
El ser social, también llamado individuo social o persona social, es la dimensión del ser humano que lo lleva a relacionarse con los demás y a vivir en sociedad. Decir que somos seres sociales significa que no nos hacemos personas solos: aprendemos a hablar, a pensar y a comportarnos gracias a los otros, y casi todo lo que somos (nuestra lengua, nuestras costumbres, lo que consideramos justo o ridículo) lo hemos recibido de la sociedad en la que crecimos. Más brevemente, el ser social es el carácter social y colectivo de nuestra subjetividad.
De esa condición nace buena parte de la vida humana. El ser social explica que existan familias, amistades y relaciones de pareja, pero también la economía, que surge de la necesidad de satisfacer nuestras necesidades intercambiando con otros, y la política, que nace de la necesidad de organizar la vida en común, lograr una convivencia pacífica y resolver los conflictos. La moral y el derecho son los dos grandes conjuntos de reglas que ordenan nuestro ser social: la moral a través de lo comúnmente aceptado, y el derecho a través de las leyes.
La reflexión sobre esta característica está en el origen de la filosofía. Aristóteles escribió en su Política que «el hombre es por naturaleza un animal social; un individuo que es antisocial naturalmente y no accidentalmente o pasa inadvertido o es más que humano. La sociedad es algo que precede al individuo. Cualquiera que no pueda llevar una vida en común o sea tan autosuficiente que no la necesite, y por tanto no participe de la sociedad, es una bestia o un dios». La expresión griega que suele traducirse como «animal social» es zóon politikón, literalmente «animal de la polis», de la ciudad: para Aristóteles el ser humano solo alcanza su plenitud viviendo con otros en una comunidad política.
En el siglo XIX la expresión adquirió un sentido más preciso con Karl Marx. En el prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política (1859) escribió que «no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia». Para Marx el ser social son las condiciones materiales en las que vive una persona, sobre todo el lugar que ocupa en la producción y en la clase social, y esas condiciones moldean su forma de pensar más que al revés. Cuando en un examen de filosofía o de sociología se pregunta por «el ser social», con frecuencia se está pidiendo esta idea.
La sociología llama socialización al proceso por el que alguien se convierte en un ser social. Empieza en la familia, en la llamada socialización primaria, donde el niño aprende la lengua, las normas básicas y los afectos; sigue en la escuela, el grupo de amigos y los medios de comunicación, en la socialización secundaria; y continúa toda la vida, cada vez que alguien se incorpora a un trabajo, a un país o a un grupo nuevo. Los pocos casos documentados de niños que crecieron aislados, como el de Victor de l’Aveyron, encontrado en los bosques del sur de Francia hacia 1800, muestran lo que ocurre cuando ese proceso falta: aquel niño nunca llegó a hablar, a pesar de años de educación.
El ser social no anula al ser individual. Cada persona tiene un temperamento, una historia y unas decisiones propias, y la relación entre ambas dimensiones es uno de los grandes temas de las ciencias sociales: hasta qué punto elegimos lo que hacemos y hasta qué punto nos lo marca la sociedad. Los ejemplos cotidianos son innumerables. Saludar al llegar a un sitio, hacer cola, sentir vergüenza al incumplir una norma, preocuparse por lo que piensen los demás o celebrar las fiestas del propio pueblo son formas en que se expresa, sin que lo notemos, nuestro ser social.
Sujeto social – Ser individual – Socialización primaria – Socialización secundaria – Hecho social – Interacción social – Sociedad