La regla de las 10.000 horas

Diez mil horas de práctica para dominar cualquier cosa. La cifra sale de un estudio con violinistas de Berlín, y quien lo hizo dice que la regla no existe.

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La regla de las 10.000 horas dice que para llegar a dominar cualquier disciplina, el violín, el ajedrez, la programación, hacen falta diez mil horas de práctica, unos diez años a tres horas diarias, y que esa cifra, y no el talento, es lo que separa a los mejores del resto. La popularizó Malcolm Gladwell en 2008 en Fueras de serie, con los Beatles tocando ocho horas por noche en Hamburgo y Bill Gates programando de madrugada en el instituto como ejemplos. Es una de las ideas más repetidas sobre el éxito, y una de las que su propio origen científico desmiente con más claridad.

La cifra sale de un estudio de 1993 de Anders Ericsson, Ralf Krampe y Clemens Tesch-Römer con estudiantes de violín de la Escuela Superior de Música de Berlín. Los profesores dividieron a los alumnos en tres grupos según su nivel, los que podían llegar a solistas, los buenos y los que acabarían de profesores de música, y los investigadores les pidieron que reconstruyeran cuántas horas habían practicado solos cada año desde que empezaron. A los veinte años, los mejores acumulaban de media unas diez mil horas; los buenos, unas ocho mil; los futuros profesores, unas cuatro mil. Ericsson concluyó que la diferencia entre los niveles se explicaba por la cantidad de lo que llamó práctica deliberada: no tocar por tocar, sino trabajar de forma concentrada sobre lo que uno todavía no sabe hacer, con un objetivo claro y corrección inmediata. El artículo no formula ninguna regla y no menciona las diez mil horas como umbral; es una media de un grupo, y en el grupo había violinistas por debajo y por encima.

Retrato de grupo de los participantes en el torneo nacional de ajedrez de Murcia de 1927
Fig. 1 Los participantes en el torneo nacional de ajedrez de Murcia, en abril de 1927. El ajedrez es la disciplina donde mejor se ha medido la relación entre horas de práctica y nivel, y donde más varía de un jugador a otro.Fotògraf desconegut · 1927 · Dominio público · Wikimedia Commons

Ericsson pasó el resto de su carrera, hasta su muerte en 2020, explicando que Gladwell había malinterpretado su trabajo. En su libro Peak, de 2016, enumera los errores. La cifra es arbitraria, porque los violinistas de veinte años aún no eran expertos y seguirían practicando otra década. Lo que importa no es la cantidad de horas sino su calidad, y las diez mil horas de un jugador de fútbol de barrio no son las de un alumno con un entrenador que corrige cada gesto. Y en muchos campos los expertos llegan con mucho menos, mientras que en otros no basta con el doble. Lo que Ericsson sí defendía, y aquí es donde la discusión se vuelve interesante, es que la práctica deliberada explica casi toda la diferencia entre expertos y que el talento innato, salvo en la altura o en ciertas aptitudes físicas, cuenta poco.

Esa segunda afirmación tampoco ha resistido bien. En 2014, Brooke Macnamara, David Hambrick y Frederick Oswald reunieron 88 estudios que habían medido la práctica deliberada y el rendimiento en música, juegos, deportes, educación y profesiones, y calcularon cuánto de la variación en el rendimiento explicaba la práctica. El resultado fue un 26 % en los juegos, un 21 % en la música, un 18 % en los deportes, un 4 % en la educación y menos del 1 % en las profesiones. La práctica importa, en algunos campos mucho, pero deja fuera entre tres cuartas partes y casi la totalidad de la diferencia entre personas. El resto es edad de inicio, memoria de trabajo, inteligencia general, personalidad y, en el deporte, cuerpo. En 2019, Macnamara y Megha Maitra repitieron el estudio de los violinistas de Berlín con el mismo diseño y encontraron que los mejores no habían practicado más que los buenos, y que las horas explicaban en torno a una cuarta parte de la diferencia de nivel.

Nada de esto convierte la regla en inútil, sino en algo distinto de lo que promete. Es cierto que nadie llega a la élite sin años de trabajo y que la práctica concentrada y corregida rinde mucho más que la repetición. Es falso que las horas garanticen nada y que a todo el mundo le hagan falta las mismas. Las diez mil horas son una media convertida en promesa, y la promesa gusta porque es igualitaria: dice que el éxito está al alcance de cualquiera que se esfuerce lo bastante. Los datos dicen que el esfuerzo es necesario y no es suficiente, que es lo que casi todos los que han intentado dominar algo ya sabían.

El efecto Dunning-Kruger – Sesgo del superviviente – Falsa meritocracia – El síndrome del impostor

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Fuentes

  1. K. Anders Ericsson, Ralf Th. Krampe y Clemens Tesch-RömerThe Role of Deliberate Practice in the Acquisition of Expert PerformancePsychological Review 100 (3), 363-4061993enlace
  2. Malcolm GladwellOutliers: The Story of SuccessLittle, Brown and Company, Nueva York2008enlace
  3. Brooke N. Macnamara, David Z. Hambrick y Frederick L. OswaldDeliberate Practice and Performance in Music, Games, Sports, Education, and Professions: A Meta-AnalysisPsychological Science 25 (8), 1608-16182014enlace
  4. Brooke N. Macnamara y Megha MaitraThe role of deliberate practice in expert performance: revisiting Ericsson, Krampe & Tesch-Römer (1993)Royal Society Open Science 6 (8), 1903272019enlace
Sarasola, Josemari (2024). "La regla de las 10.000 horas". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-regla-de-las-diez-mil-horas/

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