Un estamento es cada uno de los grandes grupos cerrados en que se dividía la sociedad del Antiguo Régimen: estratos definidos por el nacimiento, con funciones, derechos y deberes distintos ante la ley, y separados por barreras que el individuo casi nunca podía cruzar. El esquema clásico distingue tres órdenes —clero, nobleza y tercer estado— y tiene una formulación teórica muy anterior a su realidad jurídica: hacia 1030 el obispo Adalbero de Laon la escribió como una letanía de tres verbos, orare (rezar), bellare (combatir) y laborare (trabajar), de modo que el orden social entero quedaba justificado como una división del trabajo querida por Dios. La sociedad que organizan los estamentos se llama sociedad estamental, y su rasgo decisivo no es la desigualdad —todas las sociedades históricas la conocen— sino que la desigualdad es legal: dos personas ante el mismo tribunal no eran juzgadas por el mismo derecho.

Los dos primeros estamentos eran los privilegiados. El clero, dividido a su vez en alto y bajo, monopolizaba el culto, la enseñanza y buena parte del registro escrito, cobraba el diezmo y poseía una fracción enorme del suelo —en muchas regiones europeas entre un quinto y un tercio—, y sus miembros respondían ante tribunales propios. La nobleza, titulada o no, estaba exenta de la mayoría de los impuestos directos, reservaba para sí los altos cargos del ejército y de la Iglesia y ejercía derechos señoriales sobre los campesinos de sus tierras. Entre ambos sumaban en la Francia de 1789 alrededor de un 2% de la población. El tercer estado era, por definición, todo lo demás: desde el banquero parisino al jornalero hambriento, pasando por el grueso de la burguesía urbana y el campesinado, que sostenía con sus rentas y sus impuestos a los dos órdenes superiores.

El cierre estamental nunca fue absoluto, y eso es parte de su historia. En Castilla existieron vías de ascenso como los caballeros villanos, la carrera eclesiástica promovía a hijos de campesinos hasta el episcopado, y la compra de oficios y de títulos permitió a la burguesía enriquecida ennoblecerse, aunque pagando el peaje de abandonar las actividades «deshonrosas» del comercio. Los historiadores insisten hoy en que la sociedad estamental era más porosa que su teoría: lo que la define no es la inmovilidad real sino el hecho de que el ascenso exigía cambiar de estado, es decir, dejar jurídicamente de ser quien se era. Los estamentos eran además órganos políticos: en las Cortes y en los Estates General la representación se ejercía por orden y no por cabeza, de modo que el 98% de la población tenía un solo voto de los tres.
El sistema se desmoronó entre finales del XVIII y comienzos del XIX dentro de la crisis general del Antiguo Régimen. En enero de 1789 el abate Sieyès publicó el panfleto que le dio programa al tercer estado —«¿Qué es el Tercer Estado? Todo. ¿Qué ha sido hasta ahora? Nada. ¿Qué desea? Ser algo»— y en junio los diputados del tercero se constituyeron por sí mismos en Asamblea Nacional, jurando en la sala del Juego de Paume no separarse hasta dar una constitución a Francia. La noche del 4 de agosto de 1789 la Asamblea abolió los privilegios y derechos feudales entre la exaltación y la renuncia competitiva, y la Revolución francesa convirtió la igualdad jurídica en principio exportable. En España la fórmula legal llegó con las Cortes de Cádiz en 1812; en Hispanoamérica, con las independencias. La sociedad de estamentos dio paso a la sociedad de clases, donde la desigualdad ya no es de derecho sino de hecho, lo que no la elimina pero cambia por completo su legitimación: nadie justifica ya una posición social invocando el nacimiento.

Nobleza – Clero – Burguesía – Antiguo Régimen – La Revolución francesa – Revoluciones burguesas
Fuentes
- Marc BlochLa sociedad feudalAlbin Michel1939
- Georges DubyLes trois ordres ou l'imaginaire du féodalismeGallimard1978
- Emmanuel-Joseph Sieyès¿Qué es el Tercer Estado?Edición original anónima1789
- William DoyleThe Oxford History of the French RevolutionOxford University Press1989