La teoría de la mente

Qué es la teoría de la mente: la pregunta sobre la chimpancé Sarah, las pruebas de falsa creencia, la edad a la que aparece y el debate sobre el autismo.

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La teoría de la mente (en inglés, theory of mind) es la capacidad de atribuir estados mentales, como creencias, deseos, intenciones o conocimientos, a uno mismo y a los demás, y de entender que esos estados pueden ser distintos de los propios y distintos de la realidad. Es lo que permite prever que alguien buscará sus llaves donde cree haberlas dejado y no donde están, darse cuenta de que otro nos está mintiendo o entender una ironía. Se la llama teoría porque los estados mentales ajenos no se ven: se infieren a partir de la conducta, igual que una teoría científica infiere lo que no se observa directamente.

La expresión nació en la primatología. En 1978, los psicólogos David Premack y Guy Woodruff, de la Universidad de Pensilvania, publicaron un artículo titulado ¿Tiene el chimpancé una teoría de la mente?. Habían mostrado a Sarah, una chimpancé entrenada en el uso de símbolos, vídeos de un actor humano que intentaba resolver un problema, como alcanzar unos plátanos colgados fuera de su alcance o salir de una jaula cerrada. Después le ofrecían varias fotografías, y Sarah solía elegir la que mostraba la solución, como el actor subido a una caja. Premack y Woodruff interpretaron que Sarah entendía lo que el actor quería. El artículo se publicó con decenas de comentarios de otros investigadores, y tres filósofos, entre ellos Daniel Dennett, señalaron que para demostrar una verdadera teoría de la mente no bastaba con que el animal previera lo que alguien desea: había que comprobar si entendía que alguien puede creer algo falso.

De esa observación salió la prueba más famosa del campo. En 1983, Heinz Wimmer y Josef Perner, de la Universidad de Salzburgo, contaron a niños una historia con muñecos: Maxi guarda un chocolate en un armario azul y se va; mientras está fuera, su madre lo cambia a un armario verde; Maxi vuelve con hambre. ¿Dónde buscará el chocolate? Los niños de tres años solían responder que en el verde, donde está de verdad; a partir de los cuatro o cinco, la mayoría decía que en el azul, donde Maxi cree que está. Dos años después, Simon Baron-Cohen, Alan Leslie y Uta Frith simplificaron la historia en la versión que se usa todavía, la prueba de Sally y Ana.

La prueba de falsa creencia de Sally y Ana (Baron-Cohen, Leslie y Frith, 1985)

El estudio de 1985 comparaba a tres grupos: niños con desarrollo típico de unos cuatro años, niños con síndrome de Down de mayor edad y niños autistas con una edad mental verbal más alta que la de ambos. Superaron la prueba el 85 % de los primeros y el 86 % de los segundos, pero solo 4 de los 20 niños autistas. Los autores propusieron que el autismo implicaba un déficit específico en la teoría de la mente, al que Baron-Cohen llamó después ceguera mental. La hipótesis tuvo una enorme influencia en la investigación y en la divulgación sobre el autismo durante los años noventa.

Otra línea de trabajo se centró en cómo y cuándo aparece la capacidad en el desarrollo. En 2001, Henry Wellman y sus colegas reunieron 178 estudios con pruebas de falsa creencia y confirmaron un cambio bastante regular entre los tres y los cinco años, presente en culturas muy distintas, aunque con variaciones de edad. El paso depende en parte del lenguaje, especialmente de la capacidad de manejar oraciones del tipo «Sally cree que…», y de las conversaciones familiares sobre lo que piensan y sienten otras personas: los niños con hermanos mayores tienden a superar antes la prueba. Se relaciona también con el desarrollo de las funciones ejecutivas, porque para responder bien hay que inhibir la tentación de señalar donde está realmente el objeto. Autores como Jean Piaget, que había descrito el egocentrismo del pensamiento infantil, habían anticipado parte del fenómeno sin ese nombre.

En 2005, Kristine Onishi y Renée Baillargeon plantearon que la capacidad podía estar presente mucho antes. En lugar de preguntar, midieron cuánto tiempo miraban bebés de quince meses una escena en la que un actor buscaba un juguete donde ya no estaba o donde sí estaba. Los bebés miraban más tiempo cuando el actor buscaba en el lugar correcto sin haber visto el cambio, como si les sorprendiera. Esos estudios de mirada abrieron un debate que sigue vivo: algunos investigadores creen que existe una forma temprana e implícita de teoría de la mente, y que lo que aparece hacia los cuatro años es la capacidad de expresarla verbalmente; otros han tenido dificultades para replicar algunos de los resultados infantiles.

La relación con el autismo también se ha revisado. Muchas personas autistas superan las pruebas de falsa creencia, sobre todo en la adolescencia y la edad adulta, y las dificultades que persisten se parecen más a una diferencia de estilo social que a una ceguera. En 2012, el sociólogo británico Damian Milton, él mismo autista, propuso el problema de la doble empatía: las dificultades de comprensión entre personas autistas y no autistas son mutuas, porque las segundas también interpretan mal los estados mentales de las primeras, y estudios posteriores han encontrado que la comunicación entre personas autistas funciona mejor de lo que el modelo del déficit predecía.

La teoría de la mente se estudia hoy en muchos otros terrenos. En los animales, algunos experimentos sugieren que los chimpancés y otros simios anticipan dónde buscará alguien un objeto que no vio mover. En la neurociencia, se han identificado regiones del cerebro, como la unión temporoparietal, que se activan cuando se piensa en lo que otros creen. Y en psicología social se han buscado formas de mejorarla: en 2013, un estudio muy difundido afirmó que leer un fragmento de ficción literaria mejoraba la capacidad de reconocer emociones ajenas, pero un gran intento de réplica en 2016 no encontró el efecto. Lo que no se discute es que la capacidad de imaginar lo que otros piensan, y de saber que pueden estar equivocados, es una de las bases de la vida social humana, de la cooperación al engaño.

Funciones ejecutivas – Psicología evolutiva – Pensamiento sincrético – Epistemología genética – Habilidades sociales – Error fundamental de atribución

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Fuentes

  1. David Premack y Guy WoodruffDoes the Chimpanzee Have a Theory of Mind?Behavioral and Brain Sciences 1 (4), 515-5261978enlace
  2. Heinz Wimmer y Josef PernerBeliefs about Beliefs: Representation and Constraining Function of Wrong Beliefs in Young Children's Understanding of DeceptionCognition 13 (1), 103-1281983enlace
  3. Simon Baron-Cohen, Alan M. Leslie y Uta FrithDoes the Autistic Child Have a 'Theory of Mind'?Cognition 21 (1), 37-461985enlace
  4. Henry M. Wellman, David Cross y Julanne WatsonMeta-Analysis of Theory-of-Mind Development: The Truth about False BeliefChild Development 72 (3), 655-6842001enlace
  5. Kristine H. Onishi y Renée BaillargeonDo 15-Month-Old Infants Understand False Beliefs?Science 308 (5719), 255-2582005enlace
  6. Damian E. M. MiltonOn the Ontological Status of Autism: The 'Double Empathy Problem'Disability & Society 27 (6), 883-8872012enlace
  7. David Comer Kidd y Emanuele CastanoReading Literary Fiction Improves Theory of MindScience 342 (6156), 377-3802013enlace
  8. Maria Eugenia Panero y otrosDoes Reading a Single Passage of Literary Fiction Really Improve Theory of Mind? An Attempt at ReplicationJournal of Personality and Social Psychology 111 (5), e46-e542016enlace
Sarasola, Josemari (2024). "La teoría de la mente". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/teoria-de-la-mente/

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