El error fundamental de atribución (en inglés, fundamental attribution error) es la tendencia a explicar la conducta de los demás por cómo son, su carácter, su personalidad o sus intenciones, y a subestimar el peso de la situación en la que se encontraban. Si un conductor nos adelanta de forma temeraria, pensamos que es un imprudente, no que quizá lleva a alguien al hospital; si un compañero llega tarde, es un desorganizado, no alguien que ha pillado un atasco. Se le llama también sesgo de correspondencia, porque consiste en suponer que la conducta corresponde a una disposición interna de quien la realiza.
Las raíces de la idea están en el psicólogo austriaco Fritz Heider, que en 1958 describió a las personas como psicólogos ingenuos que intentan explicar lo que hacen los demás y distinguen entre causas internas, o disposicionales, y causas externas, o situacionales. Heider observó ya que la conducta de una persona es tan llamativa que tiende a acaparar la atención del observador, mientras que la situación que la rodea queda en segundo plano. El nombre de error fundamental lo acuñó en 1977 el psicólogo Lee Ross, de la Universidad Stanford, que lo consideraba la base conceptual de buena parte de la psicología social: si los experimentos del campo sorprenden tanto, argumentaba, es porque muestran el enorme poder de las situaciones sobre unas personas que creemos gobernadas por su carácter.
La demostración clásica la publicaron diez años antes Edward Jones y Victor Harris, de la Universidad Duke. Pidieron a estudiantes que leyeran ensayos a favor o en contra de Fidel Castro, un tema muy polémico en la Norteamérica de 1967, y que estimaran la opinión real de sus autores. A unos les dijeron que el autor había elegido libremente su postura; a otros, que un profesor le había asignado la posición que debía defender. Cuando la postura era libre, los lectores supusieron, con lógica, que el autor del ensayo favorable a Castro simpatizaba con él. Lo sorprendente fue que, cuando se les había dicho que la postura estaba impuesta, siguieron atribuyendo al autor del ensayo favorable una opinión bastante más procastrista que al del ensayo contrario. Sabían que el texto no reflejaba una elección, y aun así lo leyeron como un retrato de su autor.

Otro experimento de Ross, con Teresa Amabile y Julia Steinmetz, puso el sesgo en una situación todavía más transparente. Emparejaron al azar a estudiantes en un falso concurso: a uno le tocaba el papel de presentador y debía inventar diez preguntas difíciles sobre temas que él mismo conociera, y al otro, el de concursante que debía responderlas. Los concursantes acertaban pocas, como era de esperar, porque las preguntas estaban hechas para eso. Después, tanto los concursantes como unos observadores que habían visto la sesión valoraron los conocimientos generales de ambos, y los dos grupos juzgaron más cultos a los presentadores. Todos sabían que los papeles se habían sorteado y que el presentador tenía la ventaja de elegir las preguntas, pero la exhibición de saber pesó más que esa información.
El poder de la situación se aprecia también desde el otro lado. En 1973, John Darley y Daniel Batson pidieron a seminaristas de Princeton que prepararan una charla, algunos precisamente sobre la parábola del buen samaritano, y que fueran a grabarla a otro edificio. A unos les dijeron que iban con tiempo; a otros, que llegaban tarde. En el camino se encontraban con un hombre desplomado en un portal, tosiendo y gimiendo. De los que no tenían prisa se paró a ayudar más de la mitad; de los que iban con prisa, apenas uno de cada diez, y algunos llegaron a pasar por encima de él. El tema de la charla no influyó. Lo que predecía la ayuda no era la religiosidad ni el carácter de los estudiantes, sino una circunstancia tan trivial como el reloj.
Los psicólogos han propuesto varias explicaciones del error. Una es perceptiva, como sugería Heider: la persona que actúa es lo que se ve, y la situación, sus presiones o sus antecedentes, suele ser invisible para el observador. Otra, desarrollada por Daniel Gilbert, describe la atribución como un proceso en dos pasos, uno automático y otro que exige esfuerzo, que el diagrama resume.
Según este modelo, cuando el observador está distraído, cansado o tiene prisa, no llega a hacer la corrección, y el sesgo aumenta. Influye también la creencia en un mundo justo, que lleva a pensar que a cada uno le pasa lo que merece, y la cultura. En 1984, Joan Miller pidió a estadounidenses y a hindúes de la India que explicaran acciones de conocidos suyos: los estadounidenses adultos recurrían mucho más a los rasgos de personalidad, y los indios, a los papeles sociales y las circunstancias, mientras que los niños de ambos países se parecían más entre sí. Estudios posteriores con participantes de Asia oriental han encontrado resultados parecidos, lo que ha llevado a matizar el adjetivo fundamental: el sesgo existe en muchas culturas, pero su intensidad depende de cómo cada una entiende a la persona.
Un fenómeno relacionado es la asimetría actor-observador, la idea, propuesta por Jones y Nisbett en 1971, de que explicamos nuestra propia conducta por la situación y la de los demás por su carácter. Es una intuición muy extendida, pero un metaanálisis de Bertram Malle de 2006 encontró que, en conjunto, la asimetría es mucho más débil de lo que se creía y solo aparece en ciertas condiciones. El error fundamental, en cambio, se sigue observando con bastante solidez, y tiene consecuencias fuera del laboratorio: en los juicios sobre la pobreza o el desempleo, que se atribuyen a la pereza más que a la economía, en las entrevistas de trabajo, en la valoración de testigos o en los debates políticos, donde es fácil atribuir al adversario malas intenciones y a los propios, circunstancias atenuantes.
Efecto halo – Estereotipos – Disonancia cognitiva – Kitty Genovese y el efecto espectador – El experimento de la cárcel de Stanford – Teoría de la mente
Fuentes
- Fritz HeiderThe Psychology of Interpersonal RelationsWiley, Nueva York1958
- Edward E. Jones y Victor A. HarrisThe Attribution of AttitudesJournal of Experimental Social Psychology 3 (1), 1-241967enlace
- Lee RossThe Intuitive Psychologist and His Shortcomings: Distortions in the Attribution ProcessAdvances in Experimental Social Psychology 10, 173-2201977enlace
- Lee D. Ross, Teresa M. Amabile y Julia L. SteinmetzSocial Roles, Social Control, and Biases in Social-Perception ProcessesJournal of Personality and Social Psychology 35 (7), 485-4941977enlace
- John M. Darley y C. Daniel Batson'From Jerusalem to Jericho': A Study of Situational and Dispositional Variables in Helping BehaviorJournal of Personality and Social Psychology 27 (1), 100-1081973enlace
- Joan G. MillerCulture and the Development of Everyday Social ExplanationJournal of Personality and Social Psychology 46 (5), 961-9781984enlace
- Daniel T. Gilbert y Patrick S. MaloneThe Correspondence BiasPsychological Bulletin 117 (1), 21-381995enlace
- Bertram F. MalleThe Actor-Observer Asymmetry in Attribution: A (Surprising) Meta-AnalysisPsychological Bulletin 132 (6), 895-9192006enlace