Los incendios forestales en España

Menos fuegos, pero más grandes. Por qué arde el monte español, cómo se cuentan las hectáreas y qué dejó 2026: casi 300.000 quemadas, el 44% de la UE.

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Los incendios forestales son fuegos que se propagan sin control por montes, matorrales y pastos. En la península ibérica forman parte del paisaje desde mucho antes de que hubiera estadísticas: el clima mediterráneo, con veranos largos, secos y calurosos, convierte cada año la vegetación en combustible, y muchas especies se han adaptado a arder. Lo que ha cambiado en las últimas décadas no es que haya fuego, sino su tamaño, su intensidad y el territorio sobre el que cae.

Un incendio necesita tres cosas, el triángulo del fuego: combustible, oxígeno y una fuente de calor. El oxígeno siempre está, así que el riesgo depende del combustible disponible y de la chispa. En España, la gran mayoría de los incendios tiene un origen humano, sea intencionado o por negligencia: quemas agrícolas que se escapan, colillas, maquinaria, tendidos eléctricos. Los rayos explican solo una parte pequeña, aunque suelen provocar fuegos en zonas remotas y varios a la vez en las tormentas secas. La meteorología decide después lo que pasa con la chispa. La llamada regla del 30, más de 30 grados, menos de un 30% de humedad y vientos de más de 30 kilómetros por hora, resume las condiciones en las que un fuego se vuelve muy difícil de apagar.

La paradoja de las estadísticas es que España tiene hoy menos incendios que hace treinta años, pero más grandes. Las peores campañas de la serie del Ministerio para la Transición Ecológica son las de 1985, con más de 480.000 hectáreas quemadas, y 1994, con más de 430.000. Desde entonces el número de fuegos ha bajado gracias a la prevención y a unos medios de extinción mucho más rápidos, que apagan la inmensa mayoría de los conatos antes de que pasen de una hectárea. Los pocos que escapan a ese primer ataque son los que hacen la estadística, y se comportan de otra manera: los técnicos hablan de incendios de sexta generación, tan intensos que crean su propia meteorología, con columnas de humo que generan vientos y lanzan pavesas a kilómetros por delante del frente.

Detrás de ese cambio está el territorio. El éxodo rural del siglo XX vació los pueblos de montaña, y con ellos desaparecieron el pastoreo, la recogida de leña y los cultivos que fragmentaban el paisaje y frenaban el fuego. El matorral y el bosque joven ocuparon los campos abandonados y formaron masas continuas de combustible. El cambio climático hace el resto: las temporadas de riesgo empiezan antes, terminan después y traen más olas de calor. Por eso muchos expertos repiten que los grandes incendios se apagan en invierno, gestionando el combustible, y no en agosto con aviones.

Hay dos maneras de contar lo que arde, y conviene no mezclarlas. El sistema europeo EFFIS, del programa Copernicus, mide desde satélite las áreas quemadas de los incendios grandes y publica datos casi en tiempo real. El Ministerio para la Transición Ecológica recoge los partes de las comunidades autónomas, confirmados sobre el terreno, y publica sus cifras con más retraso. Por eso las dos series no coinciden: a mediados de septiembre de 2026, EFFIS daba casi 300.000 hectáreas para España y el Ministerio, 273.420 hasta el día 13.

La campaña de 2026 ha sido una de las peores del siglo. Entre el 1 de enero y el 23 de septiembre ardieron en España 299.501 hectáreas según EFFIS, unas tres veces la media histórica para esas fechas, y el 44,1% de toda la superficie quemada en la Unión Europea. El año arrancó pronto: a principios de julio ya se habían quemado más de 50.000 hectáreas, el doble que un año antes. El incendio de Los Gallardos, en Almería, mató en julio a trece personas y quemó unas 7.000 hectáreas; varias de las víctimas murieron atrapadas en sus coches en una pedanía de Bédar. A finales de ese mes ardían a la vez grandes fuegos en Ávila, Madrid y Toledo. Aun así, 2026 queda por debajo de 2025, que cerró con 393.079 hectáreas según EFFIS, la peor cifra desde 1994, sobre todo por los incendios de agosto en Galicia, León y Zamora.

Tras cada gran incendio se repiten las mismas sospechas sobre la especulación urbanística. La ley las cerró hace años: desde la reforma de 2006, el artículo 50 de la Ley de Montes prohíbe durante al menos treinta años cambiar el uso de un terreno forestal quemado, con excepciones muy tasadas, de modo que quemar un monte no sirve para convertirlo en suelo edificable. Las causas reales suelen ser menos novelescas: un descuido en un día de viento, una quema de rastrojos o, en algunas comarcas, conflictos locales que se resuelven prendiendo fuego.

La ecología del monte mediterráneo ofrece un matiz. El pino carrasco tiene piñas que solo se abren con el calor del fuego, y el alcornoque protege sus yemas con el corcho y vuelve a brotar semanas después de arder. Muchos ecosistemas mediterráneos se recuperan de un fuego ocasional; lo que no resisten son los incendios demasiado frecuentes o demasiado intensos, que queman el suelo y no dejan tiempo para que el bosque se rehaga. Ese es el riesgo que dibujan las campañas de 2025 y 2026, y la razón por la que la crisis del campo y la despoblación se discuten cada vez más como política forestal.

Éxodo rural – Cambio climático – Medio rural – La crisis del campo español

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Fuentes

  1. Moncloa.comLos incendios forestales en España arrasan 300.000 hectáreas, el 44,1% de toda la UE, con Galicia en el punto de miraMoncloa.com2026enlace
  2. Gizmodo en españolEspaña roza las 300.000 hectáreas quemadas en 2026: los incendios ya triplican la media históricaGizmodo en español2026enlace
  3. RTVCEl fallecimiento de una mujer británica de 93 años eleva a 13 las víctimas mortales del incendio de AlmeríaRadio Televisión Canaria2026enlace
  4. Cortes GeneralesLey 43/2003, de 21 de noviembre, de Montes, artículo 50Boletín Oficial del Estado2003enlace
Sarasola, Josemari (2026). "Los incendios forestales en España". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/los-incendios-forestales-en-espana/

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