La organización política de un Estado es la manera en que se distribuye y se ejerce el poder dentro de él: qué instituciones existen, qué competencias tiene cada una, cómo se relacionan entre sí y cómo se reparte el poder por el territorio, desde la jefatura del Estado hasta los ayuntamientos. Es, en otras palabras, el esquema que responde a las preguntas quién manda, en qué y dónde. La organización política del Estado, junto con su modo de funcionamiento y sus relaciones con la ciudadanía, forma el sistema político, y es la base de un régimen político concreto.
Casi siempre se describe desde dos ángulos. El funcional explica cómo se reparte el poder entre las instituciones del Estado, y aquí la idea clave es la división de poderes: el poder legislativo hace las leyes, el ejecutivo gobierna y las aplica, y el judicial resuelve los conflictos y juzga su cumplimiento. El territorial explica cómo se reparte el poder entre el centro y las distintas partes del país: regiones, estados, provincias o municipios.

La separación de poderes la formuló con claridad Montesquieu en Del espíritu de las leyes, publicado en Ginebra en 1748. Su argumento era práctico: quien tiene poder tiende a abusar de él, y la única forma de evitarlo es que otro poder lo frene. Si la misma persona o el mismo órgano hace las leyes, las ejecuta y juzga a quien las incumple, no hay libertad posible. Casi todas las constituciones democráticas modernas se inspiran en esa idea, aunque la apliquen de maneras distintas.
Según la organización territorial se distinguen varias formas de Estado. En el Estado unitario o centralizado, como Francia durante buena parte de su historia, casi todas las decisiones se toman desde el gobierno central. En el Estado federal, como Estados Unidos, Alemania, México o Argentina, el poder se comparte entre la federación y unos estados que tienen su propia constitución, parlamento y gobierno. Entre ambos está el Estado regional o autonómico, como España o Italia, en el que las regiones tienen amplias competencias y parlamentos propios, pero sin la soberanía de un estado federado. Y la confederación es una unión de Estados que conservan su soberanía y delegan solo algunas funciones comunes. Según quién ocupa la jefatura del Estado se distinguen, además, formas de gobierno: la monarquía parlamentaria, en la que el rey reina pero no gobierna, y la república, que puede ser presidencialista, si el presidente elegido es a la vez jefe de Estado y de gobierno, o parlamentaria, si el gobierno depende de la confianza del parlamento.

España es un buen ejemplo de cómo se combinan estos elementos. Según la Constitución de 1978, es una monarquía parlamentaria. El poder legislativo lo ejercen las Cortes Generales, formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado; el ejecutivo, el Gobierno, presidido por quien obtiene la confianza del Congreso; y el judicial, los jueces y tribunales, con el Consejo General del Poder Judicial como órgano de gobierno y el Tribunal Constitucional como intérprete de la Constitución. En lo territorial, el Estado se organiza en diecisiete comunidades autónomas, con su estatuto de autonomía, parlamento y gobierno propios, y dos ciudades autónomas, Ceuta y Melilla, además de provincias y más de ocho mil municipios. México, en cambio, es una república federal y presidencialista formada por 32 entidades federativas (31 estados y la Ciudad de México), con un Congreso de la Unión, un presidente elegido directamente y una Suprema Corte de Justicia.
La organización política existe también por debajo del Estado. En un ayuntamiento hay un pleno formado por los concejales elegidos, un alcalde o alcaldesa y una junta de gobierno, con comisiones que se reparten las distintas áreas. Y la antropología usa el término para describir cómo se organizan políticamente sociedades sin Estado: desde las bandas de cazadores y recolectores, sin jefes permanentes, hasta las tribus, las jefaturas con un jefe hereditario y, por último, los Estados, con gobierno central, burocracia y ejército. Es la clasificación que se usa, por ejemplo, para estudiar la organización política de los mayas o los mexicas.
Por último, una organización política, con artículo indeterminado, es un grupo organizado que busca influir en el poder o alcanzarlo: un partido, una coalición, una asociación política o un movimiento. En ese sentido se habla de las organizaciones políticas que concurren a unas elecciones, y es una acepción distinta de la organización política de un Estado, aunque ambas estén relacionadas: los partidos son precisamente uno de los canales a través de los cuales la ciudadanía participa en ella.
Sistemas políticos – Régimen político – División de poderes (separación de poderes) – Federalismo – Estado centralizado (estado centralista) – Estructura política – Organización (sociología) – estructuración