
El grupo de pertenencia es el colectivo o conjunto de personas del que un sujeto forma y se siente parte como miembro. El fenómeno sociológico asociado al grupo de pertenencia es la pertenencia grupal, la condición de formar parte de un grupo social concreto. Dos condiciones básicas deben darse para que un sujeto pertenezca a un grupo de pertenencia: por un lado, la aceptación del grupo, y por otro, el deseo de integrarse en el grupo del propio sujeto en base a un determinado modelo establecido por el grupo de referencia, además del sentimiento de pertenencia que debe desarrollarse en él.
Son grupos de pertenencia la familia, el grupo de amigos, una vecindad, un equipo deportivo, una comunidad religiosa, un grupo cultural o una empresa. La pertenencia puede ser asignada, cuando el sujeto no la elige —nacemos dentro de una familia y de una lengua—, o adquirida por elección y esfuerzo, como ocurre al ingresar en un colegio profesional, una cofradía o un club. Muchos grupos implican a la vez pertenencia y comunidad de destino: el vecino de una barriada comparte con los demás servicios, espacios y problemas, y de ahí derivan las asociaciones de vecinos.
En sociedades primitivas, los grupos de pertenencia —en especial el clan o la tribu— tienen el origen familiar o étnico como criterio fundamental para su formación: la filiación de linaje determina quién se es y a quién se pertenece. En las sociedades modernas, en cambio, la pertenencia en todas sus dimensiones es un fenómeno de gran complejidad que involucra, además del origen, factores culturales, ideológicos, económicos y políticos. Un mismo individuo pertenece simultáneamente a decenas de grupos —familia, partido, sindicato, equipo, asociación de padres, red social—, y esa pertenencia múltiple es una de las marcas de la vida social contemporánea y fuente de tensiones cuando los valores de unos y otros entran en conflicto. Por otro lado, son los factores psicológicos —el deseo de sentirse identificado, comprendido, ayudado y protegido— los que influyen en la elección de grupo. Esta complejidad obedece al carácter fundamentalmente vital que suponen los grupos de pertenencia para el individuo como base para su socialización y por lo tanto para su desarrollo como persona.
La sociología ha destacado desde sus orígenes el peso de estos grupos. Charles Horton Cooley acuñó el concepto de grupo primario —la familia, la cuadrilla, la vecindad— como el ámbito donde se forjan el yo y la simpatía, frente a los grupos secundarios, más formales e instrumentales. La sociometría de Jacob L. Moreno midió con precisión las atracciones y rechazos dentro de los grupos de pertenencia, y a partir de los experimentos de Solomon Asch y de Stanley Milgram se mostró hasta qué punto la presión del grupo moldea las opiniones y conductas de sus miembros. En sociología de la educación se distingue, asimismo, entre los grupos donde aprendemos lo esencial de la vida en común, y que constituyen la socialización primaria —la familia sobre todo—, y aquellos que completan y corrigen ese aprendizaje en la socialización secundaria —el colegio, los amigos, el trabajo—.
Conviene no confundir el grupo de pertenencia con el grupo de referencia: este último es aquel cuyos valores y normas sirven de modelo, y puede coincidir o no con el grupo del que uno es miembro; un trabajador puede pertenecer a un sindicato y, sin embargo, tomar como referencia las pautas de otro colectivo. La distinción entre pertenencia real, aspiración y evitación —grupo al que no se desea pertenecer— permite analizar fenómenos como la movilidad social o la integración de minorías. Entender la pertenencia grupal ayuda también a explicar el conformismo, la cohesión social y el sentimiento de identidad colectiva que sostiene desde una peña de fiestas hasta las grandes formaciones políticas.