La paradoja de Fermi

Cientos de miles de millones de estrellas, 13.000 millones de años y ni una señal. Qué preguntó Fermi en 1950, qué respuestas se han dado y cuál convence hoy.

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La paradoja de Fermi es la contradicción entre dos hechos: la enorme probabilidad, a juzgar por los números, de que la vida inteligente haya surgido muchas veces en nuestra galaxia, y la ausencia total de pruebas de que exista. La Vía Láctea tiene entre cien mil y cuatrocientos mil millones de estrellas, la mayoría con planetas, y lleva más de diez mil millones de años formándolas; el Sol es una estrella tardía. Una civilización que hubiera aparecido unos cientos de millones de años antes que la nuestra habría tenido tiempo de sobra para extenderse por toda la galaxia, aun viajando a una fracción pequeña de la velocidad de la luz. Y sin embargo el cielo está en silencio. La pregunta que resume el problema la hizo Enrico Fermi en 1950, en una sobremesa, y cabe en tres palabras: ¿dónde está todo el mundo?

La escena está documentada gracias a Eric Jones, un físico de Los Álamos que en 1985 escribió a los tres testigos vivos para reconstruirla. En el verano de 1950, Fermi caminaba hacia el comedor del laboratorio con Edward Teller, Emil Konopinski y Herbert York. Hablaban de una viñeta reciente del New Yorker que explicaba la desaparición de las papeleras públicas de Nueva York como obra de extraterrestres que las cargaban en sus platillos volantes, y de la oleada de avistamientos de ovnis de aquellos años. Ya sentados, con la conversación en otra cosa, Fermi preguntó de pronto dónde estaba todo el mundo, y los demás se rieron porque entendieron a la primera a qué se refería. Hizo entonces una de sus estimaciones rápidas, las que le dieron fama, y concluyó que la Tierra debería haber sido visitada hace mucho tiempo y muchas veces. Fermi no publicó nada al respecto y murió en 1954. La paradoja la formuló por escrito el astrofísico Michael Hart en 1975, y la fundamentó con cálculos Frank Tipler en 1980: con sondas capaces de reproducirse, una sola civilización colonizaría la galaxia en unos pocos millones de años, un instante frente a su edad.

Fotografía de identificación de Enrico Fermi en Los Álamos
Fig. 1 Enrico Fermi en su acreditación de Los Álamos, en los años cuarenta. La pregunta la hizo allí, en el comedor, en 1950.Department of Energy-Office of Public Affairs, restored by Yann · 1943 · Dominio público · Wikimedia Commons

Para ordenar las cifras sirve la ecuación que Frank Drake escribió en 1961 para la primera reunión sobre búsqueda de inteligencia extraterrestre: el número de civilizaciones detectables es el producto del ritmo de formación de estrellas, la fracción con planetas, los planetas habitables por estrella, la fracción donde surge la vida, la fracción donde se vuelve inteligente, la fracción que emite señales y el tiempo que dura emitiéndolas. Los tres primeros factores se conocen cada vez mejor: la misión Kepler enseñó que los planetas son la norma y que los de tamaño terrestre en zona templada se cuentan por miles de millones. Los cuatro últimos son pura incertidumbre. Según qué valores se pongan, el resultado va de una sola civilización, la nuestra, a millones. La paradoja aprieta porque, con casi cualquier estimación optimista, la galaxia debería estar llena.

Las respuestas se agrupan en tres familias. La primera dice que no están porque son rarísimos: la hipótesis de la Tierra rara sostiene que la combinación de una luna grande, placas tectónicas, un Júpiter que barre cometas y una estrella estable es tan improbable que la vida compleja casi nunca llega a aparecer. Robin Hanson la generalizó en 1998 con la idea del Gran Filtro: en algún punto del camino que va de la materia inerte a una civilización que coloniza las estrellas hay un paso que casi nadie supera. La cuestión inquietante es si ese filtro queda detrás de nosotros, en el origen de la vida o de las células complejas, o delante, en forma de autodestrucción. Encontrar microbios en Marte, que parece una buena noticia, sería en esta lógica una mala señal: significaría que la vida es fácil y que el filtro está por venir. La segunda familia dice que están pero no los vemos: las civilizaciones duran poco, o se comunican por medios que no sabemos escuchar, o la distancia hace que las señales lleguen demasiado débiles, o nos observan deliberadamente sin intervenir, como un zoológico. La novela El bosque oscuro de Liu Cixin popularizó la versión más sombría: todos callan porque anunciarse es peligroso. La tercera dice que somos los primeros, o de los primeros, porque el universo ha tardado hasta ahora en acumular los elementos pesados y la calma que la vida necesita.

Campo Ultra Profundo del Hubble, miles de galaxias en un pequeño fragmento de cielo
Fig. 2 El Campo Ultra Profundo del Hubble: unas diez mil galaxias en un trozo de cielo del tamaño de una décima parte de la Luna llena.NASA and the European Space Agency. · 2003 · Dominio público · Wikimedia Commons

En 2018, Anders Sandberg, Eric Drexler y Toby Ord, del Instituto para el Futuro de la Humanidad de Oxford, propusieron que la paradoja no necesita una solución exótica porque está mal planteada. Quien multiplica siete factores suele usar para cada uno su valor más probable, y así obtiene millones de civilizaciones. Pero varios de esos factores, sobre todo la probabilidad de que la vida surja en un planeta adecuado, se desconocen en muchos órdenes de magnitud, y cuando se incorpora esa incertidumbre al cálculo la distribución del resultado cambia por completo: según sus números, hay una probabilidad de entre un tercio y la mitad de que estemos solos en la galaxia observable. No hay paradoja en no ver a nadie si es bastante probable que no haya nadie. Es el mismo error que comete quien se extraña de que el billete premiado haya tocado justo a esa persona: alguien tiene que mirar, y solo mira quien existe, un sesgo de selección a escala cósmica.

La búsqueda, mientras tanto, continúa con medios cada vez mayores. El proyecto Ozma de Drake escuchó dos estrellas durante unas semanas de 1960; la señal «Wow!» de 1977, de 72 segundos, sigue sin explicación ni repetición; y desde 2015 el programa Breakthrough Listen rastrea un millón de estrellas cercanas en un rango de frecuencias mil veces mayor que todo lo anterior. Hasta ahora, nada. Cada año de silencio hace la pregunta de Fermi un poco más pesada, y la respuesta tiene dos caras igual de vertiginosas, como escribió Arthur C. Clarke: o estamos solos en el universo, o no lo estamos, y ambas posibilidades son aterradoras.

Incertidumbre – Sesgo de selección – La selección natural – Probabilidad condicionada – Paradoja de Moravec

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Fuentes

  1. Eric M. Jones«Where is everybody?»: An account of Fermi's questionLos Alamos National Laboratory, informe LA-10311-MS1985enlace
  2. Michael H. HartAn Explanation for the Absence of Extraterrestrials on EarthQuarterly Journal of the Royal Astronomical Society 16, 128-1351975enlace
  3. Anders Sandberg, Eric Drexler y Toby OrdDissolving the Fermi ParadoxarXiv 1806.024042018enlace
  4. Robin HansonThe Great Filter: Are We Almost Past It?George Mason University1998enlace
Sarasola, Josemari (2025). "La paradoja de Fermi". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/paradoja-de-fermi/

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