
La pradera es un terreno llano o de baja pendiente en el que crecen principalmente plantas herbáceas de forma natural o artificial. Es típica de territorios con clima húmedo o con al menos una estación húmeda y temperaturas templadas durante gran parte del año. Forma un paisaje abierto de amplias extensiones de plantas herbáceas, con ríos, arroyos y pequeños bosques en las inmediaciones, y suele emplearse además como pastizal o prado. También se considera un bioma, el de la pradera o pastizal templado, en el que, aparte de la vegetación, se desarrolla una fauna abundante, desde insectos y aves hasta mamíferos de gran talla.
Las praderas naturales reciben nombres distintos según la región: estepa en Eurasia, de Ucrania y el sur de Rusia a Kazajistán y Mongolia; praderas o prairies en Norteamérica, desde Manitoba hasta Texas; pampa en Argentina y Uruguay; llanos en la cuenca del Orinoco; veld en Sudáfrica. A ellas se suman las praderas artificiales, sembradas de forrajes como la alfalfa para alimentar el ganado, y los prados, praderas renovadas anualmente.
El clima de la pradera es continental, con inviernos fríos, veranos cálidos y lluvia anual de 250 a 750 milímetros, insuficiente para el bosque pero suficiente para la hierba. De este régimen y del desarrollo de las raíces gramíneas derivan unos suelos profundos y extraordinariamente fértiles, los castaños y negros (chernozem), que han convertido las antiguas praderas en los principales graneros del mundo: el cinturón del maíz y el de los cereales de Norteamérica, la estepa rusa y la pampa argentina.
La vegetación está dominada por gramíneas de hojas estrechas y raíces densas que forman un manto continuo: Stipa, Festuca, Agropyron, Andropogon o Paspalum, según la región, junto a ciperáceas y compuestas. Los árboles faltan salvo en las riberas de ríos y arroyos y en los pequeños bosquecillos de ladera.
La fauna de las praderas fue alguna vez la más numerosa de la Tierra: millones de bisontes recorrían las praderas de Norteamérica antes de su casi exterminio por la caza del siglo XIX; cebras y ñus pueblan el veld africano, y ñandúes, ciervos de las pampas y armadillos la pampa sudamericana. Son típicas las aves esteparias como la avutarda y la alondra y los roedores como el topillo y la vizcacha, presa de rapaces y zorros.
El arado masivo de las praderas en el siglo XX trajo consecuencias: en los años treinta, la erosión eólica de las llanuras convertidas en desierto polvoriento en el Dust Bowl obligó a EE. UU. a crear los distritos de conservación de suelos. Hoy coexisten el cultivo de cereales y oleaginosas, la ganadería extensiva y la protección de fragmentos de pradera virgen, como las reservas de bisontes de Yellowstone.