Las cinco etapas del duelo

Negación, ira, negociación, depresión y aceptación. El modelo más famoso del duelo no se escribió sobre el duelo, y la mayoría de las personas no pasa por él.

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Las cinco etapas del duelo son negación, ira, negociación, depresión y aceptación, en ese orden. Las formuló Elisabeth Kübler-Ross en 1969 y desde entonces se han convertido en la manera estándar de hablar de la pérdida, en las series, en los manuales de enfermería y en las conversaciones de consuelo. Casi todo el mundo las conoce, y casi nadie conoce dos cosas sobre ellas: que el libro donde aparecen no habla de quienes pierden a alguien, sino de quienes están a punto de morir, y que cuando por fin se midieron en personas en duelo, cuarenta años después, el orden no apareció.

Kübler-Ross era una psiquiatra suiza que trabajaba en un hospital de Chicago, donde descubrió que los médicos evitaban a los moribundos y que nadie les preguntaba qué sentían. Empezó a entrevistarlos delante de sus estudiantes, con el paciente de acuerdo, y de más de doscientas conversaciones salió Sobre la muerte y los moribundos. Las etapas describen cómo reacciona un enfermo terminal a la noticia de que va a morir: primero dice que es un error de diagnóstico, luego se enfada con todos, luego intenta pactar con Dios o con el médico un poco más de tiempo, luego se hunde y, si llega, acepta. El libro fue un éxito inmediato porque rompía el silencio en torno a la muerte, y porque daba a los sanitarios un mapa de algo que les daba miedo. La propia autora escribió que las etapas no eran una secuencia fija, que podían solaparse o faltar, y que la esperanza las atravesaba todas, pero el esquema de cinco pasos era tan fácil de recordar que se impuso sobre sus matices.

Cuadro de Edvard Munch con una familia en silencio alrededor de una enferma en una habitación
Fig. 1 Muerte en la habitación de la enferma, de Edvard Munch, hacia 1893. Cada miembro de la familia está en un sitio distinto; ninguno pasa por lo mismo que los demás.Edvard Munch · 1893 · Dominio público · Wikimedia Commons

El salto del moribundo al doliente lo dio la cultura, no la ciencia. En los años setenta las etapas se aplicaron a cualquier pérdida, de un divorcio a un despido, y Kübler-Ross lo aceptó; su último libro, publicado tras su muerte en 2004 con David Kessler, las extiende de forma explícita al duelo. En 2007, un equipo de Yale dirigido por Holly Prigerson puso a prueba el modelo con 233 personas que habían perdido a su pareja por causas naturales y a las que siguieron durante dos años. Midieron cada mes la incredulidad, el anhelo, la ira, la depresión y la aceptación. Los resultados, publicados en JAMA, mostraron que cada indicador alcanzaba su máximo en el orden que predecía la teoría, lo que los autores tomaron como un apoyo parcial, pero también que la aceptación era desde el primer mes la respuesta dominante y que la incredulidad nunca fue la más alta. Lo que la mayoría sentía desde el principio no era negación, sino añoranza.

El trabajo de George Bonanno, de Columbia, fue más lejos. Siguiendo a cientos de viudos y viudas antes y después de la pérdida, encontró que la trayectoria más frecuente no era la del duelo por etapas sino la de la resiliencia: algo menos de la mitad de las personas sufrían un dolor agudo pero breve y volvían a funcionar en semanas, sin pasar por ninguna fase de depresión. Otro grupo mejoraba de forma gradual a lo largo de un año o dos; un tercero, en torno al 10 o el 15 %, quedaba atrapado en un duelo crónico; y un cuarto había estado deprimido antes de la muerte y mejoraba después, porque cuidar de un enfermo había sido más duro que perderlo. Ninguna de estas curvas se parece a una escalera de cinco peldaños. Bonanno concluyó que la capacidad humana de sobreponerse se había subestimado y que el modelo de etapas hacía daño a quienes no encajaban en él.

Ese daño es concreto. Una persona que no se enfada o no se hunde puede creer que está haciendo mal el duelo, o que lo está reprimiendo y que le estallará después, una idea que los datos tampoco apoyan. Los profesionales que esperan una secuencia pueden empujar a alguien hacia una etapa que no siente. Y la noción de que el duelo termina en aceptación, como una tarea que se completa, no describe lo que cuenta la mayoría de los dolientes, que es que el dolor cambia de forma y se vuelve habitable sin desaparecer. Los modelos actuales, como el de proceso dual de Margaret Stroebe y Henk Schut, describen el duelo como una oscilación entre momentos de confrontar la pérdida y momentos de ocuparse de la vida, sin orden ni final.

Las etapas de Kübler-Ross sobreviven, y lo seguirán haciendo, porque son útiles para algo distinto de lo que prometen. No predicen cómo sufrirá nadie, pero dan nombre a cosas que mucha gente siente y permiten hablar de ellas, que era el propósito original del libro. El error no está en el modelo, sino en leerlo como un mapa que todos deben recorrer.

Duelo migratorio – La disonancia cognitiva – El síndrome de burnout – La indefensión aprendida

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Fuentes

  1. Elisabeth Kübler-RossOn Death and DyingMacmillan, Nueva York1969enlace
  2. Paul K. Maciejewski, Baohui Zhang, Susan D. Block y Holly G. PrigersonAn Empirical Examination of the Stage Theory of GriefJAMA 297 (7), 716-7232007enlace
  3. George A. BonannoLoss, Trauma, and Human Resilience: Have We Underestimated the Human Capacity to Thrive After Extremely Aversive Events?American Psychologist 59 (1), 20-282004enlace
  4. Margaret Stroebe, Henk Schut y Wolfgang StroebeHealth Outcomes of BereavementThe Lancet 370 (9603), 1960-19732007enlace
Sarasola, Josemari (2024). "Las cinco etapas del duelo". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/las-cinco-etapas-del-duelo/

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