La indefensión aprendida

Qué es la indefensión aprendida: los experimentos de Seligman y Maier, su paso a la depresión humana y lo que la neurociencia corrigió después.

6 min
Editar

La indefensión aprendida (en inglés, learned helplessness) es el estado en que queda un animal o una persona que ha sufrido repetidamente situaciones desagradables que no podía controlar: deja de intentar escapar o de resolver el problema incluso cuando más tarde la salida está a su alcance. El concepto lo formularon en 1967 los psicólogos estadounidenses Martin Seligman y Steven Maier, entonces doctorandos en la Universidad de Pensilvania, y se convirtió en uno de los modelos más influyentes para entender la depresión. Cincuenta años después, sus propios autores reconocieron que la neurociencia había dado la vuelta a su interpretación original.

El descubrimiento fue accidental. En el laboratorio de Richard Solomon, en Pensilvania, se estudiaba cómo interactúan el condicionamiento clásico y el aprendizaje por evitación. A unos perros se les asociaba un tono con una descarga eléctrica breve mientras estaban sujetos con un arnés, y después se les colocaba en una caja de dos compartimentos separados por una barrera baja, donde podían evitar la descarga saltando al otro lado. Los perros que no habían pasado por la primera fase aprendían enseguida a saltar. Pero muchos de los que habían recibido antes las descargas inevitables se tumbaban y gemían, sin intentar nada, hasta que la descarga terminaba sola. Seligman y Bruce Overmier describieron el fenómeno en 1967, y ese mismo año Seligman y Maier publicaron el experimento que permitía explicarlo.

Su diseño, llamado triádico o de sujetos acoplados, separaba la experiencia de la descarga de la experiencia de no poder hacer nada. El diagrama resume los tres grupos.

El diseño triádico de Seligman y Maier (1967): misma descarga, distinto control

Los perros del grupo con escape y los del grupo acoplado recibían exactamente la misma cantidad de descargas, con la misma duración, porque la del segundo se cortaba cuando el primero apretaba el panel. Si la pasividad posterior se debiera al dolor o al estrés, los dos grupos deberían comportarse igual. No fue así: en la caja, los perros que habían tenido control aprendían a saltar tan rápido como los que no habían recibido ninguna descarga, mientras que la mayoría de los acoplados fracasaban. Seligman y Maier concluyeron que lo decisivo no era el castigo, sino haber aprendido que las propias acciones no cambiaban nada. Esa expectativa de incontrolabilidad se trasladaba a la nueva situación y producía tres déficits: motivacional (no intentarlo), cognitivo (no darse cuenta de que ahora sí funcionaba cuando por casualidad lo lograba) y emocional (signos de ansiedad y abatimiento).

Fotografía en color de un hombre mayor de pelo blanco, con traje oscuro y corbata a rayas rojas y azules, sentado y con expresión seria
Fig. 1 Martin Seligman en Filadelfia en 2009, durante una reunión sobre resiliencia de los soldados con el Ejército de los Estados Unidos. Tras la indefensión aprendida, fue uno de los impulsores de la psicología positiva.D. Myles Cullen, Ejército de los Estados Unidos · 2009 · Dominio público · Wikimedia Commons

La idea pasó pronto a los seres humanos. En 1974, Donald Hiroto expuso a estudiantes a un ruido fuerte que unos podían apagar pulsando botones y otros no; después, en una caja en la que bastaba con mover la mano para detener el ruido, los que habían pasado por el ruido incontrolable tardaban mucho más en descubrirlo. Experimentos parecidos con problemas sin solución mostraron el mismo patrón: tras una serie de fracasos inevitables, las personas resolvían peor anagramas perfectamente solubles. Seligman propuso en 1975, en su libro Helplessness, que la indefensión aprendida era un modelo de la depresión: la pasividad, el pesimismo y la tristeza de la persona deprimida serían consecuencia de haber aprendido que nada de lo que hace sirve.

El modelo humano tenía un problema: no todo el mundo reaccionaba igual ante la incontrolabilidad, y algunos se deprimían tras un único fracaso mientras que otros resistían muchos. En 1978, Lyn Abramson, Seligman y John Teasdale publicaron una reformulación basada en la atribución, es decir, en la explicación que cada persona se da de lo que le ocurre. Según la teoría revisada, la indefensión es más probable cuando los fracasos se atribuyen a causas internas («es culpa mía»), estables («siempre será así») y globales («me pasa en todo»). De ahí nació la idea de estilo explicativo, que Seligman desarrolló después en sus trabajos sobre el optimismo aprendido y que fue una de las bases de la psicología positiva, el movimiento que impulsó al presidir la Asociación Americana de Psicología en 1998.

El concepto se aplicó también fuera de la clínica: a la pasividad de algunos alumnos que han fracasado mucho en la escuela, a la resignación de las personas mayores internadas en residencias donde apenas deciden nada, o a la dificultad de algunas víctimas de violencia doméstica para abandonar una relación. En esos terrenos se ha usado a veces de forma demasiado amplia, como si cualquier pasividad fuera indefensión aprendida, y los críticos han advertido que no hay que confundir la falta de intentos con la falta de opciones reales: a menudo las personas no escapan porque escapar tiene costes que desde fuera no se ven.

La corrección más importante llegó del propio Maier, que dedicó décadas a estudiar la base cerebral del fenómeno en ratas. En 2016, Maier y Seligman publicaron un balance titulado La indefensión aprendida a los cincuenta, con una conclusión sorprendente: la teoría original estaba al revés. La pasividad ante un castigo prolongado no se aprende, sino que es la respuesta por defecto del cerebro de los mamíferos, gobernada por un grupo de neuronas del núcleo dorsal del rafe que liberan serotonina. Lo que se aprende es el control: cuando el animal detecta que sus acciones sí cambian lo que ocurre, una región de la corteza prefrontal medial frena esa respuesta automática. Los perros del grupo con escape no estaban protegidos por no haber aprendido la indefensión, sino por haber aprendido algo que los otros no tuvieron ocasión de aprender.

Los experimentos originales, que causaban sufrimiento a animales, hoy difícilmente superarían un comité de ética, y su historia tiene además un episodio incómodo: en la década de 2000, la teoría fue citada por los psicólogos que diseñaron los interrogatorios de la CIA a presos de la guerra contra el terror, algo de lo que Seligman se desvinculó. Aun así, el hallazgo central sigue en pie y ha cambiado de sentido: más que explicar por qué las personas se rinden, explica por qué la experiencia de tener algún control, aunque sea pequeño, protege frente a la adversidad.

Condicionamiento clásico – Condicionamiento operante – Afrontamiento – Estado de ánimo – Los monos de Harlow – Error fundamental de atribución

§

Fuentes

  1. J. Bruce Overmier y Martin E. P. SeligmanEffects of Inescapable Shock upon Subsequent Escape and Avoidance RespondingJournal of Comparative and Physiological Psychology 63 (1), 28-331967enlace
  2. Martin E. P. Seligman y Steven F. MaierFailure to Escape Traumatic ShockJournal of Experimental Psychology 74 (1), 1-91967enlace
  3. Donald S. HirotoLocus of Control and Learned HelplessnessJournal of Experimental Psychology 102 (2), 187-1931974enlace
  4. Martin E. P. SeligmanHelplessness: On Depression, Development, and DeathW. H. Freeman, San Francisco1975
  5. Lyn Y. Abramson, Martin E. P. Seligman y John D. TeasdaleLearned Helplessness in Humans: Critique and ReformulationJournal of Abnormal Psychology 87 (1), 49-741978enlace
  6. Steven F. Maier y Martin E. P. SeligmanLearned Helplessness at Fifty: Insights from NeurosciencePsychological Review 123 (4), 349-3672016enlace
Sarasola, Josemari (2024). "La indefensión aprendida". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/indefension-aprendida/

Una errata, un dato desfasado, un párrafo que falta: edítalo y la redacción revisa tu propuesta.

Sugerir una mejora →