
Los pastos o pastizales son extensiones de terreno que se utilizan para apacentar al ganado, generalmente en la modalidad de ganadería extensiva. Son una de las tipologías de terreno de aprovechamiento rural junto con las tierras o campos de cultivo, los bosques y los eriales.
Se distinguen los pastos naturales, cubiertos de vegetación herbácea propia del lugar, de los prados o dehesas sembradas, creados o mejorados por el agricultor. Los primeros suelen formar praderas y estepas en zonas de clima seco, donde la ganadería extensiva es la actividad principal del medio rural; los segundos se sitúan en tierras más fértiles y húmedas, próximas a las explotaciones, y se reservan al ganado vacuno y caballar.
Los pastos naturales de clima seco reciben distintos nombres según la región: estepas en Eurasia, sabanas en las zonas tropicales con estación seca marcada y praderas en las áreas templadas, formaciones todas ellas emparentadas con las praderas.
El pasto forma parte de la superficie agrícola utilizada y su aprovechamiento se regula mediante la carga ganadera, es decir, el número de cabezas por hectárea que la vegetación puede sostener y regenerar. Un pastoreo excesivo compacta el suelo y favorece la erosión; el abandono, en cambio, provoca la expansión del matorral y la pérdida de pastizal, fenómeno ligado al éxodo rural de las últimas décadas. Bien gestionados, los pastos sostienen una fauna rica, de insectos a aves y mamíferos, y fijan carbono en el suelo, lo que los convierte en un recurso tanto productivo como ambiental.
En inglés: grassland