la gruta iluminada por velas, con la estatua de la Virgen en una hornacina y decenas de muletas colgadas de un cable sobre la entrada
Fig. 4 Muletas colgadas como exvotos en la gruta, en una fotografía de finales del siglo XIX. Eran la prueba que veía el peregrino. Para la oficina médica no probaban nada: una muleta abandonada no dice qué enfermedad había ni si era orgánica.Autoría desconocida (fotografía) · Dominio público · Wikimedia Commons

El criterio que se adoptó era antiguo. Lo había formulado en el siglo XVIII Prospero Lambertini, el futuro papa Benedicto XIV, para las causas de canonización: la enfermedad debe ser grave y de pronóstico adverso, orgánica y comprobada; la curación debe ser súbita, completa, duradera y sin tratamiento que la explique. En 1947 el examen se hizo en dos niveles, con un comité médico nacional que en 1954 pasó a ser internacional: la oficina de Lourdes comprueba y documenta, el Comité Médico Internacional vota si la curación es inexplicable según los conocimientos actuales, y solo después el obispo de la diócesis del curado decide si la declara milagrosa. La medicina no declara milagros; declara que no sabe explicar.

Fotografía de 1914 de una multitud de peregrinos, hombres con sombrero y mujeres con vestidos largos, apiñados junto a una verja delante de un edificio de piedra
Fig. 5 Peregrinos esperando el agua junto a los grifos del santuario durante el congreso eucarístico de julio de 1914, en una fotografía de la agencia Rol. En aquellos años se declaraban decenas de curaciones cada temporada; la inmensa mayoría no llegaba a abrir expediente.Agence Rol · 1914 · Dominio público · Wikimedia Commons

Lo más revelador es cómo ha evolucionado la lista. En 2014 el médico Bernard François y las historiadoras de la medicina Esther Sternberg y Elizabeth Fee publicaron un estudio de los expedientes que mostraba lo que cualquiera sospecharía: el número de curaciones reconocidas cae a medida que mejora la medicina. La gran mayoría de las setenta y dos son anteriores a 1960, y muchas de las antiguas corresponden a tuberculosis y otras enfermedades cuyo curso era entonces mal conocido y que hoy remiten con tratamiento. Menos de diez de las curaciones reconocidas se produjeron después de 1965. Cuanto más sabe la medicina, menos cosas son inexplicables para ella, y el filtro de Lourdes, que es honrado, lo refleja.

Esa es la conclusión que el caso deja, y no favorece del todo a ninguno de los dos bandos. El procedimiento no prueba que haya milagros: prueba que ha habido curaciones que los médicos que las examinaron no supieron explicar, lo cual es un hecho sobre los médicos tanto como sobre los enfermos. Pero tampoco es la farsa que suponía Zola: es un filtro exigente, que rechaza casi todo lo que le llega y que ha aceptado hacerse más exigente con el tiempo. Alexis Carrel, que vio en 1902 la curación de una joven con peritonitis tuberculosa y diez años después recibió el Nobel de Medicina, dejó escrito que había visto algo que no entendía. Es exactamente lo que certifica Lourdes, y ni una palabra más.

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Fuentes

  1. Prospero Lambertini (Benedicto XIV)De servorum Dei beatificatione et beatorum canonizatione, libro IVBolonia, 1734-17381734
  2. Gazette de Lausanne et Journal suisseLa grotte de Lourdes (crónica del 30 de agosto de 1858)Lausana1858
  3. Henri LasserreNotre-Dame de LourdesVictor Palmé, París1869
  4. Prosper-Gustave BoissarieLourdes. Histoire médicale, 1858-1891Victor Lecoffre, París1891
  5. Jean-Martin CharcotLa foi qui guéritFélix Alcan, París (publicado antes en la Revue hebdomadaire, 1892)1897
  6. Émile ZolaLourdesCharpentier et Fasquelle, París1894
  7. Alexis CarrelLe voyage de LourdesPlon, París (escrito en 1902-1903)1949
  8. Donald J. WestEleven Lourdes MiraclesDuckworth, Londres1957
  9. René Laurentin y Bernard Billet (eds.)Lourdes. Documents authentiques, 7 vols.Lethielleux, París, 1957-19661957
  10. Ruth HarrisLourdes: Body and Spirit in the Secular AgeAllen Lane, Londres1999
  11. Suzanne K. KaufmanConsuming Visions: Mass Culture and the Lourdes ShrineCornell University Press, Ithaca (reed. 2019)2005enlace
  12. Bernard François, Esther M. Sternberg y Elizabeth FeeThe Lourdes Medical Cures RevisitedJournal of the History of Medicine and Allied Sciences, vol. 69, núm. 1, pp. 135-1622014enlace
  13. Sanctuaire Notre-Dame de LourdesAntonietta Raco, 72e miracle de Lourdeslourdes-france.com2025enlace
Sarasola, Eneko (2026). "Lourdes: cómo se certifica un milagro". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/lourdes-como-se-certifica-un-milagro/

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