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El estado del arte

El estado del arte es la parte de una investigación que recoge y analiza lo que ya se sabe sobre un tema: qué se ha estudiado, con qué métodos, qué resultados se han obtenido, en qué se está de acuerdo, qué sigue en discusión y qué no ha estudiado todavía nadie. Su función no es demostrar que se ha leído mucho, sino situar la propia investigación en una conversación que empezó antes y justificar por qué hace falta una aportación más. Aparece en tesis doctorales, trabajos de fin de grado y de máster, proyectos de investigación y artículos científicos, y también puede ser un trabajo completo por sí mismo.

La expresión es un calco del inglés state of the art, que a comienzos del siglo XX se usaba en los manuales de ingeniería y en las patentes para describir el nivel de desarrollo alcanzado por una técnica. En español convive con otras denominaciones: estado de la cuestión, preferida tradicionalmente en humanidades y recomendada por los especialistas en el idioma para evitar el anglicismo, revisión de la literatura, antecedentes o revisión bibliográfica. En la práctica se usan casi como sinónimos, aunque estado del arte se ha impuesto en muchas universidades latinoamericanas y en las disciplinas técnicas, y a veces designa una revisión más amplia y crítica que unos simples antecedentes.

La idea que lo sostiene es antigua. En el siglo XII el filósofo Bernardo de Chartres, según cuenta Juan de Salisbury en su Metalogicon (1159), decía que somos como enanos a hombros de gigantes: vemos más lejos que los antiguos no porque tengamos mejor vista, sino porque ellos nos levantan. Isaac Newton recuperó la imagen en 1675 en una carta a Robert Hooke, y el sociólogo Robert K. Merton le dedicó en 1965 un libro entero siguiendo el rastro de la frase a lo largo de los siglos. Un estado del arte es, literalmente, la descripción de los hombros sobre los que uno se sube.

Pintura de un paisaje boscoso en el que un gigante camina hacia el horizonte con un hombre pequeño sentado sobre sus hombros que le señala el camino
Fig. 1 Paisaje con Orión ciego buscando el sol (1658), de Nicolas Poussin. El gigante lleva sobre los hombros a Cedalión, que le guía: la imagen de los enanos a hombros de gigantes, que describe lo que hace un estado del arte.Nicolas Poussin · 1658 · CC0 (dominio público) · Wikimedia Commons

La necesidad práctica de revisar lo publicado nació con las revistas científicas. En 1665 la Royal Society de Londres empezó a publicar las Philosophical Transactions, la primera revista dedicada exclusivamente a la ciencia, y con ella la costumbre de dar a conocer los descubrimientos en artículos breves que otros podían citar y discutir. Tres siglos después, el historiador de la ciencia Derek de Solla Price calculó en Little Science, Big Science (1963) que el número de revistas y artículos científicos se venía duplicando aproximadamente cada quince años desde el siglo XVII. Con ese ritmo, nadie puede leerlo todo sobre casi nada, y saber buscar, seleccionar y resumir la literatura se ha convertido en una competencia tan importante como saber diseñar un experimento.

Portada impresa antigua con el título Philosophical Transactions en letras mayúsculas
Fig. 2 Portada del primer volumen de las Philosophical Transactions de la Royal Society (1665-1666). Desde entonces el conocimiento científico se acumula en artículos, y revisar los anteriores es el primer paso de cualquier investigación nueva.Royal Society de Londres · 1665 · Dominio público · Wikimedia Commons

Conviene distinguir el estado del arte del marco teórico, con el que a menudo se confunde. El estado del arte es empírico y cronológico: resume investigaciones concretas, dice quién estudió qué, dónde, con qué muestra y método, y qué encontró. El marco teórico es conceptual: expone las teorías y los conceptos con los que se va a interpretar el problema. Un trabajo sobre el acoso escolar puede tener un estado del arte que repase los estudios de prevalencia en distintos países y la eficacia de los programas de prevención evaluados, y un marco teórico que explique la teoría del aprendizaje social o el modelo ecológico de Bronfenbrenner. Los dos se alimentan, pero responden a preguntas distintas: qué se ha investigado, en un caso, y desde qué ideas se investiga, en el otro.

Hacer un buen estado del arte tiene pasos bastante estables. El primero es acotar la pregunta: un tema demasiado amplio, como la educación y la tecnología, devuelve cientos de miles de resultados; uno bien delimitado, como el efecto de las tabletas en la comprensión lectora en primaria, permite una revisión manejable. El segundo es la búsqueda bibliográfica: elegir las bases de datos adecuadas a la disciplina, como Scopus, Web of Science, ERIC, PubMed, PsycINFO, SciELO, Redalyc, Dialnet o Google Académico; definir las palabras clave en español e inglés con sus sinónimos, y combinarlas con operadores como AND, OR y NOT. El tercero es seleccionar con criterios explícitos de inclusión y exclusión: años, idiomas, tipo de estudio, población. El cuarto es leer y registrar cada trabajo en una ficha con sus datos básicos, sus objetivos, su método, sus resultados y sus limitaciones, algo que hoy facilitan los gestores bibliográficos como Zotero o Mendeley.

Fotografía en color de una sala con largas filas de muebles de madera llenos de pequeños cajones de fichas
Fig. 3 Ficheros del catálogo de derechos de autor en la Biblioteca del Congreso de Washington. Durante un siglo, revisar la literatura quería decir abrir cajones como estos; hoy las fichas son digitales, pero el trabajo de leer, registrar y comparar sigue siendo el mismo.Michael Holley · 2009 · Dominio público · Wikimedia Commons

El quinto paso, el más importante y el que más se descuida, es la síntesis. El error más común es escribir el estado del arte como una lista de resúmenes, autor por autor: «Pérez (2018) estudió…; García (2019) encontró…». Un buen estado del arte se organiza por temas, por enfoques o por preguntas, y compara los estudios entre sí: cuáles coinciden y por qué, cuáles se contradicen y qué diferencias de método o de población lo explican, qué se ha investigado mucho y qué casi nada. David Boote y Penny Beile, que analizaron en 2005 la calidad de las revisiones en tesis doctorales de educación, concluyeron que muchas se limitaban a describir sin evaluar, y que un investigador que no domina críticamente la literatura de su campo difícilmente puede hacer una aportación relevante.

El final lógico de esa síntesis es el vacío de conocimiento: lo que la literatura no ha resuelto y que la investigación propuesta pretende abordar. Puede ser un tema no estudiado en un país o en un grupo de población, un resultado contradictorio que nadie ha explicado, un método que no se ha aplicado a ese problema o una teoría que no se ha contrastado. El estado del arte bien hecho convierte así la justificación del trabajo en una consecuencia de lo leído, y no en una declaración de intenciones.

No todas las revisiones son iguales. Harris Cooper propuso en 1988 una taxonomía según su foco, su objetivo, su perspectiva, su cobertura, su organización y su público, y Maria Grant y Andrew Booth identificaron en 2009 catorce tipos distintos, desde la revisión narrativa hasta el metaanálisis. En un extremo está la revisión narrativa, flexible y dependiente del criterio del autor, que es lo que suele pedirse en un trabajo académico. En el otro, la revisión sistemática, que sigue un protocolo explícito y reproducible, busca en varias bases de datos con estrategias documentadas, selecciona los estudios con criterios fijados de antemano y evalúa su calidad; en ciencias de la salud se informa según la declaración PRISMA, publicada en 2009 y actualizada en 2020, que incluye un diagrama de flujo con el número de registros encontrados, descartados e incluidos en cada fase. Entre ambos extremos hay revisiones de alcance, revisiones rápidas o revisiones paraguas, cada una con sus reglas.

Un estado del arte envejece deprisa. Por eso conviene fechar la búsqueda, actualizarla antes de entregar el trabajo y prestar especial atención a las revisiones sistemáticas recientes del tema, que ahorran mucho camino. Y conviene recordar que su calidad no se mide por el número de referencias, sino por la capacidad de convertir decenas de lecturas en un mapa claro del terreno, con el lugar exacto donde la nueva investigación va a plantar su bandera.

Marco teóricoBúsqueda bibliográficaReferencia bibliográficaFuentes de informaciónProyecto de investigaciónLínea de investigación

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Fuentes

  1. Juan de SalisburyMetalogicon1159
  2. Derek J. de Solla PriceLittle Science, Big ScienceColumbia University Press, Nueva York1963
  3. Robert K. MertonOn the Shoulders of Giants: A Shandean PostscriptFree Press, Nueva York1965
  4. Harris M. CooperOrganizing Knowledge Syntheses: A Taxonomy of Literature ReviewsKnowledge in Society 1 (1), 104-1261988enlace
  5. Chris HartDoing a Literature Review: Releasing the Social Science Research ImaginationSage, Londres1998
  6. David N. Boote y Penny BeileScholars Before Researchers: On the Centrality of the Dissertation Literature Review in Research PreparationEducational Researcher 34 (6), 3-152005enlace
  7. Maria J. Grant y Andrew BoothA Typology of Reviews: An Analysis of 14 Review Types and Associated MethodologiesHealth Information and Libraries Journal 26 (2), 91-1082009enlace
  8. David Moher, Alessandro Liberati, Jennifer Tetzlaff, Douglas G. Altman y The PRISMA GroupPreferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses: The PRISMA StatementPLoS Medicine 6 (7), e10000972009enlace
  9. Matthew J. Page y otrosThe PRISMA 2020 Statement: An Updated Guideline for Reporting Systematic ReviewsBMJ 372, n712021enlace
Sarasola, Josemari (2024). "El estado del arte". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/estado-del-arte/

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